Política en Cuba

Sin tantas confusiones

Por: Mauricio Cifuentes Nodarse

Sin tantas confusiones
Iramís, me gustaría continuar la cadena que comenzaste con tu amigo, y responderte entonces tu artículo publicado en La Trinchera: ¨Una petición oportuna¨.
Hay conversaciones que se sostienen sentados, mientras uno rolea los dedos gordos de las manos, frente a la panza. Otras, sin embargo, hay que tenerlas de pie, para que se nos escuche mejor y el oxígeno fluya más en la cabeza. Para no quedarme sin hacer nada, mientras te comento un par de asuntos, partiré el pan pita y lo untaré con hummus, como dice un amigo mío.
Las conversaciones más difíciles son esas que tienen que tenerse en las locaciones más calmosas: ante el trino de unos pájaros, junto al crisol de colores, proyectado por el vitral colonial. Como si no pasara nada, como si todo estuviera muy bien, como siempre. No citaré aquí tu artículo completo, oración por oración. Para eso existe el milagro de la comunicación digital: los lectores interesados se remitirán directamente a él para enterarse de que va.
Hablaré de tu artículo como si hubieras representado una declamación infantil, en el matutino de la escuelita primaria. Primero, tu entrada, un tanto atropellada, como si te acabaras de bajar de un P9. Parece que golpeaste por error, al bajarte, a un matancero de nombre Franklyn Varela Delgado, que ha pedido asilo en los Países Bajos.
Ya se sabe que la parada estaba pelota, y la gente no se mueve, así que antes que todo, deberías disculparte con Franklyn por ese paux faux, ese haber confundido la ¨sencillez¨ de su artículo: “Por qué existe una campaña en las redes sociales #Ni1+?”, que refieres en el tuyo. No existe sencillez en este artículo, sino un cuidado estilo, donde las ideas son presentadas, sin mostrarse necesariamente una relación entre ellas, que podría considerarse una imposición de criterios.

Pareciera que le pasaste un poco por arriba, al artículo de Franklyn, antes de dormir.

Y no considerarlo necesario de respuesta, fue tu primer error. Yo investigué un poco más, al parecer, y descubrí que Franklyn apoya la causa LGTBI en Cuba, y considera la campaña del gobierno del artículo 68, un mecanismo de distracción e influencia sobre las embajadas occidentales, a la hora de ofrecer sus visados a los homosexuales cubanos, a los que no habría que tratarlos como minorías priorizadas. Yo también me considero un involucrado activamente en el contenido esencial del movimiento LGBTI cubano, porque viví a plenitud la vida homosexual, en Matanzas y La Habana, por alrededor de unos cinco años, de 2009 al 2014.

Conozco las realidades, y no se distancian necesariamente de esas que comentó Franklyn a CiberCuba.

A mí también me detuvo la policía en Varadero, y me llevó a la estación de Santa Marta. No andaba con carnet de identidad, dentro de los bolsillos de ese short de playa. Se hacía de noche. Dime tu nombre completo, me preguntó el policía: Mauricio Cifuentes Nodarse, le contesté. No me estés inventando cosas, me dijo con los ojos virados. Oficial, que ese es mi nombre de verdad, le respondo. Me dijo que tenían que transportarme, hasta que se verificaran mis datos. Habré dicho algo así como cochero a palacio, cuando me montaron en la patrulla.
A las dos horas, me soltaron. Sé que otros tuvieron experiencias más desagradables que la mía. Traté a muchos, muchos prostitutos, entre 2012-2014. Sé que existen criterios racistas, y de segregación, en los controles policiales. También sé que el que está en su casa, portándose bien, regularmente no tiene problemas. Conozco las dos caras de la moneda, y por tanto, estrecho tu mano y respeto tu opinión en este punto, Franklyn.
También leí la carta de Franklyn al Ministro Abel Prieto, donde protesta contra el decreto 349. En general, concuerdo con mucho de su contenido.

Que yo hubiera presentado las ideas diferentes, sí, probablemente sí.

Cuestión de estilo personal, de tonos en que se regule la posición. Yo, por ejemplo, no le escribiría una carta abierta a Abel Prieto. ¿De dónde lo conozco, por qué él leería algo que yo le escriba? A un desconocido, aunque sea figura pública, se le lanzan ideas breves, en forma de pregunta. Eso sí, probablemente, lo llegaría a contestar, de producirse correctamente los canales de información.
Yo también tengo un artículo, Franklyn, donde considero que en las condiciones en que ha sido redactado, el 349 no puede regularse. Si de mí dependiera, que lo derogaran mañana, porque ese decreto me parece el hijo mal nacido de una mujer adulta. Pero tampoco está en mis manos, y no depende solamente de lo que yo quiera, como yo lo quiera.

Existe una circunstancia, y es que el decreto ya fue aprobado.

Ahora queda ver cual será el siguiente paso, que opino que debe orientarse de inmediato a un diálogo con los inteligentes, preferiblemente no a puertas cerradas, como el de 1961.
Donde me costó partir el pan con Franklyn fue, precisamente en: “Por qué existe una campaña en las redes sociales #Ni1+?”. Con todo respeto, ahí falta la mitad de la historia, que estoy seguro que tú conoces muy bien. Si va a presentarse la información desde el formato de un reportaje, de una interpretación de la realidad, aunque sea sin el objeto de formar cadenas de relaciones, al menos debe darse el arquetipo de variables de la circunstancia nacional, lo más completo posible.
Existe suficiente bibliografía internacional, en los últimos cien años, que ilustra el diferendo Estados Unidos y Cuba. No se lo inventó la propaganda socialista: continúa siendo, tristemente, una realidad. No digo que estés obligado en tu artículo a narrarla tal y como te la enseñaron en tu escuela.

Nadie puede obligarte a eso: tu artículo es tuyo y de nadie más.

Pero sé que en ese estilo fino que te reconozco, había hueco para haber ampliado la circunstancia histórica cubana de los últimos años un poco más, no obviando las acciones del gobierno de Estados Unidos con el gobierno revolucionario cubano, en el contexto de la Guerra Fría, y en la etapa posterior, que nadie sabe bien todavía ni como se llama, pero donde se sigue practicando más o menos lo mismo. Con mayor discreción, quizás.
Otro nudo del que no logré zafarme con este artículo de Franklyn sobre el #N1+ fue su cierre, en esta frase, y cito: ¨El campo de batalla está en uno mismo; es ahí donde debemos empezar a actuar. En estos tiempos, la revolución comienza a nivel personal¨.
A mí me parece, y con todo el respeto, que la ciencia psicológica indica lo contrario: que el individuo debe apoyarse en la familia, como la estructura básica de la sociedad. Que los homosexuales seamos aceptados plenamente en la familia cubana, que logremos los mismos niveles de sinergia que hubiésemos tenido de haber sido parientes heterosexuales, ha de ser la meta del movimiento LGBTI cubano, al menos en esta etapa.
Aquí tienes mi ejemplo: logré representar en diciembre del año pasado una boda con mi novio, y el apoyo de cien amigos y parientes, después de haber estado convencido toda mi vida que esto me sería imposible, que yo había sido privado de un derecho elemental para siempre, que mi relación con mi familia quedaría deteriorada sin remedio, y para siempre, debido al entorno homofóbico en el que crecí en Cuba. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Lo hice en Panamá, donde resido, no en Cuba. Sin embargo, me sigo considerando un homosexual cubano, y mi pequeña victoria personal y familiar también la sumo a la del movimiento LGTBI de Cuba.

Asimismo, con todas las demás cuestiones de la nación: debate, consenso, aclaración, derecho a réplica.

Existen múltiples figuras de la retórica que ayudan a la comunicación entre los seres humanos. No imponer solamente el criterio de los más jóvenes, escuchar lo que los mayores, que vivieron otras épocas y otras realidades económicas y sociales, tienen también para decir. Sería muy aconsejable refrescarlas, como miembros de la comunidad bloguera.
Dicho esto, vuelvo Iramís a tu declamación en el matutino. Respondes al #YoVotoNo de Franklyn, con tu #YoVotoSi. La diferencia entre ambas respuestas recae en el hecho de que Franklyn si explicó su no, en su estilo personal de presentar sus ideas, y tu solo dijiste que sí. ¿Eso significa que tu sí es rotundo, a lo que venga, pa’ lo que sea, que no está condicionado por ninguna expectativa, ninguna proyección social tuya? Sé por supuesto que no es así, que tienes que querer que cambien cosas, como todo el mundo.
Ya no estamos en el matutino, realmente: en la blogosfera no se deben lanzar consigas por lanzarse, llaves que no abran ninguna puerta, que no den acceso a ningún rinconcito del pensamiento feliz. O puede hacerse, pero bajo la premisa de considerarse la presentación incompleta. Por último, y a modo de intento de gran cierre, el despliegue y desarrollo, de tus conceptos de izquierda cubana, a la que tratas, un tanto rampantemente, como a una Hidra de Lerna, un monstruo de dos cabezas. Que difícil discernir, definir. Los confundidos, ¿Quiénes son esos confundidos? Creo que esto una apropiación un tanto metafórica, donde se mete en el saco desde al ministro invisible y decente, que calla pero no roba, hasta al que roba desde la estructura que le proporciona el sistema, y tiene mil artilugios para escaparse de la justicia, y perpetuarse en su figura de personaje corrupto. ¿A estos personajes te refieres, quiero entender, en tu concepto de izquierda confundida? Pues no, estos son la derecha de viejo y nuevo tipo, dentro del aparato de la burocracia estatal. Se les llama termidorianos, no confundidos. Si alguien está claro, esos son ellos. O si alguien tiene el deber de estar claros, esos deberían ser ellos. Si dentro de ese saco, hay alguno que se considere confundido, pues que salga a generar estados de opinión, que consulte, que se apoye de la academia y la intelectualidad cubana para hallar las respuestas más satisfactorias.

