• Onírica

    Trata de sonreír

    Amiga: La palabra triste llamada adiós deshace hoy el alma y transforma una alegría en el dolor amargo de esta ausencia. No quiero verte así, carente de ese oxígeno, que los que se ahogan somos nosotros que te vemos convertida en una palabra y este sueño que es la vida es más difícil continuarlo porque no puedo tan siquiera dejar de pensar un instante en que la dueña de esa emoción no seas tú. Que jamás encontraste un obstáculo y ahora una gota de sal quiere recordarte sin explicarnos cómo sucedió, sin apelar a otra respuesta que los silencios entrecortados porque al hablar tu nombre se hace dueño de todas…

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    Yo soy otra

    Por: Kmilo Noa Soy la perfecta imagen del erotismo la chica de portada la canción la musa el poema de amor desesperado, y la mala mujer por la que lloras por la que te emborrachas, tu perdición. Soy un crimen pasional otro feminicidio otra niña abusada una desaparecida una fotografía en el diario. ¿Quién eres tú?

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    Primera declaración

    Por: Kmilo Noa Ni el mar existe. Ni esto es una Isla. Ni las estatuas son espejos, ni los reflejos dan al alma ni un carajo. Desaparecimos hace años pero nadie se da cuenta. Leer otro poema del autor

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    ¡Qué molesta la virginidad!

    Por: E. Roca Cuando fui niña me la pasé jugando en la calle, pintando paredes, siendo feliz hasta las ocho. Cuando fui niña ensucié mi ropa, hice pandillas, tuve un novio de mentiras y tres mejores amigas: la rubia, la trigueña y la pelirroja. Cuando fui niña escribí un diario y guardé deseos para mi fiesta de quince años. Todo mentira. Cuando fui niña maté gorriones. Pinté cristales blindados y la acuarela duraba poco. Aprendí las dinámicas de pandillas. Mi novio de mentiras: el rey rodeado de súbditos. Estas tres niñas: robaban labiales rojos, tenían períodos de reinado inestables, a escondidas se odiaban entre ellas. Tuve tantos diarios como mil…

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    Laminarios XVI

    Por: Kmilo Noa Una granada de fragmentación sobre el brocal de un pozo Hojas ramas fango charcos de lluvia calor extracción Hago dibujos infantiles con un trozo de tiza rallo signos sobre la acera pinto algo con sexo dibujo algo parecido a una vulva algo medio fálico también Dibujo a Freud y sueño con él con una granada de fragmentación en su mano accionando el mecanismo frente al brocal de un pozo que es mi cabeza suspendida extrayendo hojas secas basura un agujero vacío sin límites Freud es un dibujo a tiza sobre mi espalda Freud es una bomba y su palabra una granada de fragmentación Freud me da hambre…

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    Cercanía

    Por: Miguel Alejandro Hayes Cuando estoy con otro cuerpo soy el hombre más desdichado que conozco. Ella tiene los únicos labios que quiero besar, la única ontología que acepto Y reivindico después de expulsarlo todo.

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    Gramsci y la navidad

    Queridísima mamá, ésta será la quinta Navidad que paso privado de mi libertad, y la cuarta en la cárcel. Verdaderamente las condiciones de detenido en las que pasé la Navidad de 1926 en Ustica eran una especie de paraíso de la libertad personal en comparación a las condiciones de encarcelado. Pero no creas que mi serenidad disminuyó. Envejecí por cuatro años, tengo muchos cabellos blancos, perdí los dientes, ya no río con gusto como antes, pero creo haberme vuelto más sabio y haber enriquecido mi experiencia de los hombres y las cosas. Además no he perdido el gusto por la vida; todo me sigue interesando y estoy seguro que aun…

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    Desde que no estás

    Por: Miguel Alejandro Hayes Nota al lector: Llevo días pensando. Lo hago. No lo hago. Digo mañana y termino por no hacerlo. Ya me decidí y ahora no encuentro un porqué que me lo impida. Perdónese al no poeta por las faltas, las impurezas y las inercias; tenía un gran motivo. A Elizabeth Sabina calla desde que no estás. No se atreve a correr sin mirar atrás. Hegel ya no quiere cuestionar la nada, a su ir y venir sin cesar de otredad y mismidad. Aute cansado, se niega a hacer sus labores. No reivindica espejismos, ni me cuenta de lujuriosos amores. Derrida no menciona a la metafísiva ni a…

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    Preso

    Por: Anckla Y la cama se sentía como el arrecife en mi espalda. La angustia, amarga y fétida, llega a mis pulmones en marea, conquistando mi boca como si fuera un beso de ira, o el olor de la muerte en vida, reclamandome el aliento inmerecido que exhalo a su paso. Esta noche hierven en mi mente mis ojos salados. Yo mirando la oscuridad, la oscuridad que me devuelve su espanto y me odia y la amo y la abrazo y a veces le rezo- pensando, esto también pasará. Llorando por dentro, chiquito, esperando lo que no llega. Amando un recuerdo, un pedazo de tiempo. Atado al pasado, la ausencia-…