Política en Cuba

Desde la hermenéutica al “Inconforme Inconforme “

Por: Jorge Fernández Era

Hermes J. Moreno Rodríguez contesta a mi escrito El inconforme inconforme.
Solo lamento que el director de la editorial Nuevo Milenio no haya podido comunicarse, a pesar de sus esfuerzos, con las autoridades del Instituto Cubano del Libro para conocer el porqué del arbitraje de contenidos con Alina Bárbara López Hernández después de haber impreso su libro con el papel que le cuesta al pueblo 1600 dólares la tonelada.

Que me perdone Hermes mi ignorancia sobre los entresijos “colesteriles” de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Debe ser muy incómodo que mientras una institución estatal como el ICL organiza un evento del libro y la literatura, se aparezca sin previo aviso otra institución estatal como el Gobierno de la provincia y se ponga en esos mismos predios y porque le da la gana a vender postas de pollo compradas por igual con el sudor del pueblo a no sé cuánto la tonelada.
Aquí comparto con “el gallinero” sus razones:

Desde la hermenéutica al Inconforme Inconforme

Por: Hermes J. Moreno Rodríguez

Estimado colega Jorge Fernández Era, ayer en la noche leí tu tan halagado escrito El Inconforme Inconforme, como respuesta a la opinión que escribí y que resultó no agradable a muchos oídos que te siguen ni a ti mismo. Pude ver cómo recibiste loas de todo tipo y una especie de crucifixión para mi que sinceramente agradezco (nunca han logrado la crucifixión por Facebook jjj); los más avezados aportaron información desde la que tienen, y el resto se limitaron a “aplaudir” al mejor estilo de los piquetes que se ubicaban en los gallineros de los teatros de antaño (como ves, sigo con descalificaciones, pero no logro calificar esos aplausos ciegos de otra manera). Apelando a la mesura y a la espera de que más “moscas se posaran sobre el pastel”, decidí responderte hoy y procedo a enumerar mis consideraciones:
1) Repito, una vez más, que quienes conocen cómo se organiza hoy en casi todo el mundo una Feria del Libro, y tú lo conoces muy bien (hace solo unos años fuiste subdirector de la Editorial José Martí y, por ende, cuadro del Instituto Cubano del Libro), este es un evento que culturalmente implica a casi todas las manifestaciones del arte (música, cine, artes plásticas…) y la literatura; por consiguiente, una crítica sería y razonable sobre las ferias, si se desea hacer alejada de matices insanos, debe ser más amplia y no ceñirse a la mera oferta y demanda exclusivamente, que por demás en nuestro país se valora más como un producto cultural que como una mercancía. De lo anterior proviene mi calificativo de hipercríticos a quienes no lograron valorar otros aspectos. Nadie habló, por ejemplo, de una Feria que transcurrió tranquila, sin bebidas alcohólicas ni las molestas cajas de música tratando de alterar el orden.
2) Si viste los sellitos con el degradante I love porn y afiches que apelaban a la banalidad y no a los valores que deseamos para nuestros niños y jóvenes, te aseguro que violaron las Normas de Participación para los comercializadores, pues nada está más alejado de nuestras intenciones ni de los propósitos por los que trabajamos muy duro.

Como seguramente pudiste apreciar, aceptamos la venta de útiles escolares, libretas y otros artículos de alta demanda; eso sí, desterramos la venta de carteras y otros enseres que no guardan relación alguna con el libro y la instrucción. Pero esas batallas no se ganan tan fácil como pudiera parecer; en fin no se toma Zamora en una hora.
3) Sobre la censura que llamaste por su nombre, yo prefiero llamarle arbitraje de los contenidos para alejar las mentes reduccionistas que solo asocian la primera a los temas políticos. Como conoces, en cualquier latitud las editoriales censuran los contenidos atendiendo a diferentes variables: calidad literaria del texto, lo que aportan los contenidos, cumplimiento de las normas de presentación, problemas con la estructura del original, si se reitera temáticamente, la autenticidad y, por supuesto, la conveniencia política y social que define el editor o casa editorial, esto último es lo que más polémica suele provocar.
4) Sobre el libro de Alina Bárbara no profundicé en mi escrito porque sólo cuento con la información que aportó la autora en una publicación y desconozco los detalles de la parte editorial. De cualquier forma, estoy seguro que en esa editorial hay suficiente preparación y experiencia entre sus directivos para ofrecerle a la autora las explicaciones que correspondan. Como comprenderás, las razones profesionales y éticas no me permiten, por el momento, asumir una posición al respecto, como tampoco me corresponde dar las explicaciones. No obstante, debo dejar bien claro que tienes muchísima razón cuando infieres en tu escrito que en Nuevo Milenio, si detectamos en cualquier momento del proceso editorial o poligráfico que un libro se alejó de cualquiera de los elementos que relacioné en el punto anterior (incluido el político) y escapó a las consideraciones de los evaluadores y del Consejo Editorial, nunca he sentido el temor de llamar al autor y negociar una salida válida para las partes, y si no fuera posible el arreglo informarle que su texto no es de interés para el Centro en esas condiciones, sin la mediación del Partido o con ella. Por tanto, no pongo reparo alguno si alguien o algunos me catalogan de censor, en definitiva es consustancial a mis funciones.
5) A quienes comentaron tu escrito y hablaron desde su desconocimiento sobre los pollos fritos y aparatos infantiles fuera de la Cabaña, debo decirles que esas otras opciones de recreación y de alimentación (válidas también) no las oferta la Feria sino el Gobierno provincial. Por lo tanto, catalogar a la Feria con frases como la Feria del pollo frito o parodiar con sorna el eslogan de la Feria mediante el Comer es Crecer es, cuando menos, mucho desconocimiento, mala intención y, como ves, no solo yo descalifico.
6) Como último punto, algunas cifras: la Distribuidora Nacional del Libro, que tuvo a su cargo la librería grande y otras dos bóvedas convertidas en librerías, llevó para la Cabaña más de 1300 títulos (289 novedades) y más de 550 000 ejemplares. Entonces, no es difícil deducir que las novedades fueron insuficientes (22 % de la oferta de títulos) para un público lector que prioriza la búsqueda de estas; pero cualquier cubano con un mínimo de conocimiento sobre la situación económica y financiera del país (a la que no escapa el libro) entenderá también el esfuerzo que realizó el Estado para celebrar la Feria. Eso sí, libros hubo, en la librería grande y en los stand de las editoriales. Y para aquellos a los que le “duele la Feria” les digo que el Bloqueo de EE.UU. que algunos se niegan a reconocer, también afecta al libro y se los muestro: 1 tonelada de papel bond 75 g cuesta comprarla en el mercado internacional unos 656.00 USD, pero a Cuba le cuesta 1600.00 USD, pues debe adquirirlo en geografías muy distantes y, por lo tanto, pagar fletes y seguros marítimos más caros, sin mencionar las dificultades para fletar barcos por la “ayudita” de la Helms Burton.
En fin, que hayan insatisfechos porque no encontraron los libros que buscaban, OK; pero hacer parecer que en la Cabaña no ocurrió nada con eso de La Cabaña sin ton ni son también descalifica un evento en el que sí ocurrieron cosas de alto valor cultural y literario. Por último, una buena noticia Jorge: Comenzamos a trabajar ya para celebrar la 30a. edición de la Feria en febrero de 2021 y, hasta ahora, prevemos más novedades. ¿Te sumas? Créeme que mi intención nunca fue matar la inconformidad, más bien fue recabar más justeza y objetividad en lo que se escribió.

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