Alegar negligencia por desconocimiento es una irresponsabilidad, una gran irresponsabilidad, de quien ostente hoy un puesto alto en Cuba.

Es en mi opinión una izquierda confundida todo aquel que, ya sea por formación propia, familiar, del entorno en que se desenvolvió, simpatizó en algún momento con el programa de ideas de la Revolución. ¿Con cual programa, con cuales de las ideas: las del 59, el del 61, el del 68, el del 71, el de 76, ¿y así sucesivamente? Es una buena pregunta, que no me tocaría resolverla a mí solo, que nadie ni aunque se lo proponga podría resolver solo.
Para eso está desplegada la intelectualidad cubana por todo el orbe, en todas sus vertientes. Sí, hay que entender quién está molesto y con qué, para que se puedan establecer cadenas de relaciones. Hay desde el que se considera separado de la ideología del proceso cubano porque no puede tolerar la corrupción, hasta el que considera que el Período Especial fue innecesario de la forma en que ocurrió, infligiéndole al pueblo cubanos unas draconianas condiciones de supervivencia. En el medio, cien mil voces más, con muchas quejas, con muchas preguntas, exigiendo en ocasiones su derecho a réplica. La confusión, en el caso de estos individuos, no viene dada por una incomprensión o el derecho a estar disgustados ante las disímiles aristas de la complejidad del proceso, sino por el poco conocimiento del espectro político cubano en su actualidad, que deja a muchos flotando, en una nada, a la espera de que un cocodrilo les muerda un pie.

Muchos sienten y callan, otros gritan y se les nota que parte de su queja contiene también la rabia de habérsela callado por tanto tiempo.

