Política en Cuba

La Quadratura del círculo delmontino

Por: Mauricio Cifuentes Nodarse

Me escribe mi antiguo vecino del Junquillo de Matanzas, desde Naples, Florida. Vecino, aquello está que arde con el 349. Quieren controlar la gozadera que tienen formada los reggaetoneros. Hay muchos millones en juego. Continúan los tres puntos suspensivos, en suspensión perpetua, sobre la ventana del Whatssap de mi amigo. Pero esto que cosa es ahora, me digo. Con los problemas tan acuciantes que asolan a los cubanos, en el día a día,

¿qué es este disparate de un decreto para salvaguardar la cultura socialista?

¿De la paja de qué cerebro salía esta legislación, que de haberla querido aplicar en su momento histórico, entonces debieron haberlo hecho en 1967, cuando ocurrió la Primavera de Praga, en la República Checa? No, en ese tiempo todavía estaban coqueteando con la Revolución de las Flores, en que los David y los Diegos de la película Fresa y Chocolate, 1993, todavía podían juntarse en las tertulias delmontinas, sin temor de ser tachados coquetos al enemigo político. Los intelectuales críticos, a lo Arrufat, Calvert Casey y Padilla, todavía frecuentaban, espléndidos, el petit comité de los herederos del círculo delmontino: un Lezama, un Piñera, un Carpentier, una Dulce. Ni siquiera en 1971, cuando se forzó el rompimiento de la mezcla de esos círculos, el de los Pinos Nuevos, nacientes espíritus educados en las recién fundadas escuelas socialistas, y el de los originistas y sus pares, se le ocurrió a nadie un decreto así.

¿Se le montó a alguien, en algún trono, el espíritu de la Buchaca?

Cuidado, señores, cuidado, con algunas apropiaciones míticas.

Veo a Templanzo online en su Whatssap y corro a reprocharle. ¿Ven acá, Templanzo, van a tener razón los reggaetoneros, con sus avisos apocalípticos, y se está cocinando la sequía del Malecón? ¿Provocó el Choco el despertar de algún inconsciente colectivo, con su Bajanda, que hay que ir corriendo a censurarlo? En definitiva, Templanzo,

¿Qué es la cultura socialista?

Saltó el gallo de la valla, y con su dominio magistral del estilo del choteo, Templanzo comenzó a espolear su riposta. No, que se trata de proteger a los más jóvenes, de los avatares del neoliberalismo. El mercado también se impone en la música comercial, y con él, su ideología despiadada. No, no, Mauricio, nada de eso, bajanda con beba con eso. Además, la cultura socialista sí existe: ahí está toda la producción artística y cultural posterior a la Revolución.

¿Tú no quisieras un país donde se le diera el lugar que corresponde a Silvio Rodríguez, a Pablo Milanés, a Teresita Fernández, tu cantante infantil favorita?

Claro que yo quería eso, en algún rinconcito de mi corazón, por supuesto. Había crecido escuchando esas hermosas canciones. Suspiros amables, antes de despedirme de Templanzo. Dejaría así el asunto por hoy. Me había agotado lo suficiente, en realidad.
Cuando desperté, el dinosaurio se había agigantado. En la primera plana de mi Facebook, el intento de protesta pacífica de Tania Bruguera y sus convocados, que fue interpretado por el gobierno cubano como un acto de provocación contrarrevolucionario. Volvía la chispa del maniqueísmo político, los polos opuestos, el reconocimiento de un enemigo de clase. Corrí a actualizarme de las noticias, en los portales de Internet. La hermana de Tania declaró a la agencia EFE: “Piensen en lo que significa no tomar una posición hoy, a 4 días de la implementación de un decreto en el que no podrás ser un artista independiente a menos que estés declarado a favor de una institución que hoy no respeta ni cuida a sus artistas”.

Lo entendí todo de golpe, desde un doloroso flashback: me había visto en 1971, por unos pocos segundos.

