Trinchera Abierta

La dialéctica en la Trinchera Abierta

La trinchera Abierta se hizo con la misma gente de siempre. Asistimos, los mismos que creemos que Marx es más que el manual soviético, o mejor dicho, que el manual soviético no es Marx. 

Sabemos que Frankfurt, todo el marxismo occidental, el estructuralismo enquistado y el mal nombrado marxismo analítico, no abarcan todo lo que aún puede decirse de Marx.

Por eso, ya cercanos al primer aniversario de este contracorriente proyecto de debate, decidimos rescatar un poco de aquella idea original con la que se creó el espacio, y traer un tema que dice qué se quiere abordar en Trinchera Abierta: Mitos del marxismo.

Como cada vez, hicimos un círculo, cerramos espacio, y comenzó el debate. Miguel, en su incómoda condición de ser quien ¨decide¨ el día en que se encuentran para hablar de marxismo, arranca recordándole a los presentes el por qué del tema seleccionado, para dar la palabra a la primera ponencia, de Fernando Almeyda Rodríguez.

Fernando, tan atípico como siempre, comenzó su reflexión con icónicas palabras de un personaje que le gustaba  al Moro: Hamlet. 

El dilema de este personaje, sirve de metáfora al ponente para expresar el dilema de Marx, y el propio del intelectual que se pretende revolucionario. La bala o la pluma, la combinación de ambas, preocupan a Fernando. Señala algo, un pensamiento teórico que muestra una duda ante la acción, y por otro lado, una pasionalidad que confirma y se expresa en una acción anti-sistema constante. Nos hizo pensar a todos.

Luego Miguel continúa con su ponencia. Trae el título de Qué es la dialéctica¸  que como señaló alguien presente, recuerda un poco a Henri Lefebvre. Explica que él nota cierta mística, cierto desconocimiento sobre la dialéctica, incluso en el seno del propio marxismo. Continúa dando algunas ideas básicas para adentrarse en el profundo mundo de la dialéctica como ciencia, donde lo principal es asumirla como que esta muestra las relaciones, no identidades.

Luego comienza el debate. Yassel, aprovecha la oportunidad para profundizar en la dialéctica. Señala su cercanía al proyecto metafísico, sus límites y sus diferencias con la lógica formal.

De pronto, a medio debate, llega Ernesto Gutiérrez, ciertamente un joven que no comparte simpatía hacia la obra de Marx, sin embargo, se suma como todo joven apasionado.

Ya en este punto, las notas se me pierden y se hace imposible captar lo que ocurre en la conversación y me diluyo dentro de ella.

 Lo normal ocurre, nos dejamos llevar hasta adentrada la noche en discusiones que nos van alejando del punto inicial.

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