Política en Cuba

La educación por la que apostamos desde la iglesia

Breve bosquejo del servicio educativo que ofrece la Iglesia católica dentro de nuestra Isla.

Por: Julio Pernús
Quizás todo surgió durante aquel discurso del Primer Secretario del Partido Comunista, Raúl Castro Ruz, por el año 2008. En el mismo, se extendía una petición gubernamental para que las instituciones que rodeaban a los centros educativos apoyaran el proceso de enseñanza que no pasaba por su mejor momento, debido, entre otras causas, a la migración masiva de docentes hacia cualquier espacio laboral que le reportara tangibles mejoras económicas.
Por supuesto, antes de esta fecha se pudiera hablar de todo un camino ulterior recorrido por la Iglesia católica que por cuestiones de espacio; no abordaré aquí, donde solo intentaré mapear el rol actual de la institución más longeva de nuestro país, dentro del entorno educativo cubano.
En el documento final del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), se hace una descripción de la realidad educativa cubana que parece no perder vigencia a pesar de sus más de 30 años de historia (1).
En Cuba la enseñanza llega a todos, es generalizada y diversificada, en cuanto a sus campos de estudio;

pero es única en cuanto a su orientación filosófica marxista-leninista.

El Estado es el encargado de la estructuración y del funcionamiento de un sistema nacional orientado al desarrollo de la educación de las nuevas generaciones. «Esta función se lleva a cabo de forma indelegable, intransferible, irrenunciable y exclusiva por el Estado» (Tesis sobre política educacional, LV, 1 Congreso del PCC).

En medio de un país que vive transformaciones sociales interesantes, como la nueva constitución; desde la Iglesia católica se optó por lanzarse a la piscina y proponer una serie de propuestas educativas que han sido definidas como complementarias, por algunas de las estructuras decisoras de nuestra nación; ellos ven en esta labor, un proceso secundario, prescindible, o una propina necesaria en las actuales circunstancias del país. Para el ejercicio pedagógico eclesial, la Iglesia se adhiere al concepto de sociedad civil, representadopor una ciudanía organizada, que trabaja en pos del bien común.

Todo empezó bien despacito, pero con el pasar de los años la vida siempre trae nuevos desafíos y surgen preguntas con la capacidad de hacernos pensar por un buen tiempo. La primera, es el poder conocer hacia dónde vamos. Eso nos compromete a interrogarnos, en algo que un jesuita de gran calibre intelectual, le planteó a varios educadores de nuestros centros en un encuentro, apostamos por una educación católica o por católicos comprometidos que se vinculan a la educación (2).

Lo cierto es que hoy, se hace necesario reflexionar con hondura, sobre todo el caminar que hemos realizado en esta década dentro del complexus educativo nacional. Y para eso, es interesante analizar nuestro último pacto político de relevancia, el proceso constitucional, donde algunos laicos, percibimos pequeños resquicios de luz, para el sector educativo eclesial. Para explicarlo con otras palabras, nuestro hacer en la enseñanza hasta el día de hoy, no ha sido legalizado con una ley específica, pero son nuestros espacios, porque la tarea educativa es exigencia constitutiva y permanente de la Iglesia (3).Y se ha logrado, mediante espacios de hecho, ganar espacios de derecho. Para ilustrar mejor este ejemplo, cuando una pareja vive junta, se le denomina pareja de hecho, pero ese “hecho”, con el transcurrir de los años, puede validar un derecho jurídico, perfectamente reclamable. Los tribunales, sí hay pruebas verídicas, lo valoran así.
La nueva constitución en su artículo 32 dice que el estado orienta, fomenta y promueve la educación, la ciencia y la cultura en todas sus manifestaciones. Es importante destacar, que en los postulados iniciales dentro del proyecto constitucional, se hicieron notar algunos cambios con la intención de proponer un poco más, pero que al ser publicado el proyecto final, se volvieron a estrechar. En el postulado A, la constitución actual omite la referencia al ideario marxista, en el apartado B, se añade que la educación es laica, aunque mantieneque se basa en los aportes de la ciencia y los principios y valores de nuestra sociedad.
La Constitución del 76 casi siempre empezaba con el estado garantiza,en la redacción de este nuevo texto,esto ha variado un poco. En el artículo quinto, se añade que en el proceso educativo del niño, tienen responsabilidad, la sociedad y la familia, algo bien positivo. En el capítulo 3, referido a la familia, ya desde el texto propuesto a debate popular en su artículo 84, se introduce que las madres y los padres tienen responsabilidades y funciones esenciales en la formación integral de las nuevas generaciones.
Esta nueva constitución incrementa con acierto, la laicidad de la educación, un punto que no excluye del complexus pedagógico, al menos teóricamente, a ninguna forma de enseñanza.

Algunas reflexiones que uno extrae con respecto al tema educativo dentro de la constitución son: el estado y el gobierno cubano mantienen una preocupación importante con respecto al tema educativo, derecho fundamental de toda persona y de toda nación. Sobre todo, porque hablamos de un elemento decisivo en la formación de la conciencia ciudadana. Y en cuanto tal, el estado y gobierno cubano, dejan explicita su decisión de poder ejercer de forma indefinida su rol de gestor y garante de la educación en el país.
A pesar de que no se haga de manera explícita, se hace ver, en algunos congresos vinculados a la pedagogía, un conocimiento sincero por parte de las autoridades gubernamentales, de la crisis imperante al interior del proceso educativo en Cuba. Entonces, estamos ante la admisión de la existencia de una estructura pedagógica de creciente insuficiencia económica, humana y espiritual, en diálogo permanente con la depresión económica que atraviesa el país.
Quizás, desde los puntos abordados anteriormente, podemos establecer que se avizora una tímida aceptación, de la complementariedad ejercida por actores de la sociedad civil, como los maestros repasadores y los espacios educativos de la Iglesia. Cómo se legislará, eso aún está por debatirse, uno intuye que pronto se abrirá alguna hendija legal, para poder patentizar nuestros proyectos de educación complementaria. Aunque lo que salió con el proyecto de constitución, luego se cerró con el texto final, este es un elemento que debe ser mirado y comprendido desde diversas aristas.
La percepción desde un mi asiento ciudadano es que el criterio dentro de los decisores con respecto a estos temas, no es monolítico; por lo tanto, hablamos de un debate social discutido entre nuestros máximos dirigentes, con diversos matices.
Es probable que dentro de algún tiempo, sea necesario valorar con mayor profundidad estas luces que ahora vimos parpadear, dentro de una autopista hegemonizada por muchos años, por una sola autovía. El hecho de que la educación sea laica puede ser una puerta donde podamos militar igualmente, instituciones de la sociedad civil y el estado, porque una de las premisas es la no discriminación por cuestiones de religión o credo. Aunque parezca como un ámbito traído por los pelos, el hecho de vivir un proceso educativo laico, no necesariamente debe proponer alguna clase de ateísmo subterráneo, y no restringe de forma explícita, una cultura religiosa.
Podemos hablar de una educación laica en cuanto a su contenido, pero este hecho político, no tiene porqué limitar necesariamente que sus gestores, puedan ser actores diversos,guiados incluso por un programa estatal, el movimiento educativo Fe y Alegría, tiene mucha experiencia en este ámbito. No hablamos de una utopía, estos casos se han dado y están registrados en ejemplos concretos del derecho comparado, donde se ha gestado una especie de ser educativo híbrido, administrado por la Iglesia, con programa y ayuda económica del gobierno.
El reconocimiento de la responsabilidad de la familia y la sociedad dentro de la educación, nos permite utilizar ese derecho, en pos de mantener una plataforma moral que auspicie nuestra labor educativa. Aunque siendo francos, sin perder la esperanza, es oportuno razonar que los cambios introducidos en la nueva constitución con respecto a la participación de la Iglesia en el sector educativo, son casi invisibles, y no constituyen un trampolín legislativo consolador. Pero, en alguna medida, bien usados pueden darnos una cierta sombrilla de legalidad.
Hoy lo que empezó con un aula en una pequeña Iglesia, de forma tímida, nos hace soñar, para bien digo yo, con una futura educación católica, o al menos, una presencia católica dentro de la educación, con voz dentro de los hacedores de la política educacional del país. Hace poco mientras conversaba en el patio con una de las profesoras del Centro Loyola, ella me decía: “por qué no comunicamos a la sociedad con mayor fuerza nuestro servicio. Tú sabes, cuántos alumnos yo tendría, si mis clases de inglés contaran con alguna especie de promoción.” Yo al principio le traté de explicar que su planteamiento era correcto, pero que nuestra labor se parecía mucho a lo que sucede con el paquete semanal; es un proyecto que existe y el gobierno lo sabe, pero no tiene, su importantísima legitimación. Entonces, hablamos de dos hechos sociales con marcadas diferencias que se mueven en la clandestinidad popular. Pero, “existen”, y eso es un hecho ineludible. Yo siento que un asunto al que debemos ponerle todo nuestro empeño, es al de la calidad, porque desde ahí, serán medidos nuestros logros. No podemos bajo ningún concepto, someter nuestros modus operandi, a la pobreza existencial que atraviesa el ecosistema ciudadano.

