Fotografía: Adriana Castro
Política

Por un momento me sentí en Cuba

Por: Annarella Grimal
-Hola. Vi tu post sobre Canel. Parece que finalmente se va a reunir con algunas personas.
-Hola (…) Voy camino a Dublín. No se si llegue a tiempo. Esta mañana me llamaron de la embajada (…) Y salí de mi trabajo, recogí a la niña en la escuela, y creo que se me va a ir el tren de la 1:00 [pm]. Yo vivo a 5 horas.
-İÑo!
– (…) me aseguraron que había sido un problema técnico. Y que todos los cubanos residentes están invitados.
– (…) Te entiendo, pero por favor, mantenme al tanto, ahora me dejas preocupada, ¿ok?
-Enseguida te digo. Tú eres la única que sabe que estoy en camino (…)
-Bueno, buen viaje y mantenme al tanto de cómo sale todo.
– (…) Me siento acompañada. Tengo miedo.
-Estaré por aquí. Es normal el miedo, pero tú tranquila, es tu derecho.

***

Por un momento me sentí en Cuba. Allí, en el lobby bar del Clayton Hotel, risas, exclamaciones y abrazos entre una docena de cubanos irrumpían en la serenidad otoñal de Dublín. Nunca había estado en esa parte de la ciudad, Ballsbridge se llama, y nunca había compartido con tantos cubanos aquí en Irlanda. Me sorprendió descubrir que la mayoría de ellos lleva años viviendo en Irlanda. La noche prometía surrealismo por los cuatro costados.
Además del embajador, la cónsul y la secretaria de la embajada de Cuba en Irlanda, ya había conocido a dos cubanos más durante el encuentro con la Vice ministra de Relaciones Exteriores de Cuba Ana Teresita González Fraga, en septiembre del año pasado, del que en su momento escribí una crónica.
Pronto fuimos conducidos hacia un salón de reuniones de aproximadamente 6×8 metros que contaba con tres o cuatro mesas altas, sin asientos. Me costó trabajo imaginarme a los 400 cubanos -que, según mi embajada, hay en Irlanda- dentro de aquel pequeño recinto. Por lo que me incliné más por la versión que se estaba manejando entre algunos de los cubanos allí de que solo se habían enviado alrededor de 15 invitaciones, aunque a mí me pareció que habían al menos 20 residentes allí.
Pocos minutos pasadas las 8 de la noche llego el presidente Miguel Mario Diaz-Canel Bermúdez, acompañado de una comitiva que incluía al Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba Bruno Rodríguez Parrilla. Venían de una reunión con el Primer Ministro irlandés Leo Varadkar.
Diaz Canel saludó a todos los presentes y comenzó por mencionar varios temas de interés para la comunidad de cubanos en el exterior. Dijo estar “al tanto de un grupo de preocupaciones que hay sobre el precio del pasaporte, sobre la prórroga del pasaporte”y agregó que todos los temas los estamos analizando, todos los temas los estamos valorando y a todos los temas le estamos buscando una respuesta”. Prometió además, sin que ninguno en el presente encuentro lo pidiera, intercambios más frecuentes de las autoridades con la emigración. No me quedó claro si es un reclamo pendiente de algunos cubanos de la diáspora o si se trata de una iniciativa del gobierno cubano. Sin embargo, no dio plazos para responder las preocupaciones y temáticas que mencionó, ni compartió ningún plan de acción concreto al respecto, pero aclaro que “todas las respuestas siempre dependen mucho de cómo, en materia de relaciones internacionales, se comporte el gobierno de los Estados Unidos con Cuba”. Habló del recrudecimiento del bloqueo y del momento de crisis económica que atraviesa la isla de Cuba. Dijo que no iba a repetir el término “coyuntural” porque le habían caído encima donde quiera y por alguna razón que aun no comprendo se escucharon carcajadas en la audiencia. Canel hablo también de conversaciones sostenidos por él y su delegación con el gobierno irlandés en materia de relaciones comerciales y de intercambio académico que no especificó, más allá productos biofarmacéuticos como una posibilidad. No dio concreción ninguna. Ni siquiera cuando mencionó la unificación monetaria, momento en que le pregunté que para cuando tendríamos una sola moneda, a lo que él respondió que no podía decirme por causa de “los enemigos”, para que no se enteraran, o algo similar. Alguien en la audiencia sugirió que sería una buena idea desarrollar convenios de cooperación medica en Irlanda, a lo que Diaz contesto que “Irlanda no nos ha pedido médicos”. De igual modo habló sobre la informatización de la sociedad y la twitplomacy cubana y como han facilitado el intercambio entre la población y las autoridades.
El presidente también reconoció la participación de cubanos residentes en el exterior (en sentido general) en el proyecto de reforma constitucional y nos aseguró que más del 40 por ciento de los aportes de los emigrados se habían tenido en cuenta. Vale aclarar que omitió datos sobre cuales fueron esos aportes o como se puede acceder a la información ampliada y otros criterios de cálculo de la mencionada estadística.
