Política en Cuba

El voto

Por: Miguel Alejandro Hayes
La democracia es una de esas formas ilusorias que nos ha creado la modernidad. Lo que en la antigüedad fue considerado de una manera, con connotaciones algo separadas de las que tenemos hoy, se convierte casi en una necesidad ontológica para el habitante del occidentalizado antropoceno.
En cualquier caso, el etnocentrismo expandido nos acerca querer ser poseedores de la democracia -y no vivimos a espalda de la cultura, esta es parte del sistema de símbolos que se levantan, no solo a nivel teórico, sino a nivel de las masas populares-. La democracia autoproclamada, ya sea la liberal, o la de la Corea fuerte, es parte de esas referencias con las que tenemos que lidiar -tanto dentro como fuera del imaginario revolucionario.
En Cuba, la democracia también ha sido un referente. Varios años de lucha no tuvieron el más feliz de los destinos -al igual que la mayoría de los países de la región-, materializado en el hecho de terminar como una república que sufriría y padecería de la lógica política de un liberalismo en la periferia. La democracia, era ahí, una asignatura pendiente.

Y sí, democracia había, pero no se realizaba a plenitud, sino a medias.

Un Jorge Mañach -el mismo que las letras han sabido recordar y que la historia no se atreve a perdonar- afirmó que: A lo largo de sus cincuenta y tantos años de república, Cuba nunca ha sido una democracia contenta de sí misma (1 pág. 6-9). Y sí, democracia había, pero no se realizaba a plenitud, sino a medias.
Su existencia como ideal político –luego del cambio revolucionario-, se ha mostrado ambigua, a veces como símbolo del capitalismo del exterior -y si es necesario renegar de esta por razones de estado, se hace-, y otras veces se considera un baluarte del socialismo cubano. Es decir, en el rico mundo de la ideología política oficial cubana, la democracia que nos rige goza de muy buena salud -altos índices de participación e inclinación hacia lo políticamente correcto al ejercer el voto-, pero a la vez si es necesario invalidarla y asumirla como un mecanismo del enemigo, se hace.

El voto libre, no removería las bases de la sociedad, no cambiaba mucho.

Y es que si nos remitimos al periodo de Mañach, su queja iba dirigida a la incapacidad de la democracia de subsanar los errores de un sistema. Era solo un instrumento que formaba parte de la reproducción de una estructura social. La democracia, no permitía suplantar los límites de lo establecido. Cualquier cambio político conduciría -con cierto grado de libertad-, a moverse dentro de lo que el sistema se planteaba a sí mismo, y el poder se ejercía solo desde cierto grupo de manos. El voto libre, no removería las bases de la sociedad, no cambiaba mucho. Nada más cercano a la verdad, ya que un proceso de subversión social, solo pudo llevarse a cabo subvirtiendo la totalidad social -las reglas de la misma sociedad y su reproducción.

El estalinismo entra dentro del espectro del liberalismo

Si bien es cierto que la democracia puede ser asumida de diferentes enfoques, cualquier vía de pensarla de manera segmentada, es liberal. Tomando como referencia las palabras del intelectual cubano Jorge Luis Acanda, el estalinismo –su derivación política- entra dentro del espectro del liberalismo (2 pág. 168). Dato este, que nos sirve para reflexionar sobre la cercanía de la dinámica política socialista, a la del capitalismo que es rechazada, ya que esencialmente, ambas se basan en una democracia segmentada –liberal.
El ejercicio de escoger alguna figura política –sin importar su rango-, no da una capacidad de decidir sobre el destino de la sociedad, sobre todo, no inciden sobre las decisiones económicas, que son las que en última instancia constituyen la base de la reproducción material –y por qué no, espiritual- de un sistema social.
Mirar el presente, nos obliga a someternos al ejercicio comparativo, no con el mundo exterior, sino con ese otro que es el ayer. Pienso en Mañach, en evaluar la continuidad que ha tenido aquella democracia pálida que él conoció, y me pregunto: ¿qué poder de cambio tiene un voto hoy?

Bibliografía
1. Gramsci, Cátedra de estudios Antonio. Hablar de Gramsci. La Habana : Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, 2003.
2. Jorge Mañach. “El Drama de Cuba”, en: Revista Bohemia. Año 51, no. 2, 11 de enero de 1959 (De la Libertad, 1) Pp, 6-9: 163; 168: 172-175. P. 6.

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