Hay que organizarse, perdonarse, entenderse hasta donde sea posible. Haber hecho por lo menos el intento. Si después de esa profunda revisión sobre las heridas de la ideología revolucionaria, después que se intenten llegar a puntos y acuerdos esenciales, a desarrollar progresivamente, etc. alguien considera que su puerto en realidad siempre estuvo quemado, que en realidad nunca tuvo chance de regresar desde su confusión, a intentar arreglar las cosas, bueno, ese ya se habrá pasado a la derecha. Pero al menos ya no lo habrá hecho desde las dudas y la rabia, o la etiqueta de pobre contenido teórico.
Ahora va a estar bien claro de lo que siempre quiso, en el fondo de su corazón, y dejó cubrir, quizás, con capas y capas de idealismos revolucionarios, que de igual forma ya no iban a florecer, tampoco.
Queda por último tu concepto de izquierda confundidora. Los que sí están claros, los que tienen la única intención de confundir a los demás. Quienes son, tampoco los nombras: describes, idéntico a como con tu prototipo de los confundidos, sus acciones más visibles. Nos dices, Iramís: ¨Se nos presenta como un cúmulo de teorías, plataformas de investigación, laboratorios, grupos de debate y campañas comunicativas, además de proyectos comunitarios¨. Ya nos habías aclarado antes que, además, lo hacían desde el disfraz de la izquierda. Solo te faltó decir, quizás: desde una otredad, aunque se infiere. Ese saco sí que me parece grande, y muy pesado. No señalas con el dedo, es cierto, pero nos da pase libre a nuestra imaginación, a meter a mucha gente ahí, a mucha gente. Desde al Dr. Fernández Estrada, que ha sugerido la recuperación de algunas herramientas de participación popular en la República, hasta a los aclamadores de la Constitución del 40, que incluye a varios juristas talentosos también. Mucha gente de prestigio en ese saco, mucho hijo de valiosos intelectuales y revolucionarios, mucho título y mucha obra publicada te vas a encontrar ente esos, los más activos, los más intelectuales dentro de la izquierda. Sí, muchos entienden su circunstancia, y preparan paquetes de educación jurídica popular, como lo fueron en su momento las lecturas del Tanque de Fernández Estrada, a principios de los dos mil. No tienen gruesos subsidios estatales, no les prestan locales para estas obras, que se sacan del lomo, de la voluntad de su conciencia social. ¿De verdad que tú crees que todos esos mecanismos comunicativos, de debate, que buscan entregar al pueblo las armas de alguna educación, de algún conocimiento teórico, sobre su circunstancia actual, son negativos, son confundidores? Si ese pueblo no conoce más, si no entiende bien de todos los temas que se le versen, y se confunde solo ¿es culpa eso de los que ahora proyectan actividades comunitarias, o de las escuelas donde educaron a esos que los escuchan?
De nuevo, la aproximación a ese grupo de confundidores, me parece incorrecto. Ahí siguen mezclados, los mismos de la izquierda confundida que he descrito arriba, quizás clasificados ahora en esos que toman acciones versus los que no lo hacen. Puedo separarlo, como tú sugieres. A este tercer grupo de la izquierda, tomando por primero a los termidorianos, y por segundo a los confundidos, podríamos llamarlos los educadores populares. Cabe acabar de entender qué es lo que quieren realmente, y por que algunos insisten tantos en separarlos de la izquierda, confundiendo a esta en ocasiones, únicamente, con los termidorianos y sus voceros muy puntuales, que no constituyen, ni de asomo, lo mejor ni lo más brillante de la intelectual cubana de izquierda, en su conjunto. Yo sé lo que debería querer un educador popular, no estoy diciendo que sepa exactamente lo que quieran estos, que no es lo mismo: elevar la calidad espiritual y cultural de la población, mediante el ABC de un contenido ético, moral y social. No hay que parar ahí, hay que seguir, pero por algún punto se tiene que empezar, y ese parece que es del que están partiendo estos, tus ¨confundidores¨. Es cierto, como no señalaste a nadie, ninguno tendría que sentirse obligado a responderte. El nombre del Dr. Fernández Estrada lo utilicé yo, en este artículo, y solamente como un ejemplo de la crítica a determinadas posturas desde la izquierda, de un pequeño sector de la blogosfera, el más dogmático, quizás, ese al que le andan preguntando por ahí, si se les montó el espíritu de la Buchaca, o de Mirtha Aguire, con el asunto del 349.
La historia cubana es muy compleja, porque no tiene dos días, y casi nunca se escribe muy bien ni muy completa. La misma carencia de dialéctica histórica que encontré en el artículo de Franklyn, hacia el pasado de la historia revolucionara cubana, resulta que también estaba en el tuyo, Iramís, aunque en menor escala, al querer ¨pasar agachado¨ a los termidorianos, embarajándolos en el saco de los confundidos, para que no les diera el sol en la cara, al parecer.
Este artículo tuyo me parece más que necesario, a pesar de todo y visto desde su conjunto, porque abres una puerta, que permite el acceso a unas sillas puestas en círculo, donde muchos podrían invitarse a pasar, sentarse, y ayudar a entender la problemática de la izquierda de Cuba. El de Franklyn, sinceramente, no lo llegué a entender del todo. Habla de un miedo incrustrado, una falsa verdad construida. Quizás es que me toca muy de cerca, porque yo nunca tuve miedo, ni me dejé construir otra realidad que esa yo veía en mi inmediato suceder. Al pan, pan, al vino, vino. Así conozco a centenares de cubanos, que se plantan con su verdad, con su arquetipo ético y moral, y dicen:

no, discúlpenme, usted me confude con otra persona, yo soy un ciudadano decente.

Ah sí, claro, a mí me mantenían, de una forma u otra, mientras yo viví en Cuba, quizás ahí radique la diferencia, no lo sé. Tenía esa libertad de ser quien yo genuinamente siempre quise ser, un continuador de la obra y la tradición intelectual de mi casa, proyectada también a mi país, y al mundo. Ningún funcionario mentecato, ningún policía mal educado y grosero, dejó una mota de polvo demasiado fea nunca, sobre la vieja capa de mi armazón psíquica. Aprendí a leer a los tres años, y participé en muchos concursos infantiles, en las bibliotecas de Matanzas. La cultura me hizo libre, y haberla compartido con mi familia, desde las visitas al teatro, hasta las lecturas de café, me otorgó una identidad, un sentido del deber y la cubanía, una honra ante mis ideas, mis actos y palabras. Allá del que haya cambiado el camino recto, el de las buenas costumbres y el saber estar bien, por alguna otra cosa, relacionada con el dinero, me puedo imaginar. Allá del miedo en el que ese camino haya atrapado a algunos. El que lo hizo por su familia, desde la decencia de ese diario de vivir, y por ayudarlos a mantener la felicidad de los miembros en su conjunto, no tendría nada que arrepentirse, ni a quien temer.
La circunstancia es la verdad, y la verdad siempre se enfrenta de frente, y de cara al sol. Despidiéndome de ti, Iramís, y deseándote que sigas escribiendo muchos artículos más, porque cada opinión teórica, cada granito de arena, de cada ciudadano cubano, instruido y decente, es más que necesaria en esta época, para que permita multiplicarse el debate.
Mis mejores deseos que tus asuntos migratorios se resuelvan muy pronto, Franklyn.

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