Política en Cuba

Los hay que

Por: Miguel Alejandro Hayes
En tiempos de pandemia se ve más la televisión cubana; sobre todo, los partes de las once, las mesas redonda y el noticiero.
Los discursos de dirigentes cubanos que ahí veo me confirman algo: una difusa línea separa la práctica de dirección(1) de la práctica política (2). A veces parece que se pondera lo segundo.
No es nada raro encontrar un pez gordo (que casi siempre el adjetivo es literal) hablando en determinados contextos de que hay que. Sí, de que hay que aumentar la productividad, hay que trabajar con más entusiasmo, hay que reforzar el trabajo en…, hay que lograr…


Tienen un alto sentido del deber ser, digo yo. No todos son así, pero estas líneas son sobre los que sí lo son.
Como canciones de trabajo modernas (esas que cantaban los esclavos), en sus discursos públicos son visibles los llamamientos a obtener un mayor fruto del esfuerzo: a veces haciendo referencia al trabajo directo, otras, tienen un mensaje que lleva implícito cambiar la propia organización de este. Es decir, hay cuadros invitan a producir más y a lograr cosas que solo son posibles cambiando estructuras productivas (que nunca eso está en manos de los trabajadores).
Alguien tiene que decir esas cosas, claro. Pero si un alto cargo nacional o provincial del partido, a veces hasta un Ministro, frente a un auditorio se pone a decir que hay que, ¿dónde quedó el ejecutivo de un país que se reparte en la duplicidad de un gobierno y un partido? De repente, algunos dirigentes hablan como simples arengadores, agitadores de las masas. ¿Quién dirige entonces? ¿O para esos casos no dirigen y se limitan a los hay que en vez de decir vamos a, o los tradicionales estamos trabajando en?
Más allá de la legalidad de las competencias de cargos, resulta necesario evaluar a si los políticos cubanos (traducido a la nomenclatura pesepista de cuadros) los necesitamos para ir a alguna provincia o al congreso de más cual organización a decir lo que hay que.
El hay que todo el mundo lo sabe porque es el mismo de hace años (y esa manera de agitar ya no funciona, al menos como antes). Lo más probables es que necesitemos dirigentes que, si no pueden legalmente cambiar mucho (aunque los cambios aquí no dependen de la legalidad precisamente), que al menos se esfuercen en conducir o estimular soluciones administrativas y técnicas a los problemas del funcionamiento del tejido productivo cubano (que va más allá de los bienes de consumo).
Lo curioso, es que los hay que aparecen ante problemas no resueltos y no suelen usarse de antesala para un empoderamiento de organizaciones (las de siempre y las posibles emergentes), grupos o iniciativas ciudadanas de cualquier índole.

Notas

(1) Dirección en el sentido estricto, incluso asociado a sus cuatro funciones.

(2) Práctica política entendida como la posición o el discurso explícito hacia el signo político del estado. Es decir, la práctica política entendida en un sentido estrecho de trabajo ideo-político.

Un comentario

  • Antonio

    Hace mucho que el discurso quedó falto de contenido pero se sigue repitiendo hasta el aburrimiento. Hacen el ridículo todos los llamados dirigentes a cualquier nivel dando “instrucciones” que reiteradamente no se han cumplido. El sistema no ha funcionado ni va a hacerlo por mucha saliva que se gaste. No es creíble que vaya a obtenerse lo que con mejor disponibilidad de recursos no fue posible alcanzarse; si el mismo asunto se repite pues mucho menos. Lo que pretende imponerse puede funcionar un tiempo pero a la larga se torna inoperante. En el caso de la agricultura puede citarse que entre todos los funcionarios de las estructuras de la llamada ANAP no puede encontrarse el propietario ni de un miserable metro de tierra. Cómo puede ninguno de ellos interpretar el sentir de los que trabajan la tierra. Pero de eso nada va a cambiar, todo será lo mismo. Saludos.

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