Política en Cuba

El riesgo de las consignas

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Leí hace unos años, en un sitio web, la historia de un piloto que hizo una complicadísima maniobra con su avión comercial. Evitó que este se desplomara por un desperfecto en el timón de profundidad y logró un magistral aterrizaje de emergencia.

El piloto primero fue recibido como un héroe. Cuando los investigadores de la aerolínea y el fabricante del aparato revisaron las causas del incidente, le reprocharon al piloto que había ejecutado el modo más complicado de evitar la catástrofe, que ese modo había resultado en el susto de dos pasajeros y que estos habían muerto de un ataque al corazón. Los expertos coincidieron en que el timón de profundidad se había atascado en cierto mecanismo ubicado justo debajo de la cabina de mando y que hubiera bastado que levantaran cierta escotilla y lo destrabaran, y así hubieran aterrizado normalmente. Entonces los mismos que antes lo habían admirado, le recriminaban y exigían fuera enjuiciado por negligencia.

Una corte escuchó el criterio de los expertos: ingenieros mecánicos, diseñadores de aviones, peritos físicos, pilotos avezados, etc, y emitió su sentencia. Exoneró al piloto de cualquier responsabilidad. Ante el murmullo de desaprobación de los directivos de la aerolínea, el portavoz de la corte expresó: “Esta corte lo ha exonerado de cualquier responsabilidad, porque el piloto pensó, decidió y actuó en consecuencia con su rol en el avión, o sea, pensó, decidió y actuó precisamente como piloto”. “No le correspondía al piloto en esa circunstancia pensar, decidir y actuar como mecánico de aviones, eso les habría correspondido a otros que incumplieron con sus obligaciones en tierra, y que son los verdaderos responsables de esas muertes”.

En Cuba, tal vez por tantos años de repetición acrítica de las consignas, vamos camino a confundirlo todo. Confundimos sistema sociopolítico con Revolución, gobierno con partido, país con nación, gobierno con país, Revolución con gobierno. El riesgo de la consigna es que simplifica el pensamiento ideopolítico hasta la necedad, como aquella estupidez de los noventa de: “el que no brinque es yanqui”.
Yo no quiero ni me interesa pensar como país en tanto pensar como país se considere coincidir acríticamente con el gobierno o el Partido, o atenerme al tipo de crítica que estos consideran “revolucionaria” sin rebasar los límites que establezcan. Yo quiero pensar como Giordan, como Giordan que asume la responsabilidad individual de, en aras de lograr la Cuba de sus sueños, tratar se no poner en riesgo la soberanía y el futuro del país. Y lo primero en tal sentido sería el reconocimiento de nuestra cuota de responsabilidad en el estancamiento socioeconómico de Cuba pero sin harakiris ni autoflagelaciones. Porque lo que es responsabilidad del gobierno, en tanto servidores públicos, es responsabilidad del gobierno. O lo que es responsabilidad de una empresa estatal, lo es, y hay que llamarlo con nombre y apellidos, sin cortapisas.
Hay una relación directa entre la disolución de la responsabilidad individual en la supuesta culpabilidad colectiva, y el trastorno de roles, la confusión de los roles, el caos, la falta de civismo y el oportunismo de muchos, incluyendo a dirigentes y funcionarios políticos y gubernamentales…
No se puede pretender que el policía deje de reprimir para que eduque, o que el maestro deje de educar para que reprima, o que el jurista deje de legislar para que administre, y el administrador deje de hacerlo para politizar. No se es mejor periodista porque se llame al gobierno a informar sobre una problemática con la esperanza de que resuelvan el problema y no verse obligados a autocensurarse o publicarlo, por ejemplo, porque ese no sería el rol del periodista.

Martí nos legó que culto es el hombre que hace bien lo que le corresponde, y no el que deja de hacer lo que le corresponde para hacer lo que le corresponde a otro. A mi lo que me corresponde es pensar como Giordan, y amar a mi pais como Giordan, y educar a mi familia en ese amor como Giordan, y actuar en consecuencia con ese amor y búsqueda de la Cuba de mis sueños. Y me correspondería trabajar con eficiencia en lo que sé hacer, si algunos de los que dicen “pensar como país”, no me hubieran dejado sin trabajo, y no me hubieran tratado de convertir en un paria o un asalariado del imperio, por pensar por mi mismo, y expresarlo.
Tal es el riesgo hipócrita de las consignas.

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