Política en Cuba

Episodio 37: Más allá de San Isidro

Ernesto Gutiérrez sigue sentado en El Solar. Esta vez viene a hablar de un tema que ha motivado mucho debate en los últimos días. Sí, llega un poco tarde, pero con la calma necesaria para abordar todo lo ocurrido, de modo tal que se busque la objetividad y no propaganda política alguna. Claro, se trata del Movimiento San Isidro y el 27N.

El primer problema con San Isidro es que uno no tiene una fuente fiable de información. El acoso es real, de eso no hay dudas, y tampoco creo que haya nada que lo justifique, no creo que sea un motivo de bromas, ni un incidente menor que no merezca ser magnificado en la prensa nacional. No sé la magnitud real del acoso, no obstante, y me parece irresponsable repetir la versión más melodramática de los hechos (no es dictadura, sino genocidio y demás). La huelga de hambre es al menos parcialmente real, y puesto que ya dura cuatro días, y dado que existe la posibilidad de que sea por completo real, no merece ser minimizada o invisibilizada. Uno no puede dejar de impresionarse, sin embargo, por la salud que parecían mantener todavía los huelguistas en su segundo día y por la estadística que dice que con dos días sin tomar agua un ser humano ya debe estar al borde de la muerte. No digo que sea necesariamente un fraude, solo creo que al menos provoca que uno se cuestione las cosas. Repito que incluso una huelga falsa no justifica el acoso (la campaña de descrédito es de pésimo gusto, por cierto, como la mayoría de la propaganda de ese tipo que vemos en las redes sociales, cuya visibilidad se multiplica artificialmente mediante una vergonzosa red de usuarios falsos, creados de manera premeditada para incidentes semejantes). Lo que quiero analizar, y lo que me gustaría que las personas autopercibidas como revolucionarias analizaran, es lo único medible y transparentemente real que ha habido en este triste episodio todavía en curso: la reacción de la gente. La reacción de los estudiantes universitarios, de los profesores universitarios, de los escritores, de los artistas, de lo que se podría considerar un sector letrado, más o menos letrado, en la ruina económica, política y social en la que vivimos. Lo que nadie puede negar ha sido el aplastante e inmediato apoyo que han tenido los huelguistas (reales o no) en un sector que no hay forma de presentar como fácilmente manipulable.

Las personas autopercibidas como revolucionarias, una vez aceptado que en el sector intelectual constituyen una minoría (si es que al musgo que existe hoy día se le puede llamar sector intelectual), y que no hay modo de que la manipulación mediática explique por qué la mayoría piensa como piensa, deben detenerse por un minuto y escuchar lo que dice la mayoría, escuchar de verdad, libres de prejuicios. Estas cuestiones merecen textos independientes, pero aquí van algunas: sus opiniones no están representadas en ningún debate que haya sido reproducido por la prensa nacional (con la excusa de que hay que permanecer unidos ante el enemigo), el enemigo (dígase Estados Unidos) no es una esencia sobrenatural, permanente e indivisible, sino un mosaico de intereses autónomos, en eterno movimiento (su malignidad apriorística es tan irreal como la supuesta benevolencia soviética, rusa, o china, no hay naciones buenas ni naciones malas), el fallido sistema económico ha terminado creando agudas diferencias sociales dentro del propio país y ha mutilado la vida de millones de cubanos (y pese a que el bloqueo sea real, está muy pero muy lejos de justificar ese fracaso), los dirigentes del país han sentido en su nivel de vida menos tal fracaso que la gente corriente (desde luego, hay mil particularidades y complejidades en este asunto, que no hay tiempo para mencionar).

Autor

  • Un podcast cubano para debatir y reflexionar sobre economía, política, filosofía, y hasta poesía

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