Política en Cuba

El marxismo en Cuba hoy

Por: Miguel Alejandro Hayes

El marxismo en Cuba sigue siendo esencialmente marxista-leninista; es decir, estalinista.
Vivimos en una sociedad donde el fetiche de la institución es un fenómeno extendido. De ahí que las muestras de estas líneas sean un marxismo académico y uno que se autodeclara crítico (cuyos núcleos suelen ser instituciones como el Centro Martin Luther King , el Instituto de de Filosofía y el Instituto Juan Marinello).
Y del marxismo independiente en Cuba, en Google no encontré referencia alguna.
Así estamos, generalmente, ante la tradicional versión cubana de estalinismo y una suerte –a decir de Armando Chaguaceda- de neoleninismo (1).
El primero, toma cuerpo teórico en el bloque de marxismo-leninismo (Filosofía Marxista-Leninista, Economía Política y Teoría Sociopolítica), que se difunde de manera explícita por la educación superior (2), además de contar con congresos nacionales y un departamento del MES para salvaguardarlo (3). Se le suma el hecho de que está presente de manera implícita en las enseñanzas preuniversitarias a través de la construcción historiográfica (4). Un país con doce años de enseñanza permeada por la concepción marxista-leninista es, formalmente, marxista-leninista. Dicho marxismo tiene como finalidad defender la estructura política y el signo político del gobierno. Es un discurso de estado.
Pero eso no es precisamente marxismo.
El segundo, considero que es más apropiado llamarle neoestalinismo, aunque esa distinción no se separe esencialmente de la caracterización de Chaguaceda, quien identifica, entre otros rasgos, que estos asumen la revolución cubana como un proceso continuado hasta la actualidad. Y es que esos grupos establecen una similitud entre el carácter participativo y popular del período 59-62, e incluso años después, como vigente. De ahí que hagan referencias al poder popular, a la participación, a la autogestión en la Cuba actual. Discurso que contrasta mucho con la realidad de un modelo dirigentista de estado con supra-partido.
Este neoleninismo se cobija en los intentos de desprenderse del dogma por parte de los entonces jóvenes de Pensamiento Crítico. Se afirma gramsciano, leninista y marxista. Pero es, y coincido con Chaguaceda, un marxismo sesentero. Ignoran cuestiones como la defensa que hizo Lenin del uso consciente del mercado (verdadera noción de Lenin de planificación) así como su carácter objetivo (5); el peligro del sentido común para la reflexión teórica (Gramsci) (6); el abandono de las teleologías en la teoría (Marx); y un sinnúmero de enseñanzas.
El neoleninismo cubano actual usa el término burgués como ofensa teórica y acusa de “enemigo ideológico”. No escapa de los límites del Gran Debate y va a las ideas de los clásicos mencionados a extraer términos como comunismo, socialismo, imperialismo, no para otra cosa que construir un discurso de estado (su estructura y su signo político). Y al final es solo eso, un discurso de estado; esencialemente, un mix de estalinismo con cucharadas de jergas de participación popular latinoamericana.
Ese es el marxismo en Cuba hoy.

6 Comentarios

  • Roger

    Es posible que haya tratado antes este asunto y yo no lo haya leído por eso mi pregunta: Cuándo cree Ud. que terminó como proceso real la revolución cubana ? Yo considero que con la “ofensiva revolucionaria” . Gracias

    • Hayes Martinez

      Saludos. Yo no soy experto en Revolución Cubana, pero le comento. Para mí culmina, no en un momento específico, pero sí me atrevo a decir que se le da cierre con el proceso de institucionalización. Las institucionalización es, historiográficamente, la señal del cierre de un proceso revolucionario. Es decir, culmina la subversión social y se pasa a una “normalidad”. Saludos