Acababa de recordar las letras del documento del comité director del Caso Padilla: «una ambigüedad mediante la cual pretende situar, en ocasiones, su discurso en otra latitud». Se había roto, en una década, el puente con la tolerancia crítica, emblema de la cultura occidental, heredera del Renacimiento y de la Ilustración, para el 1971 cubano. Padilla era reconocido como un ser otredado, uno que escribe desde el otro lado del muro, adornando las consignas del enemigo con su verborrea populista, con tintes de nacionalismo revolucionario. Cuarenta y siete años después nos tocaba sentarnos a esperar el Mea Culpa del Choco, al que consideraban ahora un vendido al mercado neoliberal, un chabacano, un mal educador de juventudes. En resumen, Choco se convertía en el símbolo del nuevo Conducta Impropia: el peligro social y político. Respondería Choco, de inmediato, con una interpretación del Necio, de Silvio Rodríguez. Vaya, aprenden rápidos los nuevos actores sociales. ¿Gatopardismo? Que fino de su parte. Sin embargo, la ofrenda de paz no fue aceptada, porque desde esa curva de ideas, resumida en la resolución administrativa del Caso Padilla, en 1971, había nacido este pollito muerto del 349.
Pasaron los días, en los intensos preparativos de mi boda, en la espera impaciente de la llegada de mis seres queridos, desde Cuba y Colombia, para ser testigos de mi gran evento. Acotejaba la madeja de virutas de pino, que caían del árbol con una suerte de impaciencia libertaria. Con diciembre, volvía el espíritu navideño, el tiempo de reunirme con los míos, en nuestros pequeños dramas personales, heredados en casi su totalidad, de los avatares del siglo pasado. Así seguía siendo en este 2018.

A pesar del tiempo, sus cadencias y decadencias, mi familia tenía la dicha de conservar la Navidad.

Colgaba mis adornitos de cristal con barniz de oro, de la tienda Lennox, regalo de la tía de mi novio, sobre las coquetas hojas del pino, mientras se revolvía el oleaje en el telón de fondo de este fin de año, el decreto 349 en Cuba, y los artistas que estaban protestando contra él. Volvía mi vecino de Naples, Florida, a escribirme por Whatssap, que al parecer las protestas de los artistas contra el 349 habían suavizado las cosas, porque tuvieron amplia resonancia internacional. Pararon la cosa, Mauro, parece que el sistema se está tambaleando. Aleluya.
Corrí a darle las buenas nuevas a Templanzo. Alabao, Templanzo, viste que yo tenía razón el otro día. El 349 es un disparate, no le puedes quitar al pueblo el reggaetón.

¿A quién se le ocurrió que se va a censurar a Choco? ¿Cómo exactamente lo piensan reprimir, con tonfas?

¿Dónde está nuestra primera dama, que se dice es una mujer con educación universitaria, para aconsejar sobre el bien común a nuestro nuevo presidente, la que tiene el deber de mantenerse actualizada de los aconteceres diarios, para ofrecer una perspectiva aterrizada, de la realidad nacional, en la oreja peluda del Consejo de Estado, que parece que ahora opera un poco también como en tercera persona? ¿Se le conoce alguna tertulia frecuente, para nutrirse de lo más valioso del pensamiento intelectual en La Habana, y también en el resto del país? Templanzo me dejó soltar mi perorata, con su plomizo temple. Mauricio, ese decreto ya se aprobó. Lo único que se retuvo, hasta nuevo aviso, son las regulaciones complementarias. Al parecer le van a echar un ojito al asunto, a ver si se le pueden suavizar algunas aristas filosas, como la de la creación de inspectores culturales, encargados de aprobar o rechazar el tráfico artístico en el país. Más volumen de dinero que tendría pasar por posibles manos deshonestas. Esa era otra, así que venía a Templanzo a darme dos malas noticias de un golpe, un remate estilístico, casi. Conque el decreto estaba aprobado:

entonces los funcionarios culturales ya eran un hecho, ahora quedaba el cómo organizarlos, que funciones atribuirles, y en qué halarles las orejas y darles el caquita nené.

Yo tuve una experiencia fea con la DIJ de Matanzas, la sede de los inspectores provinciales. Por pudor ciudadano, decido no contarla. No somos personas de la misma educación, esas señoras de la DIJ de Matanzas, y yo. Se vería feo ir contando por ahí, palabra por palabra, de las muchas que esas inspectoras decían así, a la ligera, como si se estuvieran pintando las uñas, et urbis et orbis, para Matanzas y para el mundo occidental. Lo que sí les puedo asegurar es que no son personas honestas, esas funcionarias con altos cargos en la DIJ de Matanzas. No tienen una pizca de espiritualidad o rectitud revolucionaria: se quejan de vivir con los teléfonos pinchados, y piden limosna. Con eso pongo fin a esta breve impresión que tengo sobre la cuasi-clase de los inspectores en Cuba, su vínculos con los gobiernos provinciales, su fachada de respetabilidad social, que ya ni siquiera se esfuerzan en sostener ante extraños, ante un retornado de la emigración, para ser inclusive más preciso. No, ese no era el roce que yo quería para mis artistas cubanos, tan acalorados y defensores de una paz individual y un derecho a crear en un espacio libre de malas vibraciones, que rozaba en ocasiones con los pensamientos obsesivos y la paranoia. Esta unión, artistas-inspectores, no hacía match en el juego de la Solterona:

se van a llevar como perros y gatos, cuando les toque verse todos los días.

Ven acá, Templanzo, lenguaetrapo, voy a tener que mandar a lavarte esa boca con Fah de la bodega. ¿Cómo tú puedes apoyar este descalabro, chico? Se encaramaba Templanzo sobre el tricornio del revolucionario romántico, el que imagina un país mejor, más descontaminado, con la pureza y la decencia original de los primeros años de la Revolución. ¿Tú no te acuerdas, Templanzo, de aquello de las bibliotecas familiares, cuando se afirmó públicamente que Cuba sería en diez años el pueblo más culto del mundo, empezando el Milenio? Está bueno ya de seguir haciendo afirmaciones idealistas y a la ligera, ante disposiciones políticas que están completamente alejadas de la circunstancia cubana. El reggaetón saca del barrio, de arrastrar la carretilla, de dar pedales en el bicitaxi, de la prostitución, y de otro montón de feos lugares que tienen los pobres en Cuba, que constituyen la inmensa mayoría de la población. Con el acceso a internet, la plataforma comunicativa virtual, y el comercio online, las alas de los artistas y creadores cubanos se han expandido hacia el horizonte de la aldea globalizada.

Gústele a quien guste, pésele a quien le pese, esta es la circunstancia de hoy.

Y haber retenido por tantos años el acceso masivo a internet, por parte del gobierno y sus pobres excusas, proporcionó un altísimo costo político para la sociedad cubana, al limitar el acceso de las voces preocupadas, de los ciudadanos honestos, ante su diaria interacción con los actores sociales, en un espacio visitado por tantos. Achantándose en una confunsión, una confundidera, un maniqueísmo en ocasiones rayando en lo lamentable, la izquierda cubana, los guardianes de la circunstancia, las buenas acciones y la virtud tutelar del pueblo, se desgarran en guerritas públicas, agresivos careos y bretes de vecindad en las redes sociales, a través de sus blogs y espacios de interacción con la ciudadanía, que ha regalado una valiosa ventaja, pequeña pero valiosa, a los disgustados de la nueva derecha, que comienzan a deshacerse de sus tintes conciliadores, y que están relativamente mejor organizados que la izquierda, que entiende la circunstancia, pero la complejiza y desvirtúa. No al 349, Templanzo. No a crear otra cuasi-clase de sanguijuelas avariciosas. No entendía de razones, este miembro de reciente adquisición del Junquillo de Matanzas, egresado de la Vocacional Carlos Marx. A salvar la cultura socialista.
¿Qué era la cultura socialista, después de todo, sino una expansión, una visualización, de las mejores vanguardias artísticas forjadas en la república, y sus continuadores, entre los que se encontraban algunos burdos imitadores de corral, y todas aquellas expresiones de la cultura popular que se diversificaron, mutaron, ante las distintas tendencias en la segunda mitad del siglo XX? El son, el bambo, la timba y el guaguancó. Sin embargo, la cultura socialista que entendía el 349 no era esta, descrita por mí en este párrafo. Sí, acabo de tragarme el trocito de con la Revolución todo, contra la Revolución nada. La Revolución es la circunstancia.

Se puede comprender o no comprender la circunstancia, desde la perspectiva de distintas escuelas.

Pero la circunstancia sigue siendo siempre la misma, porque es objetiva. No puede estirarse como un chicle, a conveniencia de un orador o un legislador de la Asamblea Nacional. La cultura socialista no la constituye una élite de ¨elegidos, de ciudadanos en gracia con las figuras del momento en el gobierno¨, los que no deben ser señalados en público, amén de sus privilegios, a los que hay que tener absoluta comprensión y discreción de sus licencias y sus canalladas personales, porque son humanos también, y no puede pedírseles imposibles virtudes revolucionarias.
Para muestra un botón, con el reciente asunto de Magela Garcés. La especialista de la galería Servando Cabrera, con un currículum y un prestigio en el medio artístico que la respalda, accedió a publicar una ronda de cien preguntas sobre el arte cubano en OnCuba, que es un medio de prensa con oficina en La Habana. A raíz de lo que ventilaban estas preguntas, se formó otra bola de pelos en la garganta de alguien del Ministerio de Cultura. Digo ventilaban porque no afirmaban nada, al ser solamente preguntas eso que formuló Magela en Cuba el año pasado ¡Ay del que las respondiera!, ya eso era otra historia. Nadie lo ha hecho hasta la fecha, aunque sé de buena tinta, que hay unos cuantos que podrían conocer bien las cien respuestas. Así y todo, a Magela le tocó jugar el papel de emisaria de las malas noticias, en la corte de Japón. Resolvieron imponerle una sanción administrativa, disminuyéndola del cargo que ocupaba en la galería. Como en la Servando, a decir de radio bemba, o se es especialista o se limpian los pisos y baños, la sacaban del juego, a lo Padilla. Magela renuncia, y el asunto va tomando revuelo en las redes sociales. Llegó el Whatssap a La Habana, ahora la información se puede compartir todavía más rápido.
Para nadie es un secreto que este tipo de malos entendidos ocurrieron desde los primeros años de La Revolución.

