Política en Cuba

Desfile pa los mikis y pa los repas

Por: Ariel Pierucci

“El desfile estuvo repa”. Así se refería a la última Marcha de las Antorchas uno de sus asistentes. La frase es muy interesante, pues valoraba desde un estereotipo contemporáneo uno de los más famosos actos político-ideológicos de nuestra historia. Igual de interesante resultaba quien la dijo: un joven que asistió al desfile, y mejor aún, le gustó, al punto de que le hiciera emitir un criterio desde el sistema de valores del estereotipo al que pertenece. Pero no solo repas marcharon este 27 de enero. El miki no faltó, y los llamados pijos estuvieron de plácemes. Sí, esta última Marcha de las Antorchas tiene el mérito histórico de haber permitido la confluencia de identidades juveniles muy diferentes que llegan a no soportarse, pero que se toleraron, y mejor aún, disfrutaron haber ido.

Lo antes descrito, hace pensar sobre el estado en el que se encuentra la motivación en los actos políticos protagonizados por jóvenes, y provoca la siguiente pregunta: ¿qué motiva a un joven a asistir a un acto político-ideológico?

El día 27, vi a muchos de los que se dirigían al desfile, y todos tenían algo en común: estaban contentos. Y su alegría se debía a que querían ir a donde iban. Coacción, no llegué a ver, deseos y expectativas, sí. Aquellos muchachos, estaban motivados a asistir. ¿Por qué? Porque -como me confirmaron algunos estudiantes a los que pregunté- se iban a divertir. La diversión, era su principal motivación que, por suerte para ellos, y por desgracia para la Marcha de las antorchas, estuvo garantizada. Hecho este que permite afirmar que el principal motivo que tiene un joven para participar en un acto político-ideológico, es la diversión.

Entra entonces en juego un rasgo típico de la cubanidad, el de la búsqueda del disfrute, que ha dado lugar al enmarcamiento del cubano en el estereotipo de gozador y cumbanchero. Sobre esta cualidad mucho se ha escrito, y hasta se han intentado poner en práctica proyectos que la contuvieran o eliminaran; pero tanto teorías como políticas han fracasado pues solo han emitido criterios desde el lado que tildan de negativo. Pensar solo desde esa óptica es inútil, pues en Cuba lo festivo tiene fuerte presencia, tanta, que incluso en lo solemne no se ausenta, sino que se mueve en un rejuego de superposición de uno por otro. Esa, ha sido la particularidad de nuestra historia, en la que, las más grandes proclamas se han realizado precedidas de gran bullicio, pero que se han podido realizar precisamente porque los que en ellas han participado han sabido transitar de la fiesta a la seriedad con total naturalidad. Devenir este que ha sido posible porque a los que festejaban, nadie les organizaba la fiesta.

Todo lo contrario sucede en los actuales actos político-ideológicos, donde el festejo, uno de los principales componentes de los actos publicos cubanos, es montado por los organizadores. De esta forma, los asistentes sólo cumplen un rol preconcebido, no crean su propia fiesta, y por ende no pasan por el proceso decisorio de sustituir lo festivo por lo solemne, para así protagonizar ambos por su propia decisión.

El problema de la motivación política de los jóvenes, no se encuentra en que solo les interesa la diversión, sino en que viven una diversión que no es suya. Elimínese la celebración planificada y poténciese la espontánea, y así tendremos jóvenes que asistirán a los actos y concentraciones, no como mikis o como repas, sino como sujetos que elegirán por sí mismos la participación.

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