Política en Cuba

¿Beneficios?

Por: Miguel Alejandro Hayes

Una mediación no es lo que está en el medio, sino a través de lo cuál puede realizarse algo, me enseñó María del Pilar Díaz Castañón. En la jerga de la economía clásica eso es válido también.

La producción y el consumo son dos polos. Ambos pueden realizarse si, y solo si, existe la distribución y el cambio. Es a través de la distribución y el cambio que la producción y el consumo pueden existir. Estas mediaciones determinan (le dan su condición específica) los extremos.

Pero la economía sigue siendo una ciencia de problemas intuitivos, y esos no llevan mucha complicación.

Con el ordenamiento monetario han subido los salarios del sector estatal (a lo sumo, 4 veces), y el precio de muchos bienes y servicios básicos (electricidad, gas, comida) un número de veces superiores. El proceso de cambio (la compra) se reconfigura. 

Suben los salarios menos que los precios de, insisto, cosas tan básicas como los mandados, por lo que cae el poder adquisitivo (con el salario actual, se compra menos que con el anterior).

Si cae el PA, se reduce el consumo. Pero eso no ocurre a mediano o largo plazo, sino en tiempo real. El salario de hoy compra con los precios de hoy. El ordenamiento incide de forma negativa en el consumo automáticamente. El salario cobrado de enero es para consumir en enero, con los precios del mismo mes. El efecto de la modificación en la mediación cambio es a la par, porque son un todo que no se puede separar. La capacidad de compra no es algo que pueda modificarse sin que cambie el consumo con ella. Puede ser antes, pero nunca después. 

Resulta claro que la caída de la demanda (pérdida de poder de compra), representa, al mismo tiempo, una caída de la producción. Para el caso cubano, al menos hasta ahora, sí es de forma automática en el sector privado. El aumento de los precios en alimentos y servicios públicos, como la electricidad, es la espada que empuja al sector privado a subir sus precios (solo por criterio de costos para medios de trabajo e insumos, porque el propio precio de la vida los obliga a subir precios). Esto, en contacto directo con la caída de la demanda, es la contracción inevitable, en tiempo real, de la oferta del sector privado; ya sea porque cerraron, o porque la gente no les compra porque es muy caro (producción que no se vende no es producción). Caen algunos empleos, vuelve a caer el consumo de los desempleados.

Se puede agregar efecto similar en el agro, donde simplemente aumentaron los precios, y donde los topes afectan ya a determinados rubros. Se reduce, de nuevo, la oferta, de forma directa.

De ahí que quede un ordenamiento que ha sido, por definición, una contracción de la economía, de la capacidad de compra del ciudadano. 

¿Puede la pérdida del poder adquisitivo ser algo favorable para la economía? Sí, pero no para la de las mayorías. Se le suma el imaginario negativo alrededor del “hacer negocios”, la afectación a la cultura (ya deformada) de emprender. 

Quizá se perdió de vista lo que sirvió acá de punto de partida: las mediaciones no son el medio, ni tienen vida propia, ni son algo separado. En ellas se expresa algo. La compra es la mediación esencial de la producción y el consumo; el comportamiento de la compra determina el comportamiento del consumo y la producción. A lo simple: poder comprar menos es consumir menos, es que otros consuman menos de lo que necesitan para producir y produzcan menos. ¿Beneficios?

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