Se encargaba Celia Sánchez en persona, de atender las cartas y quejas de los ciudadanos preocupados ante una injusticia administrativa.

Esto dicen los de la época, los que lo vivieron y pudieron dar fe que esta práctica fue sostenida por muchos años. Dicen que también el Che recibía, y atendía. El mismo Fidel daba muchos viajes, por los campos de las provincias, para escuchar del día a día de los obreros y campesinos, de su propia boca. Vuelvo a remitirme a los buenos sentimientos de la Primera Dama de Cuba. Señora, ¿tendría la gentileza de informarse de este asunto de la especialista Magela Garcés, porque algunos ciudadanos han expresado anteriormente, como mismo estoy haciendo yo ahora, que se trata de un error estratégico? Esto resolvió el Ministerio de Cultura de Cuba, sobre el objetivo de las preguntas de la Garcés: “difundir criterios u opiniones que menoscaban el prestigio personal o laboral de superiores o compañeros de trabajo”.

Sin embargo, Magela no difundió, preguntó, como el filósofo de la antigüedad.

Difundiría en todo caso ese que respondiera, con una opinión menoscabadora del prestigio personal o laboral, de esos que puedan ser o no sus superiores o compañeros de trabajo. A dejar tres puntos suspensivos en suspensión perpetua, hasta que cante el primero, a ver si le echa agua caliente por arriba a los pollos, o no. Por favor, sería humano que se atienda este asunto.
La tertulia arranca con la bandera del Junquillo de Matanzas, esa de las fantasías de ángeles y faunos, que evoca la Quadratura del techo del círculo delmontino, a media asta. Me disgusta que el Ministerio de Cultura siga negándose a aceptar los efectos negativos de este decreto, afirmando los que consideran que resultan sus aristas más favorables. Ante las similitudes con el fenómeno de 1971, sobre el que posteriormente se realizaron rectificaciones, a finales de la década de los años setenta, se impone un debate con el Ministerio y los artistas. Escuchar, aprender, dejarse aconsejar ante el bien común, ese es el papel de la burocracia cubana ante su Intelligetzia, más que leída, escribida y publicada. El que se crea otra cosa, que se desmonte el muerto de la Buchaca, o el de Mirtha Aguirre. ¿Quiénes son estas personas del Ministerio de Cultura, y por qué parecen tener una resistencia tan termidoriana a aceptar la circunstancia del reggaetón, y los artistas desprendidos de la sombrilla ideológica del estado cubano? Esa es una buena pregunta, que merece otra tacita de té, en una próxima tertulia. No deben saturarse ciertos temas de premura nacional, sobre los que casi nadie parece tener, lamentablemente, todos los elementos. Habrá que confiar en una recapacitación del Ministerio de Cultura, un ablandamiento en la implementación de ese decreto, si es que ya no puede derogarse, como al parecer constituye el asunto central, que es que ya está aprobado por el presidente del Consejo de Estado, Miguel Díaz-Canel, mal citando a Silvio Rodríguez, a prisa y sin reparar mucho en sus letras pequeñas. Le vendieron un sueño, dicen las voces entendidas, en La Habana del boca a boca.

Pues a despertarse rápido del sueño y a solucionarlo lo mejor que se pueda, que la vida no es una barca.

Sin embargo, y a pesar de esa bandera a media asta, la misma que colocó Agustín Acosta, por el Ateneo de Matanzas, a mediados de los años sesenta, en más de una ocasión, la tertulia del Junquillo seguirá reanimándose. Hay galletas, en el plato de la mesita de centro, y ya viene mi mamá con café, de la cocina, para el que siga creyendo que el té es un cocimiento. Recuerden, la clave es mantener la calma, y no dejar que a nadie se le vuele la cafetera de las emociones. Preguntar sigue siendo mejor que afirmar, pues: ¨¿Ves?: Tengo sangre en las venas… en estas venas verdes, frágiles que se enredan como ríos de mapa entre la carne¨. Ya lo dijo la Dulce, que era concisa y regañona.

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