Política en Cuba

El mal de fondo

Cuatro puntos sobre el artículo “Progresismo” en Cuba y memorias del subdesarrollo

Por: Miguel Alejandro Hayes

No creo que yo pueda responder a todas las afirmaciones de “Progresismo” en Cuba y memorias del subdesarrollo, publicado en Cuba Socialista; es más, no creo que alguien tenga la paciencia para contestar todo lo que en ese texto se plantea, y el que lo haga, terminará por escribir todo un curso de ciencia política, o hasta de cómo leer a Marx. Por eso, me limito aquí a abordar lo mínimo.

1- El uso de las comillas

Cada vez que un medio partidista se va a referir a los espacios de publicación diferentes a ellos -y Cuba Socialista pertenece al Comité Central, además de que el propio partido fija los márgenes de censura-, emplean comillas para mencionar las condiciones de independiente, de plurales o alternativos, las cuales, si se es consecuente con el uso del signo en cuestión, pueden parecer puestas en duda. Por si fuera lo anterior solo un problema de interpretación, queda más claro en un extenso primer párrafo, y cito: la pretendida “pluralidad”.
Habría que pedir a las autoras que demuestren la pretendida “pluralidad”, y el hecho de ser “independientes” y “alternativos”, entre comillas. De seguro se refieren algunos medios en específico, pero todo queda así, como una generalidad abstracta. Se trata de una denuncia o un ejercicio intelectual serio, pregunto. En cualquier caso, quien acusa debe mostrar evidencias.
Y lo más importante, es que todo el artículo deja en duda lo que puede representar el ejercicio crítico en Cuba, o mejor dicho, descaracteriza la crítica no autorizada.

2- El proceso revolucionario

Las autoras -aunque intenten hacer lo contrario-, no salen de la línea de la consigna política. Le llaman “proceso revolucionario”, a lo que vivimos en Cuba. Sugiero ser más riguroso con la historia, ya que dicho proceso culminó con el fracaso del proyecto de industrialización y la sumisión a la división internacional socialista del trabajo, consolidado con la institucionalización. No se debe desconocer que las institucionalizaciones son señales, del fin de los periodos revolucionarios -de grandes cambios-, y del inicio de la normalidad y pasividad.
Pero, buscando criterios más empíricos… ¿desde que nube se le puede llamar proceso revolucionario a la supervivencia económica, al bajo poder adquisitivo de la moneda, a que la economía esté en manos de castas militares, a la alta burocratización, a la corrupción a diferentes niveles y a una segunda economía que pone precio a gratuidades y trámites?
Es válido y certero hablar de la duración de revolución como producto cultural, como símbolo, como discurso movilizativo y aglutinador, pero confundir eso con que estemos en proceso de tales cualidades es crimen de leso pensamiento, del que deriva, por último, la vulgar confusión de gobierno con Revolución.

3- Detallitos y dogmas

El texto lleva consigo viejas dicotomías que solo habitan en las mentes que confunden el debate político con el teórico: todavía -a estas alturas-, se cree en la contradicción entre libre mercado y planificación. Propongo leer a Adam Smith y repasar las funciones del estado que este señor plantea, y verificar como tal antagonismo es una construcción ideo-política. No sé a otros, pero a mí no me gustan las antinomias, que ni soy parte de ellas, ni soy kantiano.
También llama la atención como se refieren a, y cito: “la llamada sociedad civil”. ¿Llamada? Me dio la impresión que portaban el discurso de antaño en Cuba, aquel donde no se sabía quién era Gramsci, y hablar de sociedad civil era herejía.
Es necesario comentar que, sociedad civil es un concepto muy marxista ( sobre todo teniendo en cuenta que Gramsci ha sido el menos dogmático de los marxistas); y que, según él, todos somos sociedad civil y, al mismo tiempo clase política. Solo hay que delimitar cuándo se valora al sujeto como sujeto real, cotidiano, y cuando como sujeto político.
Hablar de “la llamada sociedad civil”, es reproducir una lógica no marxista de esta. Por cierto, eso sí es de cuidado, porque es el mismo error de formación que llevó a la hoy primera secretaria de la UJC a decir en la cumbre en Panamá que ella se pagó su pasaje ( si hubiese sabido que ella era sociedad civil aún siendo parte del aparato gubernamental, se habría ahorrado la escena).

4- El mal de fondo

Lo último, es el fundamento implícito: los que cuestionen las decisiones del gobierno, no están bien situados. ¿ Las autoras o alguien puede explicar por qué? ¿Es menos ético, menos cubano, menos racional cuestionar las decisiones del gobierno? Parecen caer en el facilísimo de calificar de burgueses y liberales a todo el que critique sin permiso, y vaya a las propias bases del sistema -la ponderación del papel y las facultades de un partido autodenominado comunista.

Imagino, que la redacción del artículo en cuestión sea sobre una sólida formación en ciencias sociales, tanta como para moverse de paradigmas liberales y burgueses a.¿constitucionalismo soviético? ¿a las lógicas de planificación de la URSS? ¿Será eso lo que proponen usar, las herramientas del socialismo real? Dado el carácter ofensivo de los términos burgués y liberal, parece que los pensamientos correctos son los diferentes de estos -¿el marxismo-leninimo es lo que es correcto usar?-. De ser así, no me queda otra que hacer otro proposición: que hurguen en la profundidad del marxismo-leninismo y verán lógicas -dije lógicas, no colores- del liberalismo.
No pienso que el texto del que escribo sea para mí, sin embargo, es una ofensa a mi marxismo que se publique tanto dogmatismo en un espacio como Cuba Socialista, que en teoría es abiertamente marxista. ¿Cuál dogmatismo? El estalinismo -y del peor, no el resultante del estudio, sino del cogido del aire, a oído.
Como me referí al dogmatismo, me corresponde puntualizar. Las autoras defienden el modelo centrado en la hegemonía del Partido Comunista, como representante del proletariado, y hacedor de la revolución. Ojalá y lean esto, porque está abierta la invitación a demostrar, no qué defienden -que ya se nota-, sino sobre qué argumentos sostienen la defensa de un socialismo de estado-partido como el mejor y único posible. Es mi gesto para que se esté más acorde con una publicación como la que las acogió.
No hablo por nadie, hablo por mí. Se que hay mucho más que señalar y matizar.

Espero no haber perdido mi tiempo, ni haber sonado muy molesto.

6 Comentarios

    • Ramón García Guerra

      Definitivamente, está gente ha perdido el sentido del ridículo.
      Las autoras son miembros de una manada de lebreles del status quo que se bate en retirada.
      Divididos en tres batallones: los que trafican con dogmas en vez de pensar, los que hacen el trabajo sucio en política y los que agitan fuerte las banderitas e informa al mando qué sucede en las calles.
      Quizá lo que más me impresiona de todos son las certidumbres que sostien su optimismo histórico.
      Porque, ¿dónde está la clase obrera, que en alianza con el campesinado, derrotará al Capital y al imperialismo?
      El proyecto-país del PC cubano es neodesarrollista y su visión del proceso de realización del mismo es estadocéntrica.
      Hablan de tomar un atajo para llegar a la cúspide del sistema… capitalista. Y lo harán guiando al rebaño de ovejas.
      No sé, ¿qué hay de revolucionario en todo eso?

    • Hayes Martinez

      Oiga, el lebrel es un perro muy fino😉.
      Concuerdo con usted en ese optimismo que muestran, que yo le llamaría enajenación, y otras cosas.
      Me llama la atención su idea de neodesarrollista. Es una idea muy interesante, de verdad. A qué la asocia, o que explicación le puede dar?
      Sobre lo revolucionario… No sé usted, pero yo veo un conservadurismo hecho institución.
      Saludos.

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