Política en Cuba

Con el corazón puesto en la obra

Por: Alberto Miguel de la Paz Suárez 

A mis jóvenes cubanos les escribo:

¡Muchachos basta ya de esos discursos replicados que alientan la división y la fractura! 

¿Ustedes en qué línea van a estar?

¿La que alimenta el odio o la que alimenta la esperanza?

De antemano les voy a reconocer el derecho que tienen de estar de un lado u otro, en el medio, en el borde… Levantando la bandera que sientan que los representa.  Y espero que lo hagan con el corazón.

Si eligen el odio, sabré que algo no me salió bien en lo que asumí con ustedes, como profesor y amigo. Me duele, pero solo me hará mejorar el empeño que seguirá siendo siempre el mismo. 

A mí realmente me preocupa cómo la efervescencia revolucionaria no les da a algunos para, al evaluar, no ver que sí, Cuba tiene miles de problemas que resolver a lo interno, problemas que joden tanto o más que el bloqueo, pero la solución a estos no va a venir de afuera y menos de un cambio de gobierno o sistema. Quizá de la forma de gobernar.

Bastante más jodidos estaríamos, y si no, miren hacia afuera, pero miren bien, porque detrás de los brillos siempre hay alguien de rodillas aguantando patadas por el culo y no es lo que quiero para ustedes, ni para Cuba.

Los he leído, he tratado de ponerme en su piel, los que están cerca de mí saben que conozco de sus urgencias y que soy solidario de todo lo que los jóvenes representan como factor de cambio y promesa de futuro. 

Como ustedes, anhelo una Cuba mejor, además porque la conocí, un privilegio que da ser viejo.

No, no puedo aceptar que se siga diciendo que todos los que salieron a la calle eran delincuentes, ni confundidos, porque entre ellos había jóvenes que sufren, jóvenes que de verdad son coherentes y consecuentes. Jóvenes que al fin son iconoclastas, inquietos. A ellos hay que oírlos y ofrecerles espacios y vías para que se sientan útiles, para que no crean -como dolorosamente me escribe un amigo, compañero de aulas- que el país les está robando sus mejores años y que a cambio no tienen nada.

¿De qué forma han llegado a sentir que tener únicamente es sinónimo de poseer y no -como también debería- de ser?  

Los problemas están ahí, los ha reconocido el propio presidente. Ha hablado de que muchas de esas personas estaban allí producto de insatisfacciones lógicas y fue -juzgo yo, certero- cuando asumió que muchas de esas insatisfacciones tenían origen en fallas institucionales. Es obvio que muchas cosas deben cambiar dentro, y no basta con la “voluntad política”, también requiere del empeño verdadero de quienes habitamos esta isla, y de recuperar el contacto con la gente, con toda la gente, sea cual fuere su pensamiento, su alineación; eso es la unidad, que lleva al equilibrio.

Es innegable que el bloqueo hace daño, muchísimo, y no seré yo quien caiga en la retórica explicativa sobre el tema, consciente como estoy de que es una arteria abierta por la que nos desangramos. Pero también es cierto que desde adentro vemos todos los días trabas que son sencillamente impensables.

Hiervo de cólera frente a directivos que “enferman de burguesía” y confunden el deber con el cuidado de un puesto. Me insulta cuando advierto que no comprenden que el cargo es para impulsar, para crear, no para entorpecer.  Control no es sinónimo de “No”, más bien debería ser homólogo de “Tú también…”, “Vamos conmigo o voy contigo…”  “¿Y otra propuesta…? ¿Y a quién más podemos implicar…?”

He leído con cuidado las opiniones de los jóvenes, a quienes no creo perdidos, solo que ellos han tenido otros accesos (bendita internet) y maldita la decisión que tomamos de llenar sus imaginarios con productos que recrean espacios sociales que en nada se parecen a las realidades nacionales y que por su puesto han hecho el trabajo del agua subterránea. Estoy hablando de un mal balance de programación que hace mucho tiempo ha dejado de mostrar realidad para convertirse en hablar sobre la realidad. Y la saturación de la retórica trae consigo el hastío. 

Nunca podré estar de acuerdo con el rumbo que tomó la “pacífica salida del pueblo” el pasado día 11/7. Ustedes son jóvenes, y no crean que por ello los considero en menos, pero lo que pasó ese día ya lo vi suceder en Nicaragua y Argentina, y los resultados del “cambio” fueron desastrosos (no quiero de hablar de Chile del 1973). Lo vimos en Yugoslavia, en la guerra de Libia contra Siria… 

Tal vez hasta les parezca noticieril este post, pero solo les digo que es sincero.

Me revienta sobremanera que comparen la economía de un país como Cuba con la de una potencia como Estados Unidos o alguna de Europa, o Asia. Y me revienta oír decir con absoluta indolencia “las cosas que pasan en este país…”, sobre todo a gente que no ha vivido en otro, como si confrontar a quien niega no fuera una tarea de todos para encontrar un justo balance.

Compararnos con otros países, o mejor con los brillos de otros países, como si fuera aquí donde único se arreglan las calles por dónde pasa lo que es importante, como si todos no tuviéramos tendencia a arreglar la sala para causar buena impresión a quien llegue.

El mundo es complejo, y habrá que poder conocerlo un día de verdad. Otra tarea pendiente, porque ahora los cubanos podemos salir a conocer el mundo. ¿Cuáles? Los que regresan cargados de espejos para vendérselos a los indios que aquí quedamos, haciendo por y para todos, a precio de oro. Sí, ya sé que los malos diseños y la desidia en la prestación de servicios hace que la mayor parte de lo que dice “Hecho en Cuba” sea rechazado, o porque alguien siga pensando que importar es mejor que producir y darle trabajo a la gente. Y porque, como buenos reproductores de la colonialiadad, seguimos pensando que lo de afuera es siempre mejor que lo de adentro. 

Este es el resultado de no haber tenido una estrategia de inversión para producir una imagen Cuba Viva, libre de triunfalismos, en los medios, dónde se muestren aciertos y desaciertos y dónde todas las voces puedan sentirse representadas, porque no siempre las que critican son enemigas. ¿Con qué se retribuiría “el riesgo de la pluralidad”? Pues la ganancia sería cubanos cada vez más cubanos, otras veces he hablado sobre la necesidad de un imaginario nacional auténtico para niños, adolescentes y jóvenes, los adultos del mañana.

Sí, no soy tonto, ni ciego, ni “lameculos”, ni comunista, solo un profesional agradecido y comprometido. En ocasiones también me doy el lujo de disentir, porque a veces no estoy de acuerdo y no me callo, pero siempre he tratado de evaluar a fondo, y soy capaz de proponer una solución y hasta de aplicarla, aunque me equivoque. Como aquella vez que junto con otros solicité que la Constitución recogiera el trabajo como obligación, pero en nuestro paternalismo siguió registrado como derecho; de esta suerte sigue habiendo mucha gente en Cuba que vive del trabajo de otros, y encima sigue menospreciando ese trabajo porque no aporta lo que ellos consideran el valor único dinero. Hemos construido así una forma de burguesía parásita.

No se cómo puedan ser tomadas estás líneas, pero yo soy solo alguien que sueña y trabaja por un futuro mejor. Desde ese emplazamiento reconozco que la Cuba de hoy tiene muchos, muchísimos mecanismos y procesos que mejorar a lo interno, pero que nada vendrá de afuera y que tampoco se hará bien si cada quien no asume en su momento. 

De verdad saben que de ninguna manera apruebo la violencia como método, pero una protesta que no se detiene ante la representación de la ley, o sea la policía, deja de ser pacífica, y bueno corríjanme los juristas, desobedecer la autoridad es desacato.

Se caldearon los ánimos, era un resultado a esperar. Es lo malo de generalizar y del miedo. Y en una estampida es muy difícil separar la paja del trigo.

Estoy orgulloso de los jóvenes que han asumido una postura digna, sin servilismo, los que han sabido leer más allá ver la invasión mediática contra Cuba. Por favor, ha quedado expuesto con pruebas que los robos, los destrozos, comenzaron mucho antes de la convocatoria del presidente a salir a las calles y de esta manera sería útil que no se sumen al coro que habla de convocatoria a guerra fratricida, porque eso no fue lo que se dijo. 

