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Veinticinco jóvenes y el marxismo

Por: Leydi Claudia Bravet Ramírez y Marcos Paz Sablon

Viento. Brisas de aire soplan por los entresijos de las sillas de plástico, lengüetean los canalillos de las baldosas, chocan con los barandajes de hierro que delimitan la terraza. Allí, sentados a comoquiera sobre las sillas, 25 jóvenes con los ojos abiertos. A 25 jóvenes cubanos  les interesa hablar de marxismo. Quizás sean los únicos.

¿Y redescubrir y  cambiar lo  que debe ser redescubierto y transformado? En todos los espacios institucionales  habituales de coloquios marxistas impera siempre la tendencia apologética a la filosofía del “viejo Charlie”- como diría alguno- tocando somera y rápidamente algunos de sus limitaciones. Eso ni es crítica, ni análisis real. El Foro de Estudios Críticos a través del Proyecto La Trinchera  propone entonces de verdad pensar a Marx y a Engels,  diseccionar de cada concepto una significación, recontextualizando en épocas, en lugares,  en sentidos. Analítica consciente, nunca sin dejar de horadar en las varias lagunas de su pensamiento, en las incongruencias y contradicciones internas de un sistema de ideas. Hoy con un tema que los panelistas sabían teórico total: el papel de Engels en el marxismo, con el visto bueno de Martha Harnecker, uno de esos monumentos vivos  a los que pretenden muchos marxistas emular- o disimular- acomodado en el discreto nombre de “Trinchera Abierta”.

Más sosegado y paciente que su último evento, basado en la Historia Política del Marxismo, sobrado de candente y polémico (aunque ese no se despojó de los debates entre nacidos de las paradojas de la filosofía) los mismos participantes lo definen como la “Trinchera Abierta” más paciente. Pero la seriedad en el debate concurrió, como siempre, para relegar cualquier tipo de apatía que trae la uniformidad de criterios, en esa ocasión para valorar lo que realmente significó Engels en el marxismo.

Un tema que los panelistas definieron como maltratado y manipulado política e ideológicamente, pues existe una tendencia en el mundo occidental de contraponerlos.  Una de las consecuencias de observar el marxismo solo como una preocupación política cuando es también una cosmovisión, una forma de entender la naturaleza y además, la tendencia a analizar hechos sin considerar los trasfondos, también influye en las malinterpretaciones.

“Existe una marcada tónica de venerar a la Ilustración tanto en los escritos de Marx como en los de Engels. Una postura de triunfalismo  respecto a esta, postulando que en algún momento la naturaleza va abrirse  a revelar sus secretos. La única diferencia en cuanto a las opiniones de uno y otro es puramente de matices”. Dijo uno de los panelistas.

Del lado de los que escuchábamos a los sabios, hubo un momento que para mí fue de los que inducía al más reflexivo instante de cuestionamiento personal, de ese fragmento de la filosofía que trastoca la inteligencia hasta de aquellos que hemos dedicado más horas a la literatura, que a la ciencia propiamente dicha:¿disiente la existencia de la realidad?¿son lo mismo?

“Veamos, ¿qué es la feria del libro? un hecho cultural o al menos eso se pretende, ese es el sentido de su existencia, pero su realidad es la ser un fenómeno eminentemente comercial”.

Y otra voz dice: ¿qué es una prisión?, un supuesto reformatorio, un nuevo inculcador de valores, otra escuela para formar hombres nuevos de hombres a los que se les pretende redención. Mas sus realidad es la de dar a luz hombres peores que los anteriores.

Así transcurrió este cuarto encuentro sobre marxismo, con cinco panelistas que abrieron el debate y otros jóvenes en el público deseosos de refutar. Una sinergia reconfortante para todo el que contemplaba que todavía existan jóvenes en Cuba con ganas de repensar el mundo.

 

 

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