El estructuralismo, el lenguaje y la torre Eiffel
Teoría

El estructuralismo, el lenguaje y la torre Eiffel

Por: Miguel Alejandro Hayes Martínez

 

Entre las principales figuras del estructuralismo están Louis Althusser, Jacques Lacan y Claude Lévi-Strauss. Todos ellos eran franceses. Eso me conduce a una reflexión.

Engels, fiel amigo de Marx, afirmó que una obra de las dimensiones de El Capital, solo podían ser escritas por un alemán (Engels, 1961). Al leer eso pensé que era algún juego, broma o comentario ligero.

Sin embargo, el propio Hegel dijo que la dialéctica -la moderna (1)- era un pensamiento que solo podía hacerse en alemán (Hegel, 1982).

Después de todo, este es el idioma que puede ofrecer dos significados opuestos a la misma palabra (eliminar, por ejemplo) (Hegel, 1982).

Recurso este muy importante para entender la relación entre ser y nada dentro de la dialéctica (2), y que este idioma facilitaba –más que otros- por la propia significación de algunos sus términos.

Por eso, a sabiendas de que un idioma tiene determinada estructura, y que la reproduce, y que al hablarse este nos quedamos atrapados en él, me pregunto hasta qué punto el francés guarda relación con la conformación de un pensamiento estructuralista.

Para pensar una respuesta hay que recordar algunas cuestiones del estructuralismo. Lo primero, tal y como señala Derrida, es que la estructura viene del lenguaje ordinario y filosóficamente se usa como metáfora (Derrida, 1989). De ahí que haya toda una implicación de la palabra estructura, que es un recurso del lenguaje pero que puede ser una trampa para las representaciones mentales de esto.

Para ello, invito al lector a pensar en lo que transmite “la metáfora” de la estructura. Lo primero, es que como tal, da ideas de estabilidad, de cohesión entre los elementos que la conforman. Continúa el hecho de poder delimitar las partes que la conforman, una base, soportes, y elementos que se levantan sobre esta.

De todo ello derivan una serie de pensamientos asociados a las ciencias naturales, como el de un “ensamblamiento” de los materiales que la conforman gracias a la composición de éstos y de su ajuste, y cuestiones físicas como la existencia de un centro, ya sea de gravedad u otros que permitan el mantenerse en pie de la estructura.

Pueden aportarse más puntos a todo lo que implícitamente pasa por la mente al pensar en la estructura, pero creo que lo que resulta claro que su idea transmite muchas imágenes –en realidad, identidades- que luego tendrán sus consecuencias.

Dada que el método no es más que la teoría repetida, es decir, un pensamiento que se repite se hace método, las asociaciones mencionadas al usar la palabra estructura serán extrapoladas sin ser vistas por el pensamiento y se convertirán en método, en la serie de elementos que asociaríamos a la estructura y que trataremos de identificar en cualquier objeto de estudio que se nos presente.

Cómo se menciona, esta es la trampa que tiene el lenguaje para comunicarnos: el esquema que crea. El pensamiento ofrece la metáfora en la cual busca reflejarse, sin embargo las connotaciones que tiene esta palabra desde el lenguaje estipulan que el uso que se pretenda dar a estructura, se quede encerrado en los límite de lo que transmite el lenguaje sobre esta, delimitándole a la estructura, al pensamiento de la estructura, un contenido enmarcado por el lenguaje.

Pues sobre la base de todas esas trampas de la representación surgidas del uso inevitable del lenguaje, se desarrolló todo el estructuralismo, ya sea marxista (3), psicoanalítico (4) o etnológico (5), y no pudo escapar de ello. Y todos esos elementos entonces, resultados de cómo el pensamiento genera la idea de estructura, son los elementos que dan vida al estructuralismo. Pensar la estructura, es lo que da la lógica al estructuralismo.

¿Cómo es posible llegar a tales formas de pensamiento? ¿Como la mente puede terminar -llegar- hasta ahí? ¿Existe algún camino en particular que conduzca hasta ahí?

Lo cierto es que lo que ocurrió con el pensamiento, que comenzó a figurarse, a caracterizar, a describir -ponerle determinaciones en sentido hegeliano- a la idea de la estructura. Este proceso, es altamente descriptivo, ya que todo lo que genera la abstracción son descripciones de la tan necesaria estructura.

Eso nos acerca al nada casual en esta historia, idioma francés, el cual se caracteriza por ser muy descriptivo. Por eso, no es nada alarmante que de un uso metafórico, determinado esquema de pensamiento condicionado y atrapado por un lenguaje descriptivo en su ejercicio de representación se hayan armado de todas esas características que luego se convirtieron en los moldes del estructuralismo. Ese idioma francés entonces, fue un fuerte influyente en la lógica que ayudaron a conformar ese estructuralismo.

Así nos nutrimos de esa corriente, que se nos presenta imponte al pensamiento, y que después, está ahí, pero apenas es notada por quien ya está adaptado a ella, como para un ciudadano de Paris la torre Eiffel.

Pero recordemos que todo ello, está enmarcado -construido- desde las trabas del lenguaje, por tanto, en una doctrina metafísica de la presencialidad como indica Derrida (6) (Derrida, 1989), o en un marcado y ontológico “esto es”, como advertía Hegel (7) (Hegel, 1982).

De la misma manera que la propia palabra dialéctica indica a la mente movimiento, cambio, diálogo; la estructura como término, da esa sensación de estaticidad, que invita al pensamiento a hacer un despliegue de características, de contenidos, en el cual se queda sin salir (8).

De ahí, que la idea de la estructura y sus implicaciones para el pensar se, es decir, ese carácter descriptivo y prisionero de la estructura, se reforzara en los marcos del idioma francés. Y no es esto una crítica al idioma, sino una breve exposición de lo que ocurrió.

Lo cierto es que el estructuralismo se construyó desde esos engaños sin conocerlos, sin sabes que todo lo que hacía era reproducir las características que el lenguaje le indujo a atribuirle a la estructura. Que al igual que la torre, es poderosa y segura por sí sola, pero que termina por no ser más que reflejo, que una representación, que un símbolo. Así este estructuralismo no es más que una representación, una forma de reflejar, en este caso, de hacer identidades del mundo para poder explicarlo, sin comprender cómo queda atrapada dentro de estas, es decir, dentro de las descripciones que él mismo generó.

Bibliografía y notas

Derrida, J. (1989). La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas.Conferencia pronunciada en el College international de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore) sobre «Los lenguajes críticos y las ciencias del hombre». En P. Peñalver, La escritura y la diferencia. Barcelona: Anthropos.

Engels, F. (1961). De lo que trara “El Capital” de Marx. La Habana: Imprenta Nacional de Cuba.

Hegel, F. (1982). La ciencia de la Lógica. Ediciones Solar.

(1) Es importante hacer la distinción de todo lo que puede entenderse por dialéctica en filosofía, y a la cual nos estamos refiriendo aquí. Aunque puede encontrarse la dialéctica en la antigua Grecia, como por ejemplo en Zenón, en este significaba el arte de vencer al enemigo con sus propios argumentos en una conversación. Sin embargo, la dialéctica adquirió peso nuevamente en el idealismo alemán. A ella es la referencia con eso de dialéctica moderna, especialmente a la de Hegel.

(2) El ser y la nada en la dialéctica hegeliana, es la separación abstracta que se hace de un objeto de estudio. Así, cualquier objeto del pensamiento lleva dentro de sí la contradicción. Para el caso del alemán y este ejemplo de la palabra eliminar, esta y su doble sentido, obliga al entendimiento de algo, cuyo contenido es contradictorio, como en este caso, que su contenido son dos significados diferentes y opuestos.

(3) En figura de Althusser.

(4) En Lacan.

(5) En Lévi-Strauss.

(6) Este pensador se cuestiona esa idea del “estar ahí” que estaba implícita en toda la filosofía metafísica. Donde la caracterización y estudio de un objeto del pensamiento llevaba su presencia, su detención para ser identificada, incluso una sustancia.

(7) En Hegel, también existe esta crítica a lo que se conoce como la metafísica de la presencialidad, que nace como crítica a la idea del ser puro, de ese aislamiento evidente del lenguaje donde el sujeto se separa del predicado.

(8) Según la idea hegeliana, el contenido atribuido al pensamiento, va a delimitar los marcos en los cuales se va a realizar este. De ahí, que atribuirle a priori un contenido a este, es asumir en un inicio sus límites, y por tanto, eliminar ciertas dimensiones del análisis.

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