Política en Cuba

Las guerras fraticidas

Por: Yassel A. Padrón Kunakbaeva

Muchas veces en el seno de los procesos revolucionarios surgen luchas intestinas entre aquellos que se supone tienen el mismo objetivo. Las contradicciones por motivos de teoría, de estrategia o de táctica, que deberían ser resueltas a través del debate transparente entre camaradas, en ocasiones son motivo del surgimiento de resentimientos personales que llegan a ser más fuertes que el odio al adversario. Es entonces cuando surge la común figura del caudillo patriarcal, al que no le tiembla la mano para usar la violencia contra sus rivales dentro del mismo movimiento liberador. En su enceguecido odio, el fratricida irá por encima de cualquier obstáculo para acabar con otros revolucionarios: será capaz incluso de darle candela a los territorios liberados en la lucha común.
No he entendido nunca la cruzada de La Pupila Insomne contra Harold Cárdenas y La Joven Cuba. ¿Qué es lo que no le perdonan a Harold, que se abstuviera de apoyar la campaña contra el centrismo? ¿O es que, al verlo con una beca en New York, han perdido la fe en su “pureza moral”? Supongamos que Harold haya cometido algún error: ¿Es que eso no forma parte de la vida de los revolucionarios? No creo que ninguna causa racional pueda justificar el encarnizamiento con que se ataca a un joven que le ha dedicado tanto esfuerzo y tiempo de su vida a servir a la Revolución Cubana.
Parece que hay muchos por aquí a los que les gusta tener los ojos vendados para no ver lo evidente. Si Harold Cárdenas fuese un traidor no sería parte de un proyecto como La Joven Cuba, en el que se hace una contribución diaria al desarrollo de la cultura de izquierda. Todos los principales valores de nuestra herencia histórica revolucionaria son puestos en práctica diariamente en ese blog. No es cierto que sea un sitio donde solo se hace una crítica insidiosa. Para los atacantes, lean, por favor, La Joven Cuba, y pregúntense de qué modo el imperialismo puede beneficiarse con la existencia de algo como eso.
El conflicto de La Pupila Insomne con Harold Cárdenas, que ya dura sobre los dos años, no le presta ningún servicio a la Revolución. Critican al joven que se fue a cursar una beca de maestría a los Estados Unidos, y que no dejó por ello de participar en la defensa del proyecto socialista cubano, mientras son insensibles para el fenómeno de la gran cantidad de jóvenes graduados de cualquier carrera que salen del país todos los años, con intenciones de no volver. Todos los interesados en que en Cuba haya socialismo deberían trabajar juntos en luchar contra el sinnúmero de circunstancias que alejan el cumplimiento de esa utopía. El verdadero enemigo está en la calle: es esa cultura consumista, banal, hedonista, posmoderna, reguetonera, que amenaza con adueñarse del alma del pueblo cubano.
Desde hace meses no puedo ver un programa de La Pupila Asombrada sin que se me quede un sabor amargo en el espíritu. Me pregunto: ¿Ésta es la misma gente, esa, a la que no le tiembla la mano para dividir a lo que queda de izquierda espontánea en Cuba? Es hora de parar esta guerra fratricida, que sigue escalando sin que nadie mida los daños que se causan en todas direcciones. Si seguimos por este camino, antes de que nos demos cuenta vamos a dejar un campo lleno de víctimas. ¿Para qué?
Les dejo algo de tarea. Piensen en qué diría Rubén Martínez Villena de todo esto.

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