Cultura

Amar en todo tiempo: el viaje de una película

Por: Sender Escobar 

La construcción de épicas en la ficción ha tenido en la heroicidad de mujeres y hombres un basamento constante en narraciones sobre procesos de gestas independentistas, emancipadoras o defensivas. Pero en todos los contextos bélicos, una heroicidad diferente ha protagonizado batallas de resistencia, aferrados en la espiritualidad de una carta de amor  o en la fe protectora de una foto escrita al dorso, guardada en el bolsillo de la camisa de combate. El amor es entonces la reinvención que edifica decisiones, empeños y luchas personales contra estigmas patriarcales o convencionalismos tradicionales. 

La orden es avanzar, los pensamientos son tan difusos como la incertidumbre de ese octubre de 1962. Cuba es el centro de las tensiones entre dos potencias de amplio dominio geopolítico.  Un día antes, el silencio de un abrazo dibuja la angustia por lo que se avecina y la desilusión por ver alejada la concreción de un anhelo. Él la mira sin opciones y trata de despedirse atenuando el tiempo de la separación con repetidas caricias. Sin resistir más, ella, dándole la espalda se marcha ante la inminencia de las lágrimas. 

Tiempo de amar, película de Enrique Pineda Barnet, a través de la épica del amor, desarrolla una historia  contrapuesta  al convencionalismo heroico. Sin dejar a un lado  sentimientos definitorios que surgen en situaciones extremas como: la valentía ante el peligro o la solidaridad en contra de la injusticia. Hombres de estratos sociales,  profesiones y oficios diferentes, ven afectado su futuro inmediato por la movilización a causa de la que sería llamada tiempo después: Crisis de los misiles o Crisis de Octubre.

Manejados balanceadamente con armonía temporal, las costumbres, características y sicología de los personajes de Tiempo de Amar, especialmente los hombres sobre el camión en marcha, exponen sus vidas ante la inminencia del peligro. La misión: minar puentes para evitar el paso del enemigo en caso de una invasión. 

Con el protagónico de Lilian Rentería (Elena) y Roberto Bertrand (Darío), Tiempo de amar es una película iniciática en varios temas y actores que serán recurrentes e infaltables en el cine cubano y su historia reciente. Contada en forma de analepsis, acompañada por la música cardinal de Leo Brouwer, entre los planos filmados, registra el primer desnudo femenino de una protagonista en la cinematografía cubana. La escena transcurre suave, junto con las caricias que recibe Elena, el sonido de las cuerdas de una guitarra hace de la  sincronía musical un mismo sentimiento, como si el  cuerpo de ambas fuera tocado de igual modo.

Héctor Noas, uno de los actores debutantes en el filme, interpreta al político de la tropa. Personaje que en medio de la rudeza y a veces hostilidad provocada por desavenencias de carácter de los milicianos, anota en un pequeño cuaderno las incidencias de los días en marcha.

-Sacamos agua de un pozo como lo han hecho otros  hombres durante miles de años. Pensar que todo se puede acabar, si un dedo enloquecido se decide apretar un botón que destruirá todo destino. No habrá tierra, ni agua, ni amor. Pero aquí estamos, empeñados en que la vida continúe.

Narra a dos de sus compañeros: Darío y Chano (Bertrand y Alberto Pedro) arrimado al brocal del pozo. Por un movimiento de Darío, el cuaderno cae dentro y Chano se aventura a rescatarlo, gesto salvador que fragua una amistad a prueba de belicismos.

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Aunque no destaque como una película de grandes pretensiones estéticas, la dramaturgia cinematográfica de Enrique Pineda Barnet  ha logrado marcar pautas en el modo de hacer cine en nuestro país.  Como es en el caso de Tiempo de amar, al transcurrir gran parte del filme sobre el camión en movimiento, clasificando sin dudas como una película de estilo road movie o cine de carretera, la primera de su tipo en Cuba. Predecesora de largometrajes de estilo narrativo similar, como CaravanaMiel para Oshún o Viva Cuba.

El sábado es la boda de Elena y Darío, así como la primera pelea de boxeo de Chano. La orden del repliegue ha llegado con el retiro de los misiles soviéticos de los enclaves cubanos. La posibilidad del retorno también se hace palpable para la tropa. Aunque quede mucho por escribir, como le dice Darío  al político, apodado por sus compañeros como El Intelectual. La historia del tiempo continuará a su ritmo, siendo contada desde cualquier lugar en tiempo de nacer y  tiempo de morir, tiempo de amar y  tiempo de aborrecer, tiempo de guerra y tiempo de paz. 

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