crítica social en Cuba
Política en Cuba

Hacer la crítica

Por: Miguel Alejandro Hayes Martínez

 

Hace algún tiempo, un discurso proveniente de la cima de la dirección del país hablaba de ser crítico. Luego se puso de moda, y semejante condición era bien vista entre revolucionarios. Parecía ser el advenimiento de una nueva forma de asumir la política.

Sin embargo, tal condición no pudo ser comparada con el dorado mucho tiempo, el discurso cambió, y muchos de aquellos carros críticos ya no podían detener su camino. Se le había dado a la crítica, sin darse cuenta, un sentido propio de existencia que ya no se podía detener. Hoy en un ambiente tan aparentemente diferente, esta es tachada de oposición. Quizá sea para un revolucionario muy importante delimitar donde empieza una y donde termina la otra.

La crítica como toda actividad humana, tiene sus límites, está sujeta al entendimiento y a ser sobrevalorada. Algunos han atribuido un papel excesivo a la crítica, que incluso Marx se cuestionó al afirmar que esta no es lo que mueve las sociedades.

Por otro lado se corre el riesgo de caer en la metafísica de la crítica, es decir, la crítica por la crítica. Aquí, ella se convierte en su propia razón de ser, asumiendo una aparente vida propia. Al convertirse en actividad humana, al igual que cualquier otra, se reproduce  a sí misma y se convierte en el modo de vida del hombre que la ejerce.

Lo que habría que preguntarse es por qué aparece la crítica social. Tal y como existe el médico, el biólogo, el economista, y a su vez han desaparecido otros como el alquimista o simplemente el limpiador de botas, toda actividad generalizada en la sociedad aparece cuando esta lo necesita, es decir, sus contradicciones se ven  “resueltas”, -se liman un poco en realidad-, en ella. Es algo tan sencillo como entender que en el feudalismo no existían economistas, y que no aparecieron estos hasta que no hicieron falta a determinado estadio social.

Es por eso, que ante el surgimiento de la crítica-actividad del ejercicio de criticar-nuestra sociedad, es muy natural pensar que era una necesidad social su aparición. Hoy, al igual que en ese momento de apertura, siguen manteniéndose muchas de esas problemáticas que terminaron por dar un filo a la crítica. Se podrán usar muchos criterios, pero considero que lo principal era que la revolución podía dar espacio a una pluralidad de criterios dentro de las mismas filas revolucionarias a la par que podría nutrirse de esto en el proceso de la toma de decisiones, así se podía contener el estado de opinión contra ciertas fallas del proceso y encausar esa misma energía hacia el mejoramiento, aportando ideas y señalamientos. La Revolución sigue necesitando esa crítica desde adentro por las mismas razones que cuando se le abrió paso a esta.

Por otro lado, cierta falta de tolerancia lanza la acusación de opositor a todos los no autorizados a criticar. Sin embargo, la delgada línea debe delimitarse muy bien. La oposición sin duda alguna, aboga por cambio de gobierno; la crítica, por una mejora de este. Sé que pueden confundirse y por eso aclaro. Quienes hacemos crítica revolucionaria sabemos que no hay nación fuera del proyecto revolucionario, pero también sabemos que dirigen hombres que cometen errores, y justo por salvaguardar la obra de esta revolución es que debe señalarse cada uno de ellos.

Suelen oponerse a esto, élites burocráticas, que ven reflejada su ineficiencia y amenazado su puesto con tal ejercicio del criterio.

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