Política en Cuba

¿La Iglesia Católica en Cuba es un movimiento social?

Por: Julio Pernús

En busca de dar una respuesta adecuada a la interrogante lanzada en este artículo, conviene recordar que la sociedad siempre es un cuerpo en movimiento, aunque en ocasiones se mueva a diferentes velocidades. Un movimiento social, a grandes rasgos, es la dinámica que se establece entre personas que tienen una asociación de intereses y aspiraciones, en función de un objetivo común.
Una pregunta interesante es cómo se construye el poder dentro de cualquier movimiento social, y es claro que esto ocurre, sobre todo, a través de las personas que habitan esos espacios asociativos, bajo un mismo fin.

Por lo general, el poder empieza a edificarse desde el ámbito personal. Esto, cuando se une con intereses sociales por donde pasan los objetivos de las diferentes organizaciones que componen la sociedad civil, puede concretarse en una acción política determinada.
Para la Iglesia católica es en extremo importante la noción de acompañamiento, sobre todo a los movimientos sociales que reflejan los intereses de los menos favorecidos económicamente. Por ejemplo, en los países de América Latina, que han dado un giro trascendente hacia la militarización de sus gobiernos como Brasil, el episcopado latinoamericano opta por propuestas de paz. De ahí su rol como mediador en casos como el de las guerrillas en Colombia o los movimientos indígenas del Ecuador o los reclamos de la sociedad civil en Nicaragua. El paradigma social que maneja la Iglesia católica en Cuba hoy es ver la política como una nueva forma de construcción humana y no perseguir su utilización como arma para tomar el poder.
Las instituciones eclesiales del país tratan de apostar por la reconstrucción de un imaginario colectivo representado por la construcción de una amistad social, priorizando el trabajo en redes, evitando la segregación de las ideas, bajo los intereses de una sola forma de pensar. En mi opinión personal, sí la Iglesia pudiese hacer un llamado nacional sería a recuperar la opción de diseñar un proyecto de país desde la pregunta: ¿cómo se puede ser feliz en Cuba? O bien, a pensar la Isla desde la categoría felicidad. Cualquier movimiento social, incluyendo los de orientación católica, debe pasar hoy por la globalidad, teniendo como herramienta infaltable las nuevas tecnologías.
La Iglesia católica, a mi entender, tiende a convertirse de a poco a través de sus instituciones en un movimiento social en Cuba, pero sin lograr aún posicionar sus ideas con la fuerza deseada en el imaginario cultural de la nación, al menos no como lo ha conseguido en varios países de América Latina. No todos los movimientos sociales se transforman en movimientos populares, ya que esta dinámica pasa por la definición conjunta de estrategias políticas. Habría que reflexionar como país en las exigencias que conlleva la construcción de una sociedad civil más plural. Esto facilitaría que instituciones eclesiales con un perfil de diálogo, se vieran interpeladas a ocupar con su accionar y voz propia la representatividad de un sector del pueblo que reconoce en ella, un actor de importancia o conveniencia, dentro de un gobierno municipal descentralizado que trata de aunar todas las manos para pensar la gobernanza local.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: