Ciencia

De Homo sapiens sapiens a Homo sapiens sentiens

Hay que vigilar con frecuencia el inicio de las emociones, notando además los cambios físicos o sensaciones que las acompañan.

Por: Danilo Euser

Somos seres emocionalmente racionales

Si hay algo que es común y define a prácticamente todos los seres humanos, es la capacidad que tenemos para sentir y emocionarnos de formas, a veces distintas, pero con una misma esencia biológica y adaptativa.

Las emociones han jugado un papel trascendental, tanto en la evolución biológica, como en el desarrollo social. Aspectos claves para los seres humanos como la comunicación, las relaciones y los vínculos sociales, el trabajo cooperativo y el desarrollo intelectual y técnico, no se podrían explicar sin tener en cuenta el papel de las emociones.

¿Cómo definir las emociones? ¿Cuáles son sus funciones?

¿Qué son las emociones?

Las emociones son impulsos biológicos que nos predisponen para la acción. Nos conectan con momentos en los que tomamos direcciones, caminos y decisiones. (1)

El origen etimológico de la palabra emoción es emotio, del verbo e movere (del latín), que significa hacer mover o llevar al movimiento. Esto viene a adelantar una de las funciones principales de las emociones: motivar o impulsar a realizar una acción, dependiendo del origen de las mismas, como se verá más adelante. (2)

Las emociones son, además, un denominador común con el resto de mamíferos, y aunque cueste creerlo, la mayoría de las decisiones y conductas pasan por el mismo mecanismo biológico de estos “seres inferiores”: el sistema límbico (o de respuestas emocionales) (3).

El poder de las emociones en la conducta

Este sistema metafórico (puesto que no es como tal una parte o capa del cerebro, sino un conjunto de estructuras y funciones) tiene como objetivo fundamental generar respuestas de rechazo o recompensa ante ciertos estímulos, a través de una sensación o un estado emocional concreto.

Por ejemplo, en un entorno antropológico, cuando un primate homo se encontraba frente a una situación amenazante como un depredador, su cerebro, y en particular este sistema límbico, era el encargado de generar una cascada de neurotransmisores y hormonal vinculadas con la respuesta de lucha/huida, o sea una sensación emocional de estrés intenso, en pro de su supervivencia.

Asimismo, cuando se percibía algo beneficioso, como una presa o un árbol lleno de frutas maduras, se generan una serie estímulos en el cerebro que motivaban a alcanzar esos objetivos. Recibiendo además una recompensa neuroquímica por ello (satisfacción y agrado), guardando esa experiencia como positiva y repetible si el resultado era bueno (cazaban la presa o se tomaban las frutas sin problemas). O, por el contrario, recibiendo un feedback negativo (malestar y enfado) si el resultado no era el esperado y producía algún daño (el árbol estaba lleno de serpientes o la presa era peligrosa, por ejemplo), guardando igualmente la experiencia para evitar una situación similar en el futuro (probablemente con mucho más detalle y fuerza que la primera).

Aunque estos ejemplos puedan parecer distantes y poco comparables con las vivencias y sensaciones humanas actuales, la realidad es que se siguen teniendo los mismos mecanismos y respuestas neurofisiológicas y emocionales que aquellos antepasados, respondiendo también de una forma muy similar ante situaciones negativas o positivas para nosotros.

Se dice que el cerebro necesita, al menos, 5 estímulos positivos para compensar uno negativo… Pues, evolutivamente es más adaptativo recordar y evitar o estar preparados para situaciones negativas, que sentirnos contentos y tranquilos.

¿Emociones negativas?

Lo que hoy se considera como emociones negativas, han sido de los mayores aliados para la supervivencia, y aunque el entorno actual sea bien distinto al de hace 20 mil años, esas emociones siguen siendo una parte importante de la vida y, sobre todo, que no nos podemos deshacer de ellas, pues están grabadas a fuego en nuestra biología.

Existen personas que sufren de algunas enfermedades o alteraciones genéticas que disminuyen o suprimen ciertas emociones y sensaciones como el miedo o el dolor. Esto parecería algo súper deseable. Dejar de tener miedo o no sentir nunca dolor, parece el sueño de cualquiera que le guste disfrutar y no sufrir. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de estas personas tienen una esperanza y calidad de vida bastante pobre, y prácticamente todos ellos desearían tener la suerte de poder sentir eso que no pueden. (4) (5)

No sentir miedo o dolor nunca hace que no sean capaces de reaccionar correctamente ante situaciones o hechos peligrosos, como tocar algo muy caliente y no darse cuenta, pudiendo acabar con heridas muy graves; o niños pequeños que no temen a hacer cosas peligrosas como tirarse de una altura muy elevada o tocar un animal peligroso; etc. Luego, estas emociones y todas las demás que se pueden sentir, son importantes para la supervivencia y bienestar. Y por supuesto, no toda las reacciones emocionales son siempre e igualmente adaptativas y beneficiosas. Por ejemplo, reaccionar con una respuesta de lucha/huida (estrés) ante situaciones comunes como una discusión con la pareja o familiar de forma repetida y descontrolada, puede producir estados emocionales negativos y conductas poco deseables. Al igual que sentir un miedo paralizante (respuesta biológica a grandes peligros) ante un hecho objetivamente poco peligroso (como hablar en público o cambiar un hábito) no es algo positivo ni adaptativo.

En este sentido comienza a jugar su rol el llamado Sistema Neocortex (o de la racionalidad). Para poder así intervenir positivamente ante reacciones automáticas, y empezar a tomar más control sobre las respuestas y sensaciones, aprendiendo a gestionar correcta e inteligentemente las emociones, resultando comportamientos de una forma más provechosa (6).

Razón y emoción

La aparente rivalidad y separación entre el razonamiento y los sentimientos se aprecia en muchísimas obras de la literatura, la filosofía, e incluso en algunos sectores de la ciencia. Sin embargo, a día de hoy sabemos que estos dos conceptos tienen mucho en común, sobre todo, que no puede funcionar eficazmente ninguno si no se encuentran en correcta sincronía.

Ya vimos que las emociones son imprescindibles para la vida y el bienestar, pero que si no se aprende a gestionarlas inteligentemente y a contextualizar aquello que se siente y se percibe a través de la racionalidad y la toma de consciencia, estas nos pueden jugar muy malas pasadas.

El poder de la percepción (visión estoica)

Tendemos a confundir nuestros pensamientos con hechos, asumiendo que las primeras impresiones reflejan de manera fiel la realidad. Evidentemente esto es falso, y dos personas pueden interpretar de manera muy distinta el mismo acontecimiento.

Los filósofos estoicos, por ejemplo, entendían que se reacciona directamente a los eventos, sino a la interpretación que hacemos de ellos. Por eso advertían de la necesidad de cuestionar las primeras impresiones y evitar hacer opiniones con demasiada rapidez. Para tomar una buena decisión, se deben posponer los juicios de valor ante lo que ocurre a nuestro alrededor.

Si un evento externo te causa malestar, no es el evento en sí el que te daña, sino tu juicio sobre él. Y tienes el poder de cambiar tu juicio.

· Marco Aurelio ·

Muchos creen que las emociones son respuestas directas a lo que les ocurre, pero no es cierto. Entre el evento y la emoción hay una interpretación automática, un filtro inconsciente que condiciona la respuesta.

(I)

Este filtro es en parte innato, pero se va modificando a lo largo de la vida según las experiencias, creencias y reglas internas.

Reacción emocional y respuesta analizada

Muchos asumen también que la emoción ocasiona siempre una reacción pero tampoco es necesariamente cierto. Entre la emoción y la respuesta se puede incorporar un espacio. Este, da la oportunidad de cuestionar la emoción y regularla, logrando mayor control sobre la respuesta.

Aquí es donde se aprende a distanciarse un poco de las respuestas automáticas y de las reacciones primitivas. De esta manera, se pasa de reaccionar emocionalmente a responder racionalmente. El impacto en la vida y estado mental será enorme.

(II)

¿Cómo incorporar este espacio de reflexión? Prestando atención constante a las emociones y sensaciones. Lo estoicos llamaban a esta técnica prosoche (atención plena)

Vigila constantemente tus percepciones, ya que estás protegiendo algo nada despreciable: tu respeto, tu valía, tu templanza, tu serenidad. En una palabra, tu libertad.

· Epicteto ·

Al prestar atención, se empieza a ser consciente de este espacio, de lo que brota la oportunidad de cuestionar cada impresión y, de esta, manera modificar nuestra respuesta.

Como con cualquier habilidad, desarrollar esta atención o «pausa estoica» requiere práctica. Hay que vigilar con frecuencia el inicio de las emociones, notando además los cambios físicos o sensaciones que las acompañan. Al detectar su nacimiento, podremos atajarlas a tiempo.

Areté [virtud]

En resumen, el estoicismo pretende hacer pensar sobre los pensamientos y ayudar a la mente a ser más consciente de ella misma. Pera esta conciencia es solo el primer paso. Una vez identificados los pensamientos automáticos y las emociones que hacen surgir, hay que desarrollar la capacidad de cambiarlos. Para ello, los estoicos desarrollaron multitud de técnicas específicas que se irán revisando progresivamente.

Pero el proceso real no es siempre tan lineal. Entonces, pensamientos y comportamientos se retroalimentan constantemente. De hecho, el estímulo inicial no tiene por qué ser algo externo, y podría ser el propio pensamiento el que dé lugar a una emoción. Desde un punto de vista práctico, lo importante es entender la necesidad de intervenir en distintos pasos del proceso, logrando mayor ataraxia (tranquilidad mental) y mejorando las decisiones.

En resumen, todas las acciones vienen ligadas a una emoción, pero que no toda emoción o sensación tiene que determinar la conducta. Se pueden usar esos grandes filtros mentales y herramientas racionales para mediar entre estas percepciones y reacciones. Acercándonos más a ese estado de «eudaimonia» o coherencia entre lo que sentimos, pensamos, queremos y finalmente hacemos.

La calidad de tu vida depende en gran medida de la calidad de tus pensamientos.
· Marco Aurelio ·

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