Política en Cuba

Y nosotros sobre la noria

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Más rápido los científicos cubanos descubren vacunas contra este o cualquier otro coronavirus y su múltiples mutaciones, que el Ministerio de Comercio Interior logre convencer al CIMEX de que les “suelten” el pollo y el aceite para venderlos por la libreta y organizadamente en las bodegas de los barrios.
Hoy, mientras mi hija veía un repaso para sus exámenes de ingreso a la universidad, me surgió una duda: ¿Qué pasa con los que no tienen TV? Porque no le quepa duda a nadie de que en este país hay un montón de familias que no tienen TV o lo tienen roto, no tienen acceso a Internet, no tienen smartphone.
De esos nadie habla. Y esos son los verdaderamente trascendentes en términos de proactividad y creatividad para resolver los retos que impone la excepcionalidad de estos tiempos.
Hoy supe del caso de una fisioterapeuta de la Sala de Rehabilitación de Manzanillo que vive sola con su madre enferma de cáncer, quien recibe tratamiento de quimioterapia. Planteó a su jefa que ella era un peligro para su mamá pues tenía que hacer terreno y corría riesgos de contagiarse. Que si no podía acogerse a la resolución del Ministerio de Trabajo, que, por favor, le pagara, aunque fuera, el sesenta porciento para cuidar a su mamá en esta circunstancia. La respuesta fue determinante: “No se puede. No lo contempla la resolución entre las situaciones que expone”.
No hemos cambiado.
Hoy he visto en FB que a un hombre la policía le puso una multa por ir a comprar pan, de noche, a una panadería que estaba abierta. ¿Y para qué tiene oferta una panadería en la noche si no es para que alguien vaya y compre pan? Entonces recordé que escuché perfectamente, por Radio Granma, el domingo en la mañana, una nota remitida por la adminiatradora del llamado Palacio del Pan para que fueran a comprar pan, “que hay variedades y no hay casi nadie”. Es evidente que ni comerciantes ni comunicadores se percataron de que estaban alentando que mas gente saliera a la calle. No los culpo. En absoluto.
No los culpo porque me doy cuenta de que con esto de la pandemia nos sucede lo de siempre en Cuba. Que no estamos cambiando nada, que algunos de nosotros pretendemos que los demás cambien, que quienes nos dañan desde el experior cambien, pero para seguir nosotros manteniendo las mismas posturas. Y seguirle dando vueltas al mismo círculo vicioso.
Y eso es aplicable a casi todos.
En la prensa oficial se enfatiza en las agresiones innegables del gobierno de Trump que recrudecen el bloqueo pero, ni por asomo, abordan críticamente aquello que podríamos hacer desde lo interno para burlar y derrotar a ese bloqueo.
En el NTV ponemos reportajes acerca de personas inescrupulosas que pretenden lucrar con las necesidades de la mayoría del pueblo pero no se atreven a profundizar en las causas estructurales que propician esos comportamientos.
He visto a la prensa juzgar públicamente -aun antes de los tribunales- al chofer de un camión que trafica ilegalmente con el oxígeno necesario para atender pacientes, pero no he visto a ningún periodista cuestionarse desde cuándo robaba o desvíaba o por qué los mecanismos de controles empresarial y gubernamental no detectaron antes la fechoría, ni qué responsabilidad colateral pudieran tener los cuadros y dirigentes relacionados con la actividad.
He visto a un directivo de la salud en Villa Clara mencionar a dos irresponsables que fueron a trabajar al Hogar de Ancianos santaclareño donde se ha producido un episodio de transmisión de Covid-19, pero no vi al periodista cuestionarle cómo no fueron detectados esos trabajadores por quienes les correspondía, sobre todo, porque si un par de personas puede violar los protocolos de ese modo en una institución de salud en Santa Clara: ¿No significa eso que esos protocolos de seguridad podrían estar siendo violados en otros lugares porque quienes tienen que controlarlos no sienten la debida presión sobre ellos?
Puede ser que sí aunque, lo más probable, sea que no, que dado los resultados positivos en el manejo de la epidemia, aquello ocurrido en Santa Clara, haya sido solo una lamentable singularidad. Pero: ¿Tenemos consciencia de que ese tipo de singularidades son las que podrían destruir todo lo que soñamos, preservamos, defendemos y construimos?
No la tenemos.
También sería una lamentable singularidad que, en medio de una cola por el aceite, en Manzanillo, llegara alguien con el virus e iniciara una cadena en una provincia que no ha tenido episodios de transmisión.
Pero no hemos cambiado nada. Y hoy ya la gente anda sin nasobucos por los barrios de la ciudad y no ves agentes del orden interior organizando las colas. Y en la prensa seguimos asumiendo lo deseado por lo real.
Seguimos en la eterna cuerda floja de pretender que los demás cambien, incluso exigirlo, y nosotros sobre la noria.

Un comentario

  • nel

    En las organizaciones e instituciones de cualquier país medran incompetentes, indolentes y trepadores. Se aspira a que los mecanismos de selección y de retroalimentación de los sistemas de tales centros funcionen, señalen y demuestren quienes efectivamente son los deficientes y quienes no lo son, en tanto es vital y necesario contar con personas que posean y empleen probadamente las cualidades de prever, de ver más allá, con luz larga en la profundidad de lo real y cotidiano, detrás de las superficies y de los límites de lo aparente, o lo que es lo mismo, las esencias, necesidades, temores e intereses de los seres humanos y, detrás de cada uno de nosotros, que también vean una familia. 
    Otro problema muy serio en el planeta es, sencillamente, la NO transición desde el modo de pensar de cada quién en tiempos normales, al modo de pensar en los tiempos duros de las realidades y los peligros, de las pandemias, cuando esperamos y confiamos en que, quienes poseen algún mando y control, deban y puedan minimizar los errores, las calamidades y pérdidas con el ejercicio de una autoridad competente, eficaz, razonable y permanente. A eso se refiere el término japonés “Makoto”: la resolución, la energía y la decisión de la persona que
    decide y está obligada a prever, a ver más allá y con luz larga en la profundidad de lo real, detrás de los límites de lo aparente, o lo que es lo mismo… Estamos en sus manos. 

    Enviado desde mi smartphone Samsung Galaxy.

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