Política en Cuba

Facundo Regresa

Por: Jorge Fernández Era
Que todavía haya gente que opine que la TV Cubana no hace por mantener los espacios humorísticos y hasta fundar otros… Ahora mismo veo una cosita corta, pero graciosísima, que se llama Cuba en Directo. Me parto de la risa al percibir a una periodista haciéndonos creer que se encuentra por casualidad en las afueras del ICRT con el director del canal Cubavisión, Rafael Pérez Insúa («Va a entrar al edificio», dice). Este, sorprendido, jocosísimo y campechano, se dirige a ella: «¡Coño, qué bueno que voy a estar en Cuba en Directo!».
Al pobre tipo, que con el peso que tiene en la transmisión televisiva debe ser de los que suben en ascensor el edificio de Radiocentro, la reportera lo hace remontar, con el peso que tiene, la larga escalera, para que el público receptor vea lo sencillo que es. Y uno se carcajea, porque el uno de Cubavisión llega fresquito al piso superior a pesar de sus libras, y allí lo espera una trabajadora también campechana que le da un beso como si el director regresara de sus vacaciones, y todo se ve de lo más espontáneo, pero yo, escéptico como el personaje de Luis Silva, no me lo creo, y me mofo del guion, la escena puesta y las pocas luces de la muchacha, que hace de tripas corazón por que el directivo responda a la enorme cantidad de internautas que en redes sociales ha preguntado si burlarse de la Batalla de Cuatro Caminos es delito, contravención, indisciplina laboral o traición a la patria, sin que se moleste, claro está, alguno de los que sembraron el pasto y hoy siguen tranquilos en sus cargos, reinaugurando obras a troche y moche.
Pérez Insúa sella el clímax humorístico del reportaje cuando asegura que el actor Andy Vázquez no está sancionado, y que ha entendido y comprendido su error.

Andy usó el programa y el personaje que hace en función de un criterio personal. Y eso llevó a que se tomara una decisión con su participación dentro de la temporada que ahora se graba. Eso para nada le invalida —como se ha dicho— el acceso a la Televisión Cubana ni su participación en los espacios,

concluye el ya aspirante al Premio Caracol. O sea, que el televidente medio que somos, ese que desaprovecha la educación y superación gratuitas, tiene que colegir que el humorista mismo pidió lo suspendieran para tener un año sabático que dedicar a escribir líneas con el texto: No burlarme de las burlas de los que se burlan de los burlados.

Y como el Noticiero y la Mesa Redonda han hecho de nosotros personas perspicaces, tenemos que entender que el llamado en agosto en el Granma a los humoristas a que perdonaran al

personaje oficial, el cuadro político, el simple dirigente del barrio, el que alguna vez dirigió y ya no lo hace, e incluso los miembros de las instituciones del orden o la legalidad

fue casual. Que nadie buscaba un burdo pretexto para sacar del aire a Facundo, un personaje imprescindible en un espacio que ahora renace muerto, patético, cual caricatura de lo que no volverá a ser.
La pirámide hay que invertirla, Miguel, no solo en el tema de los salarios —le respondí en aquel entonces a Miguel Cruz, el periodista del órgano central del PCC devenido humorista en Cubadebate—. Los dirigentes están donde están gracias al pueblo, y no a la inversa. Usted nos está pidiendo que “peleemos limpio” (conoce el cuento, ¿no?). Ya no solo se nos sustrae la oportunidad de decidir mediante voto directo quiénes encabezarán el país, y nada ni nadie les exige rendir cuentas a sus elegidos, o no sufren en carne ajena los contratiempos de la mayoría: ahora tampoco podemos burlarnos de los “torpes, incultos, desfasados o tontos”, que los hay a granel. Y el periodista pide esto en un país donde ya las restricciones respecto al humor son de león pa mono: menos programas humorísticos televisivos y radiofónicos, menos publicaciones, cero grafitis… Por restringir ya no tenemos ni caricaturas de los que gobiernan, una tradición que existió en Cuba desde la colonia. El tema pasa por el hecho de que nunca será una sociedad sana la que obliga a sus ciudadanos a reír puertas adentro con chistes que se inventan como válvula de escape, para robustecer la doble moral a que obliga a vivir el silencio.
Insúa insinúa que está ahí para potenciar contenidos interesantes que contribuyan al crecimiento individual de los cubanos. Y por mi madre que agregó: A Cubavisión le queda clara la importancia que tiene ese programa en el abordaje de temáticas medulares para el desarrollo de la nación. En aras de ello no parará hasta lograr en Vivir del cuento un consejo de vecinos que se mude de una vez y por todas a ese barrio virtual que les construye la Televisión Cubana, con cero contradicciones y carencias, con muchos sí y ningún no, con Pánfilo orgulloso de su (des)esperanza.
Facundo no ha desaparecido de la pequeña pantalla, mucho menos sancionado. Castiga todos los días. Es varios a la vez. Nos hace la vida difícil, se ríe de nuestra paciencia y goza con la suya. Se apresta a entrar al ICRT por la puerta de M. Para la farsa cualquier programa sirve.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: