Política en Cuba

Justo ante todo

Por: Ulises Padrón Suárez

El febrero de 2011 fue uno de los meses más fríos de los que tengo memoria. Ese mismo mes comencé un taller sobre derechos sexuales para jóvenes. Éramos como una treintena de personas, estudiantes universitarios en su mayoría, que descubríamos un “algo más” y un “más allá” de la sexualidad. Recuerdo que vocablos porosidad, ósmosis y humedad se adhirieron a mí lenguaje para explicar(me) la relación tensa entre sexo, orientación sexual e identidad de género. Ese mismo año se creó la Red en la que milité y despertó el Ulises activista y en la cual me permitió conocer las desigualdades, los sacrificios, las luchas de muchos activistas en Cuba a través de la isla. Tuve la dicha de compartir con gente que hoy siguen realizando sus proyectos y dejando todo a favor de la equidad. Luego de graduarme trabajé en una institución en la que compartí con personas que, sumando su experiencia y años de labor en el compromiso social, han permitido ampliar el saber científico en torno a la sexualidad. Entre esos nombres imprescindibles se encuentra Mariela Castro, Yasmany Díaz, Ada Alfonso, Alberto Roque, Camilo García, Alain Darcout y otros. Todos en una misma sintaxis. Sin sus conocimientos, convivencias y afectos tal vez no fuera el Ulises de hoy.

Ayer Otaola intentó absorber toda la atención por el 11M. En su show además de los invitados, de un mismo posicionamiento político (al menos debió ser más plural), hizo declaraciones y peticiones alejadas de la convocatoria de su programa. Su histrionismo para abordar la política, su simplicidad en sus argumentos y su incitación al odio lo alejan de una semblanza de Cuba más heterogénea.

Desafortunadamente, existen activistas que para encontrar un sitio dentro del movimiento LGBTIQ cubano se basan en una negación del otro. Hacen lo mismo que denuncian. El activismo por los derechos humanos no empieza con el Cenesex y a lo largo de estos años, son muchas, muchísimas, las voces. Anular la gestión del Centro y el activismo que promueve constituye una actitud infantil y peligrosamente ideológica.

Por eso, no comparto y denuncio cualquier complot politiquero que pida la renuncia de la directora Mariela Castro y cancelación de visas a trabajadores y activistas del Cenesex. Es un acto inmoral y de mi parte poco ético no posicionarme públicamente. Intento siempre ser justo aunque algunos piensen que la justicia está sobredimensionada.

El saldo positivo de ayer fue que hay más voces y perspectivas del movimiento cubano LGBTIQ, de la que los extremismos pueden dilucidar. Aún nuestros cuerpos, deseos y disidencias necesitan el tan ansiado diálogo. Construirlo desde el respeto permitirá avanzar en la conquista de nuestros derechos.

P.S. No tengo intención de responder, siéntase libre de descargar su odio.

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