  • Ramón García Guerra

    Existe un ‘marxismo’ en Cuba que se calificó de ‘maoísta’, que se inscribe en una tradición que arranca en “Nuestra América” de Martí y llega a “El socialismo y el hombre en Cuba” del Ché; pasando por “Siete ensayos…” de Mariátegui.
    Este es un ‘marxismo’ que se advierte en la lectura de José Martí en clave libertaria que hace Julio Antonio Mella o en el ensayo: “Cáliban”, que resulta de la visión decolonial de Roberto Fernández Retamar.
    Advierto, en tal sentido, que el ‘marxismo’ de “Pensamiento Crítico” era un marxismo heterodoxo; que iba de Georg Lukács a Antonio Gramsci, pasando por Karl Korsch.
    “Pensamiento Crítico” publicó a Franz Fanon, Jean-Paul Sartre, Lois Althusser, Amilcal Cabral, Ho Chi Ming…
    Todos ellos, eran ajenos u opuestos al ‘marxismo-leninismo’ que se impuso en Cuba en la era soviética.
    El debate de ideas a fines de los 60s eran el guevaristas, el nacionalistas y ortodoxos.
    Estos últimos, que eran los que menos tenían para ofrecer, se hacen del poder con la integración de Cuba al CAME (1973). Entonces toman la iniciativa con el Congreso de Educación y Cultura (1971) y coronan su empeño con la creación del Poder Popular (1976).
    Surge entre los nacionalistas una corriente de pensamiento crítico-institucionalista de matriz marxista, –martianos confesos– cuyas figuras más importantes son Julio Fernández Bulté, Raúl Gómez Treto y Armando Hart Dávalos.
    Luego, será en la era soviética en Cuba que ocurre la confrontación entre stalinistas y troskistas en su variante caribeña.
    Durante los años 80s, entre las lecturas marxistas que hacían los jóvenes iracundos cubanos se hallaban una larga lista de marxistas heterodoxos, que iban de Rosa Luxemburgo a Ernst Bloch. Incluida la Escuela de Fráncfort, y en especial, Walter Benjamin.
    También se leía a Noam Chomsky.
    Ineludible es hacer mención a la labor de “Criterios”, que puso a Cuba en contacto con el ‘marxismo’ que se producía al interior del ‘campo socialista’; así como abrió un diálogo con los estudios semióticos marxistas en Europa.
    Durante los 90s fueron otras las lecturas.
    Particularmente, advierto dos tendencias: una, que mira a nuestra América y se apropia del pensamiento de la liberación, y otra, que mira a Europa asume el pensamiento débil como alternativa.
    Todos ellos, adscritos a un ‘marxismo’ que es hereje, irreverente, que se enfrenta a los dogmas que justifican al poder instituido.
    Para los jóvenes del 2000, que asisten a la apertura de Cuba al mundo y el inicio de un ciclo histórico de la nueva sociedad, asumen una doxa –que es un saber constituido en los 90s– opuesta a la ideología de Estado.
    Significa que la presencia de esa ideología de Estado en los programas de estudios universitarios resulta un fósil académico. Explica esto la crisis de legitimidad que afecta al orden institucional que pone en desventaja al régimen al restar capacidad de maniobra al mismo.
    Dentro de la tradición libertaria en Cuba y en sectores intelectuales cubanos se advierte una vocación contracultural que nos reenvía a revolución cultural de los 60s.
    En esa línea de pensamiento va de Guy Debord a Robert Kurz.
    La lista de neomarxistas o pensadores que dialogan con el ‘marxismo’ y son referentes de la izquierdas en Cuba es larga: Enrique Dussel, Aníbal Quijano, Ramón Grosfogel, David Harvey, Edgar Morin, Cornelius Castoriadis, Samir Amin, Immanuel Wallerstein, Félix Guatari, Jacques Raciere, Paolo Virno, Jean-Luc Nancy, Slavoj Zizek…
    Significa que el universo axiológico de la política, donde partipa ese marxismo-dialécticamente-superado que se discute, no puede ser simplificado de modo tan burdo para acabar diciendo que el liberalismo en Cuba es la alternativa.
    Esto sólo lo puede decir alguien que ignora lo que sucede en la Isla o aquel que se haya en la acera de enfrente.
    Tristemente, hay gente tan mediocre que queda muy por debajo de una tradición liberal cubana que cuenta con ilustres figuras como Ramiro Guerra, Fernando Ortiz y Jorge Mañach.
    Considero, en fin, que así como hay un ‘marxismo-leninismo’ que presta un pésimo servicio al poder instituido, existe también un marxismo-otro que no conecta con el imaginario radical de la sociedad.
    Estamos por asistir a un momento fundacional en la cultura cubana, advierto, dónde la sociedad se dotará de un repertorio simbólico y un universo axiológico que lograrán movilizar y cohesionar a esta última, siendo el soporte de un proyecto de liberación de la misma.  

