Política en Cuba

No ver el bosque

A propósito de la separación del marxismo y el leninismo en la Constitución

Por: Miguel Alejandro Hayes

Recibí con beneplácito la separación del marxismo y del leninismo en el texto constitucional. Reconozco el carácter bienintencionado y el logro que representa esa modificación, pero sin dejarme llevar por la euforia, me pregunto si esto es un paso significativo para la salida del dogma.
Asumamos el hecho de que el marxismo es muy variado, por lo que si se menciona en la Constitución, debe ser con el mayor espíritu inclusivo, lo que implica reconocer como marxistas a corrientes distintas del leninismo. Se harían formalmente válidas otras tendencias que incluirían al freudomarxismo, al analítico, y hasta otros que pueden ser políticamente polémicos como el marxismo-libertario, o el luxemburguismo -que fue muy crítico con el capitalismo de estado que planteaba Lenin-.

No creo que la redacción constitucional propicie esa inclusión con efectividad, ni que se logre su efectiva materialización, ya que hay tendencias que pueden ser contrarias -dado el carácter altamente politizado al interior del marxismo- a las posturas “marxistas” oficiales. Es decir,

reconocer y aceptar los marxismos, implica dialogar con todo un abanico de posturas teóricas y políticas marxistas que van desde anarquistas hasta socialdemócratas.

¿ Es eso lo que busca la constitución? Quizás proliferen criterios discriminatorios a lo interno del marxismo, donde los adeptos al oficialismo renovarán su vocabulario estigmatizante, en sustitución de viejos calificativos -disidentes, socialdemócratas y centristas- por otros -trotkistas, libertarios, consejalistas-. Digo esto, teniendo en cuenta que cualquier pensamiento puede autodenominarse marxista, y a menos que se piense en el sinsentido de constituir una instancia administrativa que determine qué es marxista y qué no, cualquiera de los principios de estos deberían ser admitidos eventualmente.
Otro punto a esclarecer, es si el marxismo a que alude la constitución, pretende guiarse por Marx, o por las interpretaciones difundidas sobre este. La diferencia es significativa.
Para muchos no es lo mismo ser marxista (que estudia y lee a los seguidores, intérpretes y continuadores de Marx), que ser marxiano, marxista clásico, fundacional (que va directamente a la obra de Marx).

Desconozco si hay una intencionalidad en la Constitución de ponderar al marxismo por encima de Marx; si desconoce las diferencias y por tanto, los toma como lo mismo; o si pretendía referirse a Marx, pero lo cierto es que ello tiene implicaciones.
Dado que Marx es un autor (en el sentido foucaultiano), las lecturas a este devienen en múltiples, pero con repercusión sobre la ciencia social:

leer Marx puede derivar en nuevos marxismos.

Entonces, tiene visibles implicaciones el que nos guiemos por uno o varios marxismos a la vez (a ver cuándo sirve uno y cuando el otro), el que seamos el país que más marxismos genere (porque mucha gente lea y use a Marx como guía), o que se combinen los marxismos ya establecidos con todos aquellos que produzcamos en Cuba.
Todo lo que he mencionado aquí de seguro parece extraño, pero es lo que debería pensarse al ser consecuentes con ese marxismo de la constitución. Veamos por qué.
Imagínese que en la Constitución se mencionara, en vez de marxismo, física, matemática, biología, cibernética, ciencias de la información, etc, que nos guiaremos por los principios de cualquiera de esas ciencias. ¿Suena extraño, e imposible no?
Carece esto de coherencia, ya que las ciencias no suelen ser homogéneas a lo interno. Cualquiera de ellas alberga en su interior diferentes paradigmas, puntos encontrados, corrientes, mucha diversidad en resumen.

Podríamos entonces preguntarnos, qué consecuencias traería aparejada, una eventual violación de los principios de esa ciencia, en la nación que la tome como guía.

Ilustremos con un ejemplo: si un país se guiara por la física, ¿qué paradigma asumiría de esta?, ¿uno para cada circunstancia? Y si alguna política social o conocimiento, no cumple o contradice a la física, ¿que pasaría? Igual podría pensarse para un caso con las ciencias de la información, o cualquier ciencia, sin importar cuál.
El sinsentido que presento aquí, como parte de un mundo al parecer distópico, es el resultado de implementar consecuentemente la idea de que una nación se guíe por una ciencia (sin importar su naturaleza).
Resulta que el marxismo también es una ciencia, de ahí que unas líneas atrás construyera un posible escenario para este, para tener idea de cómo sería una Cuba donde la ciencia marxista esté elevada a la constitución.
Las mencionadas implicaciones de incluir al marxismo en la Constitución, no ocupan espacio en la proyección de la realidad cubana luego de la implementación de esta, claro está,

porque la presencia del marxismo en la Carta Magna no tiene una connotación científica, sino ideológica, o mejor dicho, de ideología política.

Solo así puede tener sentido que este ahí -y así está puesta-.
Entonces, el marxismo es tratado como ideología en la Constitución.
Resulta que uno de los “aportes” del marxismo-leninismo -la versión dogmática, de la cual se intenta librar al marxismo en el acto de quitarle su apellido leninista-, es haberlo convertido en un marxismo ideológico, según señala el destacado marxista Michael Heinrich. Para él, dicho marxismo no es más que un reduccionismo del pensamiento de Marx, y convierte sus ideas en un discurso de validación de los intereses de la vanguardia, y para justificar sus decisiones, y que no es más que un marxismo sin Marx. Por suerte, estás ideas ya están algo difundidas.
Parece que los árboles aún no nos dejan ver el bosque. Aunque se agradece la intención, y hay quienes piensan que es un gran avance para librarnos del marxismo-leninismo (dogmatismo estalinista)-, seguimos dándole una connotación ideológica al marxismo, un rasgo marcadamente estalinista, y que resulta parte esencial de esa construcción teórica.

Versión original publicada en La Joven Cuba

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