Teoría

Adicción al placer y aversión al dolor

Por: Danilo Euser

[Hedonismo ilustrado]
En la sociedad moderna pocos tienen una filosofía personal, y adoptan por tanto la oficial, lo que algunos llaman hedonismo ilustrado. Ilustrado porque incluye cierto razonamiento (hay controles sociales y normas que restringen impulsos básicos), pero el objetivo final parece ser buscar comodidad y estimulación sensorial

Marcos Vázquez.

En definitiva, perseguir el placer y evitar la incomodidad a toda costa…
parece inteligente y lógico, ¿no?
Buscar y exponerse de forma constante a los placeres efímeros e hiperestimulantes (dulces, comida procesada e hiperpalatable, redes sociales, televisión, series, alcohol, drogas, etc.) produce una sobreactivación de nuestros circuitos cerebrales de recompensa, generando una situación muy similar a la adicción crónica, con los problemas que ello genera.
Empecemos con una breve introducción neurobiológica, necesaria para entender mejor todo esto.
En nuestro cerebro encontramos ciertos sistemas que tienen como objetivo fundamental mantenernos vivos, entre ellos se encuentra el sistema de recompensas.
Simplificando mucho, podríamos decir que este sistema se encarga de favorecer ciertas conductas que nuestro cerebro interpreta como favorables para nuestra supervivencia (que no quiere decir que así sea siempre), produciendo recompensas bioquímicas que nos incitan a repetir estas conductas. Estas están mediadas por ciertos neurotransmisores, que podríamos dividir, de forma simple, en dos tipos: los que nos ayudan a disfrutar lo que tenemos y los que nos motivan a perseguir lo que deseamos.
En el primer grupo se encuentran neurotransmisores como la serotonina, la oxitocina, las endorfinas y los endocannabinoides. Nos hacen disfrutar la comida, el sol, la naturaleza, la actividad física, el (buen) sexo y el contacto social.
En el segundo grupo, el del deseo, hay un líder claro: la dopamina. La (mal) llamada hormona del placer, que realmente no se encarga de producir placer, sino deseo o, siendo más precisos, anticipación a aquello que se concibe como placentero. Cuando sientes antojos de dulces o deseos de revisar las redes sociales (whatsapp incluido), la dopamina es la responsable principal.
Estos sistemas ancestrales nos han permitido sobrevivir y prosperar durante millones de años, en un entorno salvaje, donde la escasez (real), los peligros (reales) y el riesgo vital eran problemas habituales y de primer orden para nuestros antepasados. Sin embargo, sabemos que a pesar de que nuestra biología sea prácticamente la misma que hace treinta mil años, nuestro entorno es radicalmente distinto. Esto suele producir grandes y problemáticas incoherencias en quien no comprende estas cuestiones de forma profunda, y no toma medidas para regular estos impulsos primitivos, que en el entorno actual generan enfermedad, dependencia y malestar.
Perseguir el placer de forma constante y pretender evitar la incomodidad a toda costa nos vuelve esclavos, dependientes, débiles e infelices. Nuestro cerebro no tiene como objetivo que seamos felices, sino mantenernos vivos. En el entorno en el que evolucionó perseguir el placer y evitar el dolor era algo inteligente y adaptativo, pues lo primero era muy escaso, y lo segundo era casi por defecto.
Pero nuestra realidad ha cambiado radicalmente en este sentido. Las fuentes de placer son cada vez más abundantes y asequibles, lo que además trae consigo que se busque huir de su ausencia a toda costa, generando paradójicamente más sufrimiento y malestar.
Para nadie es desconocido que brindarle toda la comodidad y el placer posible a nuestro cuerpo, no es muy buena idea. Hacerlo suele degenerar en problemas graves (y lamentablemente cada vez más comunes) como obesidad, sedentarismo, diabetes, hipertensión, osteoporosis y otros trastornos metabólicos, inmunitarios, etc.
Eso mismo sucede con toda nuestra biología (incluyendo la parte más emocional y neuropsicológica).

La evolución marca ciertas pautas o patrones conductuales a seguir/perseguir para poder gozar de salud y bienestar, y estos están mediados por los procesos de adaptación orgánica. Nuestras necesidades parten de aquí (todas ellas), desde respirar con unas concentraciones de gases específicas, alimentarnos con aquello para lo que nuestros sistemas se han adaptado, hasta requerir del contacto y la aceptación social.
Así como no estamos bien adaptados a respirar un aire cargado de CO2 y con bajos niveles de oxígeno, tampoco lo estamos a comer comida hiperprocesada, pasar la mitad del día (o más) sentados, dormir mal y en horarios errantes, y en definitiva, vivir unas vidas tan alejadas de nuestra esencia biológica.

Incomodidad (voluntaria) como principio básico del progreso

No desarrollarás valentía cuando todo va bien, sino cuando sobrevives momentos difíciles y desafías la adversidad

Epicteto.
Como seres orgánicos, requerimos también de ciertos estímulos y procesos de adaptación para sobrevivir y prosperar. Estos responden al fenómeno de supercompensación u hormesis (exposición a un estímulo/estrés agudo e intermitente que en la medida correcta, produce una mejora/adaptación positiva).
Ejemplos de estos estímulos o estresores horméticos son el frío, el ejercicio intenso, el ayuno intermitente, etc. Igualmente, todo aquello en una primera instancia genere cierta incomodidad (tolerable biológicamente) tendrá un efecto posterior positivo en nuestras vidas.
Estar varios días sin comer dulces o ver las redes sociales, dejar de beber alcohol durante un par de semanas, y en definitiva todo aquello que nos saque de nuestra zona de confort supondrá una mejora potencial para nuestro cuerpo y también para nuestra mente.

No son las cosas que nos pasan las que nos dañan, sino nuestra opinión sobre ellas

Epicteto

Exponernos de forma voluntaria a situaciones incómodas, hará además que las involuntarias nos afecten menos.
¿Pasas mucho frío y te enfermas en invierno? Exponte al frío intenso de forma intermitente con anterioridad.

¿Sufres ansiedad/malestar cuando no tienes acceso a internet/redes? Programa días/horas en las que no lo hagas de forma consciente. ¿Sientes que no puedes estar más de 3h sin comer o picar algo? Programa días en los que restrinjas el espacio de comidas (de 10am a 7pm por ejemplo).
Si no te ves con suficientes fuerzas para hacerlo escucha (lee) a Marco Aurelio…
Pregúntate ¿Qué es tan intolerable de mi situación?¿Por qué no puedo resistirla? Te avergonzarás de tu respuesta.
Aclaración importante:
Esto no se trata de una apología a la privación, la escasez o el sufrimiento; todo lo contrario, se trata de un acercamiento a nuestros mecanismos biológicos más básicos y esenciales, y a cómo podemos actuar de forma consciente y voluntaria para acercarnos un poco más a lo que nuestros genes esperan.
Una cosa es lo que puede ser beneficioso a nivel individual (exponerse intermitentemente a la adversidad lo es) y otra muy distinta lo que se debe perseguir a nivel de sociedad. Que si bien es cierto que nos encontramos en el punto de la historia con más desarrollo y posibilidades, estamos lejos de vivir en verdadera abundancia (que no es lo mismo que opulencia y excesos).

La escasez (artificial/virtual en este caso) sigue siendo el origen de una gran parte de nuestros problemas actuales, que paradójicamente se expresa en ambos extremos: excesos y carencias.
Pero de esto hablaremos en otra entrada…

Mientras sigas con vida, sigue aprendiendo a vivirla.

Séneca.

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