    • Hayes Martinez

      Gracias Ramón. Sin dudas hay mucho más marxismo, incluso mucho más que el que menciona, incluso, yo también hago marxismo directamente.
      Pero mi texto señala donde está la hegemonía; cuál es el marxismo que tiene más espacio y, sobre todo, lo que se percibe desde afuera. Desde afuera del marxismo lo que resalta son esos dos discursos tan similares que aquí menciono

  • Hayes Martinez

    Una amiga periodista, con mucha más habilidad que yo en la redacción, me editó el texto. La verdad es que está mejor que el mío. Acá comparto la versión mejorada

    El marxismo en Cuba hoy
    Por: Miguel Alejandro Hayes

    El marxismo en Cuba carga con la herencia del marxismo-leninismo soviético, ese intento estalinista de dogmatizar la teoría y alejarla de toda flexibilidad de pensaminto. El fetiche de la institución es un fenómeno extendido en la sociedad cubana. De ahí, que, el marxismo cubano fluctúe entre el marxismo de las academias y el que se autodeclara crítico, cuyos núcleos suelen ser instituciones como el Centro Martin Luther King, el Instituto de de Filosofía y el Instituto Juan Marinello.
    El marxismo independiente cubano es una incógnita carente de referencias, incluso en Google. Por ende, saltan a la vista: la tradicional versión cubana de estalinismo y una suerte de neoleninismo a decir de Armando Chaguaceda-.
    El primero, toma cuerpo teórico en el bloque de marxismo-leninismo (Filosofía Marxista-Leninista, Economía Política y Teoría Sociopolítica), difundido de manera explícita por la educación superior. Estos contenidos se imparten en las enseñanzas preuniversitarias a través de la construcción historiográfica. Cuenta, además, con congresos nacionales y un departamento del MES para salvaguardarlo. Un país con doce años de enseñanza permeada por la concepción marxista-leninista es, formalmente, marxista-leninista. Dicho marxismo tiene como finalidad defender la estructura política y el signo político del gobierno. Es un discurso de estado.
    Pero eso no es precisamente marxismo.
    El segundo grupo, categorizado como “neoleninistas por Chaguaceda, asume la revolución cubana como un proceso continuado hasta la actualidad. Establece una similitud entre el carácter participativo y popular del período 59-62, e incluso años después, como vigente. De ahí que, se refiera al poder popular, la participación y la autogestión en la Cuba actual, discurso que contrasta con la propuesta de un modelo dirigentista de estado con supra-partido.
    El neoleninismo cubano se cobija en los intentos de sus antecesores por desprenderse del dogma y toma como referente a los jóvenes de Pensamiento Crítico, por ejemplo. Se afirma gramsciano, leninista y marxista. Pero es, y coincido con Chaguaceda, un marxismo sesentero. Ignoran cuestiones como: la defensa que hizo Lenin del uso consciente del mercado (verdadera noción de Lenin de planificación), así como su carácter objetivo; el peligro del sentido común para la reflexión teórica (Gramsci) y el abandono de las teleologías en la teoría; por solo ejemplificar algunas.
    El neoleninismo cubano actual usa el término burgués como ofensa teórica y acusa de enemigo ideológico. No escapa de los límites del Gran Debate y va a las ideas de los clásicos mencionados a extraer términos como comunismo, socialismo, imperialismo, para construir un discurso estatal (su estructura y su signo político). Al final, se trata simplemente de la reproduction y validación de un discurso de estado. Esencialmente: un mix de estalinismo con cucharadas de jergas de participación popular latinoamericana.
    Ese es el marxismo en Cuba hoy.

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