En este sentido, la presidenta de la asociación de cubanos en Dublín, aprovechó para agradecerle a Diaz Canel “que nos haya permitido votar”. Creo que todos en aquel recinto pudieron escucharme cuando en estado de estupor le pregunté, con signos de exclamación e interrogación invisibles pero audibles “¿Y tú votaste?”. “Yo, sí” -respondió ella. “Pero, ¿cómo? ¿Tú no eres cubana residente?”, insistí yo. “Si” -y asintió con la cabeza. “Yo no pude votar…” -realmente iba a agregar que los cubanos residentes en el exterior no tenemos ese derecho, aunque obviamente ella lo sabe, de otra manera no estuviera agradeciendo a Canel lo que a mí, a simple vista, me pareció que se trataba de un favoritismo (ilegal, de paso). Solo un codazo de quien estaba a mi izquierda me hizo reparar en que estaba importunando el discurso del presidente con mis cuestionamientos. Yo estaba a menos de dos metros de él, pues ya para ese entonces me encontraba en la primera fila de la audiencia -desde que les compartiera a los allí presentes lo que yo considero importante para el presente y el futuro de nuestro país, la Cuba de todos los cubanos.
***
Durante alrededor de una hora, que fue lo que duro el encuentro, las intervenciones de los aproximadamente 20 cubanos en Irlanda allí presentes se centraron en apoyar la revolución, al menos, eso es de lo que puedo dar fe porque nunca he compartido socialmente con ninguno de ellos. Por ejemplo, la Presidenta (de la asociación de cubanos) dijo que le había emocionado mucho que Eusebio Leal reconociera el apoyo de los cubanos en Europa “que es muy importante”, mientras otro cubano aseguro que “muchos puertorriqueños, vaya, se agachan delante de mí, me han saludado, me han abrazado”, en señal de reverencia o de alegría por ser cubano, creí entender. Confieso mi ignorancia acerca del contexto de ambas anécdotas y tampoco estoy familiarizada con la cultura boricua, debo admitir. Hubo otro cubano que planteó que tiene una familia numerosa y que le resulta muy costoso los tramites de los pasaportes cubanos. Alcancé a decirle que eso se debía a la “ciudadanía efectiva” pero no pude agregar más pues el se estaba dirigiendo a Diaz-Canel y no quise interrumpir. Sí hubo interacción y eso siempre es muy saludable. El presidente pidió a los cubanos que siguiéramos las plataformas y perfiles que apoyan a la revolución porque tiene mucho valor que un cubano de fuera defienda el proyecto político y social de la isla, algo así, en el video esta ese fragmento. Fue en ese momento cuando decidí intervenir porque todo el que me conoce de toda la vida y de ayer sabe cómo pienso. Realmente no fue mi intención ir allí a “hacer confesiones de fe” sino participar como cubana en un posible debate que, cuanto menos pensé que se discutirían perspectivas reales sobre el pasaporte y sus absurdas prorrogas, pero no fue así. Solo dije, brevemente, que mas importante que la unidad era lograr la tolerancia entre cubanos, que la ideología no podía ser el centro de todo y termine diciendo que como mismo veía bien el incremento salarial, no aprobaba la prohibición de entrada impuesta por el gobierno a muchos ciudadanos cubanos. Es que considero que los aplausos, aunque válidos, nunca han resuelto situaciones. Veo tantos problemas que tenemos en nuestro país, uno de los peores es la discriminación por razones ideológicas, y sentí que hubiera sido irresponsable desaprovechar ese encuentro. Me dio la impresión que al presidente no le gusto y confieso que cuando al final el Ministro Bruno me preguntó mi nombre y mis apellidos, cuando le repetí lo del castigo de los ocho años, lo primero que pensé fue que me pondría en una lista negra; la misma que hoy impide a mi primo ver a su única hija, la misma lista negra que prohíbe a miles de cubanos no asistir a un funeral de un ser querido, no estar en los cumpleaños de su mamá o en la graduación del sobrino. Y sí, sé que pude haber dicho mejor las cosas, aunque no me fue posible terminar mi argumento. Otros querían hablar también y hablaron. No tuve oportunidad de rebatirle al presidente que en Cuba no hubiera persecución por razones ideológicas, ni que los cubanos nos excluimos a nosotros mismos, como dijo el, en vez de ser víctimas de la exclusión de estado como realmente sucede. Tampoco creo que hubiera valido la pena. Ellos son los que dictan e imponen medidas. Yo no tengo que repetirles lo que ellos saben mejor que yo pero que no están en condiciones de reconocer. Tal vez muchos me critiquen porque “dialogué con la dictadura” o “porque critiqué a la revolución” y están en todo su derecho, pero yo he quedado bien con mi conciencia que es, al final, lo que da paz interior. No creo que un cubano de verdad, humano, honesto y justo deba imponer la separación familiar, el destierro y la discriminación, por ningún motivo, a otro cubano que jamás ha cometido un delito, de acuerdo a las leyes internaciones y a la Constitución de Cuba. Por mi parte, y a pesar del miedo, trato de ejercer mis derechos respetando los de los demás, para empezar a educar mi propia tolerancia.

Tomado del Facebook de la autora

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