Desde hoy, debiésemos preguntarnos continuamente, qué es una educación de calidad, cuando uno googlea la frase aparece: “que una educación de calidad es aquella que forma mejores seres humanos, ciudadanos con valores éticos, respetuosos de lo público, que ejercen los derechos humanos, cumplen con sus deberes y conviven en paz. Una educación que genera oportunidades legítimas de progreso y prosperidad para ellos y para el país” (4). Es un poco abandonar el titulismo, para convertir a nuestros centros docentes, en verdaderos forjadores de conocimiento. Entonces dentro del dilema, cobertura o calidad (5), yo me atrevería a decir, que debemos apostar por una cobertura de calidad en el ámbito de la educación. Es un reto, pero nuestro compromiso no debe soslayar esta responsabilidad histórica, de cara a la formación de toda una nación.

Otro asunto interesante sería el poder comprender si necesitamos “promover un modelo educativo que favorezca a las masas o a las elites” (6). Este asunto es medio espinoso, pero quizás, debamos beber mucho de esos buenos ejemplos de educación pública, orientada hacia el bien común. Aunque para mí, hoy se necesita con urgencia la formación de líderes comprometidos, con la capacidad de hacer posible esa pluralidad social que tanto añoramos.

Como conclusión, quisiera felicitar a las personas que han hecho posible la participación de la Iglesia dentro del ecosistema educativo cubano actual, también a esas autoridades que han abierto un poco la puerta, por su valor, gracias. Yo creo que a la pregunta de ¿sí existimos? podemos respondedor con las imágenes de esos niños que vienen cada día a nuestros espacios, ávidos de conocimientos. O esos abuelos que gracias a nuestros cursos de computación pueden ahora comunicarse con su familia en el exterior. Este servicio es todo un desafío que dependerá mucho de la confianza en la semilla de maíz descrita en la parábola, que cuando cae en buen terreno, suele germinar en un frondoso árbol con una sombra grande en la que se pueden refugiar toda la especie humana, bajo el amparo de Dios, como diría un cura amigo, que «así sea».

Notas

(1) Documento Final e instrucción Pastoral de los Obispos; Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). Ed. Amigo del Hogar; Santo Domingo, 1988. Página 92 del texto en PDF.

(2) Nota del autor de la conferencia impartida en el teatro del Centro Loyola por el P. Jorge Cela, responsable de la RED de Centros Loyola en Cuba.

(3) Palabras de Sor Iyala, Hija de la Caridad y Licencia en Derecho, durante la jornada educativa convocada por la CONCUR, Teatro del Centro Loyola 23 de febrero de 2019.

(4) Educación de Calidad, el camino para la prosperidad;https://www.mineducacion.gov.co/1621/article-259478.html; consultado por el autor el 26 de marzo.

(5) Nota del autor tomada del discurso del padre Jorge Cela sj, durante la conferencia impartida en el Centro Loyola sobre Educación Complementaria.
(6) Ibídem 2

Un Comentario

  • Adrian J. Cabrera

    Julio, el texto me dice muy poco. Mas allá de ser parcializado, lo cual no es negativo; el tema es que la parcialización se convierte en idilio.
    No explicas cual es la propuesta alternativa a nivel educativo que ofrece la iglesia; que la puede diferenciar pedagogicamente de la estatal. Tampoco, consecuencia de lo anterior, no explicas, a ciencia cierta, porque habría que visibilizarla o, incluso, legislar al respecto. Sencillamente, das por hecho, de que poner en manos de la iglesia cierta educación es positivo.
    Dices que por razones de espacio no podías tocar de cerca las experiencias históricas que unen a la iglesia y la educación en Cuba, sacando del análisis una experiencia tan interesante como el Colegio de Villanueva, por ejemplo. Hubieras podido reducir los elogios y las expectativas y tal vez hubieras encontrado un espacio para ello.

    Saludos fraternales.

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