Fotografía: Wendy Pérez Bereijo
Política en Cuba

Mis circunstancias y yo

Por: Miguel Alejandro Hayes

Quizá escriba pasado de tono, no lo voy a negar, pero tengo un buen motivo para hacerlo. No sería la primera vez. Se puede notar también cierto resentimiento, molestia e incomodidad en alguno de mis textos. Quizás debiera moderarme para mantener una cierta diplomacia.
Este es uno de esos momentos en que me cuestiono lo que escribo, no por su contenido, sino el ¿para qué sirven? No dejo de pensar en un artículo de Esteban Morales, y repetirme la pregunta ¿quién me lee? Por instantes tengo en cuenta la opción de que todo esto de escribir sea solo un juego, un ejercicio para insertarse en una endogamia de un grupo cerrado y parecer un tipo valiente que burla la censura y la indiferencia de los medios oficiales- que es lo mismo-, y despierta de su sueño sublime a los censores -algo así como Librepensadorman.
Esto me lleva a los medios independientes.
Sé que todos los medios crean siempre estados de opinión, pero los independientes, ¿a quién? ¿para qué?
¿Qué escriben?
Encuentro gente con comodidades, que vive fuera de Cuba, otros que viven aquí pero lo hacen con ciertas facilidades y en mejores lugares. Otros reciben dinero del exterior, algunos tienen negocios o familias que los sostienen para “darse a esa vida del pensar”. No dudo que haya quien pase su trabajo, y que dadas sus capacidades podría estar mucho mejor, pero no se les ve en tan grave situación. No digo que sea malo estar bien.
Tal vez por eso, la ausencia –o la falta de peso – de algunas cuestiones. Nos atragantamos en disputas ideológicas, políticas, administrativas, macroeconómicas, onomatopéyicas, en fin…y eso es una señal de la matriz clasista de las redes. La historia del pensamiento es la de los hombres que lo pensaron -las preguntas de un pensador dicen mucho sobre él. Entonces, ¿cuáles son los problemas que ocupan la mente de los que escriben?
La ausencia de temas: la situación con los materiales de construcción en La Habana, las condiciones de limpieza –por no hablar de la higiene- de algunos hospitales de la capital (dije limpieza, porque para tirar agua no se necesita levantar el bloqueo), el hecho de que para hacer trámites de vivienda haya que pagar, los niños recogiendo basura en La Habana, la pobreza que asusta; cosas estas que nadie me contó, sino que he podido verlas y están ahí, solo hay que acercarse.
A lo mejor estos son temas muy simples, conflictivos, muy vulgares para escribirlo y de poco monto intelectual. Puede ser también que quienes escriban no tengan que chocar con esos problemas, o si los vivieron ya los olvidaron, o pasan y miran para el otro lado. Lo que resalta es que esos fallos de nuestro sistema son típicos blancos de ataque y fuente de artículos que nuestra desvergonzada disidencia aprovecha y expone. No sé si es que la disidencia se apropió de ellos o porque escribir de eso te convierte en disidente.
No sé si es que se desconoce la triste realidad o no conviene abordarla. ¿Cómo se reacciona correctamente ante ella, ante los que la desconocen, ante los que la ignoran?

Frente a desfavorables panoramas sociales -frente al desastre nuestro de todos los días- están los que prefieren creer que es pobre aquel que no ha trabajado lo suficiente,el que no se ha esforzado lo suficiente.
¡No!
No soy malthusiano y mucho menos neoliberal; ¡soy marxista!, por lo que sé que todo ello es generado socialmente por nosotros aun con el bloqueo- así que se puede cambiar. Comprendo el carácter clasista de la ciencia burguesa, que sirve para justificar los defectos de una sociedad sin culpar a la clase dominante, mejor adaptada, dirigente. Entonces, cuando se dice que en Cuba los que no tienen nada -o ganan menos- es porque no trabajan, no me dejo engañar y recuerdo que he visto tantos que trabajan tanto, que lo han hecho toda su vida y no tienen nada- y otros que no trabajan nada y lo tienen todo.
¿Acaso venir de una familia humilde, de obreros, campesinos, milicianos, alfabetizadores, sin más pena ni gloria, sin más reconocimiento que las medallas de destacados, me acerca más a los de abajo, a los intereses de nosotros, que a los de las castas?
¿Por qué no denunciar algo realmente injusto? El tiempo, espacio y lugar que se requieren para hacerlo no son estáticos, los espacios sociales se reconfiguran en cada época, y la nuestra exige hacerlo en las plataformas digitales. Temo que se prefiera callar, antes que ser responsables y exponer todo cuanto esté mal; que se pondere a la vanguardia -si es que existe- por encima de las masas.
A veces veo más solidaridad con los cubanos que vivieron en la época de Batista que con los que vivimos en esta; nosotros, que pagamos con nuestro comprometido silencio -resultado de invocar al «disciplinado y obediente revolucionario» que llevamos dentro- la supervivencia de una vanguardia que a menudo solo lo es formalmente, afirmada a sí misma como como abanderada de la Revolución, es decir, como la única barrera ante la vuelta de aquellos nefastos tiempos.
Yo sigo creyendo que debemos temblar de indignación cuando se comete una injusticia, sin importar quien la hizo. Por eso agradezco a quienes ejercen el valiente ejercicio de la crítica revolucionaria, la cual no es solo mirar la contracción y el bajo crecimiento económico -esos son reflejos que hemos construido del problema- sino el precio del plato de frijoles, que importa más. Nuestra urgencia -y no se sienta aludido quien ya lo hace- es, desde espacios revolucionarios e incluso, algunos que no lo son tanto- ir más profundo, trascender esa historia de grandes hechos y acontecimientos y mostrar las pequeñas historias, esas que, quién sabe, no sean dignas de la academia y la intelectualidad, esas de las que la disidencia en parte se ha apropiado, pero que son la verdadera historia.
Mi cercanía a esas pequeñas historias que muestran la cara más dura del precio que se paga por tener el país más simbólico del mundo. Yo también soy yo y mis circunstancias; no puedo escapar de ellas.

6 Comentarios

    • Hayes Martinez

      Gracias Bety. Es un texto que tiene ya varias meses, pero como reiventarse está sobrevalorado y a veces sí ha y que hacer lo mismo, decidí compartirlo de nuevo. Pero si la sensación es que lo escribí cercano en el tiempo, se puede confirmar que las circunstancias no han cambiado mucho.
      Sobre la energía… No sé si se note, pero fue un texto que escribí molesto, muy molesto. Fue un texto que en la edición se me perdió y tuve que reescribir de 0. En fin, una nublada reflexión. Espero que sirva de algo. Un abrazo

  • Silodigo mejoden

    Hoy, cuando la mentira baila en los.medios de difusion cubanos, falta moral y principios, y todo lo que se dice esta regido por un dogma militante, se requiere, de puños como este,.pensamiento limpio y honrado, para matar a gigantes.

  • Aragorn

    Muy bien el artículo, estoy totalmente de acuerdo contigo en que más allá de ideologías, debe quedar atrás toda la estela de silencio con la que hemos tenido que lidiar. Si algo está mal se dice, y nada hará más daño que alimentar el silencio, o la inercia. Hay que hablar, porque hay mucho de que hablar, en cada esquina, en cada viaje, en cada terminal encontramos desastres, que al igual que el de la limpieza, van más allá del bloqueo.

    • Hayes Martinez

      Gracias. Las palabras de orden deben ser reflexión y diálogo.
      Pero también es muy importante desmontar la auto censura, que es la peor de todas.
      Saludos.

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