Soy especialista en construir escenarios, acciones y personajes, por eso, acostumbrado como estoy a narrar en imágenes, me cuesta tragarme ciertos “testimonios” que he visto replicados, porque sé cuánto tardan en borrarse las huellas de una golpiza como las descritas. Lo siento mucho por quien pueda sentirse ofendido… pero no hay nada como el sabio tiempo.

Sé de sobra, porque lo hemos sufrido juntos, de miradas equivocadas, de censuras injustas, pero con todo eso sigo prefiriendo la tranquilidad, que no es lo mismo que “la aguantadera y la tracatanería”, males que no padezco.

Tenemos un escenario para cambiar Cuba y no es solo por medio de las publicaciones en redes sociales. El escenario ideal es el trabajo, es la vida de cada día, haciendo bien, o al menos lo mejor que podemos, lo que sea que hagamos. Y hacerlo con compromiso, para que lo que quede terminado, quede terminado. 

Se han publicado cosa como “… no tomar la Constitución como punta de lanza…”, pero es que, entre otras cosas (que me corrijan los juristas), la Constitución es eso, la Ley de Leyes, la punta de la lanza. Lo que ahí dice es letra viva y, entre otras cosas, ahí dice cómo se emplea. 

Algunos no podrán negarme que ni siquiera han leído la Constitución y que el momento de construcción de ella que tuvimos -aunque una vez más nuestro triunfalismo anuncia la mayoría aprobatoria, que por otro lado es innegable- no fue bien aprovechado.  Muchos no emitieron criterios porque “pa’qué”, asistieron a los espacios de debate “porque había que ir” y luego votaron “pa’ salir de eso” sin entender que cualquier decisión no te saca de eso, más bien te entra en eso.

Nosotros, sus mayores, quiero decir, les hemos hecho un daño terrible. Y esa sí es nuestra culpa: sobreprotegerlos, negarles las vivencias de crecimiento que tuvimos nosotros (cuando Cuba no estaba en la crisis aguda de hoy) y que nos hicieron comprender algo que está más allá de los derechos que tanto enarbola “la democracia”, o al menos lo que está generalmente entendido como tal y que se circunscribe a un yoísmo feroz.   

Lo siento mucho si alguien se siente atacado, pero si es así antes de liberar las ganas de responderme, respire, (tampoco es que esté conminando a nadie a responderme). 

Ante todo, recuerden que soy un profesional de la comunicación y que sé cómo se construyen los discursos. Pero también he hablado siempre con ustedes, mis jóvenes, a camisa quitada, y es en nombre de eso que les pido seguir usando todos nuestros espacios para hacer por y para todos, pensando en “y si fuera yo quien estuviera ahí”, para exponer criterios propios y probados, no pasiones exaltadas y mucho menos discursos ajenos.

Seamos serios y comprometidos, actores sociales no espejos, o lo que es peor, voceros. 

A quienes lo han hecho, por suerte en inmensa mayoría, se los agradezco también inmensamente.

Cuba nos necesita y nos necesita con el corazón puesto en la obra.

¡Viva Cuba, cojones!

También le puede interesar

carta a estudiantes, carta a estudiantes, carta a estudiantes, carta a estudiantes, carta a estudiantes, carta a estudiantes, carta a estudiantes, carta a estudiantes

Autor

  • Graduado de Dirección en Radio, Cine Y Televisión en FAMCA, ISA. MSc. Realización Audiovisual. Realizador, guionista y profesor Universitario.

2 Comments

  • Ricardo

    Antes que todo. Felicidades a La Trinchera por decidir poner este artículo…. realmente me sorprendí con él, pues no es de los que usualmente publican. Luego, decir que comparto los puntos de vista del autor.
    Saludos, Ricardo.

    • Miguel Alejandro Hayes

      Gracias Ricardo. Creo que ya intercambiamos sobre ese tema en otro lado, jeje. Lo importante es intercambiar.
      La Trinchera, mejor dicho, yo como editor principal, siempre he estado dispuesto a recibir textos diversos. Nunca ha existido una restricción contaria a eso

Puede comentar acá

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas