Política

Lo que pasa en Chile no es solo culpa de Cuba

Por: Julio Pernús

Algunos medios han culpado a la influencia de Cuba y su Revolución como la principal causa del estallido social en Chile (1) (2). Sin desvalorar el crédito de las luchas emancipadoras de la izquierda latinoamericana en la base del problema, también se puede hacer un abordaje más amplio de lo que ocurre en ese hermano país.
Entre los puntos que no se pueden perder de vista, debe destacarse que, ahora mismo en la región se denota un creciente agotamiento del capitalismo neoliberal y su capacidad para construir consensos, es decir, la capacidad de naturalizar y neutralizar a través de sus dispositivos ideológicos. Esto se ha manifestado en las crisis que viven varios de los gobiernos de derecha y la gente lo reconoce, votando por los Fernández en Argentina o por Morales en Bolivia.

Aunque de forma general, tal parece que es una crisis de todo el establishment oficial, pues también han recibido el impacto del descrédito de la población que vota con los pies, saliendo en tromba hacia cualquier otro país, dejando atrás algunos de los proyectos sociales de la izquierda, como es el caso de Venezuela o Nicaragua.
Parte de los antecedentes de lo que ha sucedido en Chile se relacionan con la vigencia de la Constitución de Pinochet, que ha estado funcionando desde 1980. Treinta años de democracia no han sido capaces de transformarla o eliminarla, y el fantasma represivo dictatorial sigue rondando la atmósfera. El modelo económico del país es rentista; esto, desglosado, quiere decir extractivista, primario, exportador, sustentado en el comercio externo y la deuda externa que ha ido in crescendo, con su consecuente sometimiento al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus paquetazos de austeridad.
Desde 1997 existen en la ciudadanía chilena tensiones entre sectores autocomplacientes -los ricos- y autoflagelantes -los pobres-. Los primeros, un porciento bajo de personas a los que les va bien la vida, apoyan cualquier medida de austeridad y sus negocios crecen sin respiro; los segundos, gente con la miseria tatuada en la frente, que cada vez se ve más marginada por las reglas de la economía neoliberal. Desde 1999, los gobiernos de derecha en Chile han sentido la pérdida de 1 millón de votos por abstenciones, lo que manifiesta la apatía ciudadana frente a los proyectos políticos presentados por sus líderes. Esto se manifiesta de forma tangible en ruptura de partidos, quiebres y fragmentación interna, lo que provoca altos índices de inseguridad de cara a sus votantes.
La mayoría de las instituciones sociales chilenas paradigmáticas han perdido credibilidad, incluyendo algunos sectores jerárquicos de la Iglesia católica, pues el Opus Dei aún mantiene cierto vínculo con la clase dominante. Desde el año 2009, las elecciones no superan el 50% de participación. El propio PNUD había vaticinado desde el 2013 que los gobiernos de Chile estaban incubando mucho malestar y desconfianza entre los habitantes de la nación. Ante la pregunta de qué se podía hacer ante esto, se decía que era mejor dejar que aparecieran los reclamos en el debate público, para evitar su implosión años después, como ocurre ahora.
Después de 14 años de protestas aisladas con millones de convocados, hasta hace unas semanas, los resultados eran muy bajos; no había una respuesta clara por parte del gobierno a sus demandas. Entre los reclamos se destacan la educación gratuita y de calidad y el financiamiento a la oferta más económica de vivienda.

La respuesta del estado al tema de la educación fue una gratuidad parcial al 60% a los más vulnerables y, al final, el sistema educativo privado seguía arrastrando los mismos vicios de exclusión, haciendo de una carrera universitaria, una verdadera quimera para los pobres.
Este es el primer elemento de consideración estructural dentro del estallido del conflicto interno y la búsqueda de la hegemonía en el poder es la lucha de clases, producido por el desbalance más agudo, en cuanto acceso a la riqueza, dentro de toda América Latina. Otros detonantes han sido:

1- Los conflictos por derechos sociales básicos (estudiantil, poblacionales, el tema migración, pensiones, salud). 2- La radicalización del conflicto etnonacional y territorial mapuche;

3- Conflictos territoriales-ambientales, Pascua Lama 2005-2006, 2013, Mehuin 2006, Caimanes 2010, Castilla 2010, Hidroaysén 2011, Freirina, 2012, Chiloé 2016 y Quinteros-Puchuncaví 2018-2019.

4- Conflictos laborales, principalmente en sectores de retail, subcontratados, minería, sector público y profesores.

5- Conflictos anti-patriarcales en favor de los derechos reproductivos (aborto) y contra el acoso, mujer-trabajo, o agendas de género que se han integrado con redes LGTBI.
El gobierno de Chile seconvirtió en un estado permanente que atraviesa con mayor o menos nivel de abstracción el conjunto de las relaciones sociales al interior del capitalismo, generando una serie de antagonismos que acaban por estallar tarde o temprano.

La fase neoliberal del capitalismo en Chile ha generado una serie de contradicciones que han sido el motor de esta conflictividad. Después de 14 años de lucha, las respuestas del bloque en el poder han sido acentuar y profundizar las contradicciones sin ninguna medida que afecte el flujo de acumulación de capital.
Antonio Gramsci afirma que no hay dominación sin la colaboración del dominado. Este dato curioso quizás corrobore lo dicho por el filósofo italiano: en Chile hay un solo grupo que tiene seguridad social estatal y son las fuerzas armadas. El estallido de las masas populares en Chile, en octubre de 2019, ha venido a dar visibilidad a la rabia acumulada de un pueblo que no se permite para bien olvidar a sus muertos por causa de una cruel dictadura pinochetista.
Por lo anterior, se puede concluir que por el propio ambiente social que ha vivido y vive el país, es difícil ver actuar en Chile la unificación de una fuerza diseñada desde la región, con el auspicio del Foro de Sao Paulo, como han querido explotar algunos de los medios más parcializados en contra de la izquierda.

En Chile, permanece la pequeña empresa privada como el eslabón fundamental de la economía y de ahí, se desprende la mayoría de los puestos de trabajo.
No hay un giro al comunismo en los grupos que están envueltos en la confrontación. Sí se hiciera una encuesta, un porciento inmenso de ellos diría que no. La politización de la masa popular que ha absorbido el peso de las protesta por el alza del costo del metro, ha sido más una construcción mediática que una realidad objetiva. Pues es complicado pensar o ver, aun hoy, organizaciones que recojan los intereses reales de los grupos poblacionales que han puesto los muertos en la calle. La rebeldía, en este caso, está signada por la reivindicación histórica de un pueblo que se niega a repetir los trágicos errores del pasado.
La fase neoliberal del capitalismo en Chile ha provocado una serie de contradicciones en su instalación que han sido el motor de la conflictividad. Quizás en ese hermano país sea donde mejor se evidencie un antagonismo material de los pueblos contra el sistema neoliberal, que utiliza el bloque piñerista en el poder, para mantener su hegemonía ideológica. Igual, por supuesto, habrá siempre algunos revolucionarios que vean en Cuba su fuente de inspiración, pero les aseguro que no es aquí donde está el principal detonante de lo que pasa en Chile.

Un Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: