Política en Cuba

Yo me quedo en la trinchera

Por: Fernando Almeyda Rodríguez
Las personas enajenadas se pueden entender y excusar, pero las enemigas del pensamiento requieren respuestas especiales. Con mucho orgullo me cuento entre los primeros que contribuyó a un proyecto que merece respeto. Me siento tan parte de él como Miguel y muchos otros, y como tal me planto a defender su imagen.
Trinchera rompe esquemas de maneras poco convencionales: su ascendencia marxista y de tendencia izquierdista no lo obsta para ser radicalmente crítico y honestamente dialogante. Por si los detractores de uno y otro bando no sabían el primer llamamiento de Marx fue a la crítica:

Ser radical es atacar el problema por la raíz crítica no arranca de las cadenas las flores imaginarias para que el hombre soporte las sombrías y escuetas cadenas, sino para que se las sacuda y puedan brotar las flores vivas (Marx, 1944)

Ahí está la misión de Trinchera, hacer un espacio de intelectualidad comprometida. Su misión es atajar las tareas de la contemporaneidad cubana e internacional con la teoría como arma.
Al ser un medio alternativo estoy seguro que más de una vez se ha querido manchar su imagen con argumentos malhadados, como por ejemplo que recibe dinero de fuentes estigmatizadas; el establishment ha trabajado fuertemente para impregnar en el imaginario cubano un sentimiento de culpa con el dinero: el que recibe dinero por su trabajo es un vendido; el único dinero que vale es el peso cubano…que dicho sea de paso, vale nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual.
No obstante anuncio a los críticos absurdos y a los sensores por cuenta propia y cuenta ajena, que yerra su ponzoña envenenada. Como colaborador y amigo del proyecto, aclaro y declaro que no se cobra nada con Trinchera.
¡Y mucha falta que nos hace el dinero por el que no trabajamos! Se escribe y se publica, en medio de desvelos, privaciones y muchos gastos para recoger una única ganancia: la satisfacción de llenar de pensamiento ese espacio que siempre falta a los intelectuales cubanos. Que se entienda y que se extienda sobre un marxismo como puente y leit motiv toda reflexión posible; que se diga lo que se piense sin pensar la forma en que se dice; no hay otro compromiso que la objetividad y de ser alcanzable epistemológicamente, la verdad.
Eso, sí, de una cosa se puede acusar a la Trinchera y es de ser radicales. Radical no es más que eso: el que va a las raíces (Martí, 1893). Ser radical es atacar el problema por la raíz (Marx, 1844). Tal vez nuestros autodesignados censores deberían considerar que apuntan con sus dedos a un proyecto cuya reflexión crítica se inspira en Marx y Martí.
Parece que a los dinosaurios, acomodados en sus estancias de piedra jurásica no les gusta que se piense. Sea de izquierda o de derecha, de marxianos o marcianos, el pensamiento les molesta. Qué pena…
Necesitarán mejores argumentos para manchar un proyecto tan sólido y libre del pecado pecuniario original; tal vez antes de atacar debieran hacer eso tan anatemático que detestan: pensar.
Mientras, yo, como muchos otros agarro mi pluma, que es mi fusil y me parapeto en las ideas. Apunto y escribo ¡Sepan los desmemoriados que yo me quedo en la Trinchera!

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