Cultura

Motor de arranque

Por: Alberto Miguel de la Paz Suárez

Creo que los más rezagados llegaron en masa, en la segunda emisión. El comentario pasó de boca en boca y para el segundo domingo ya era casi sintonía total. Las noches del domingo volvían a tener buen sabor y alegría. 

Desde unas semanas atrás la convocatoria movilizadora estaba haciendo sus efectos y la expectativa no cayó en terreno baldío. Los escépticos -los menos- rendidos, y el balance reporta un “OK” (0 killed). Todas las emisiones fueron de calidad. Para la mayoría bastó la “primera probadita”, y desde ahí otro consumidor ávido. ¿Comensales inapetentes? Si, claro, en número muy reducido, pero sin ellos no pudieran pulirse la receta hasta llevarla al punto del gourmet. Por aquí y por allá comienzo a escuchar alguna que otra voz dejando claro la añoranza por el espacio, confiados en la solución de cualquier desaguisado. 

Terminó la primera temporada de “El motor de arranque”,  y de pronto las noches del domingo, en casa,  han perdido encanto. “¿Cuánto habrá que esperar para que lo vuelvan a poner?” “Ojalá no haya que esperar un año”. “Bueno… si es que después no aparece algún jefe al que no le cuadre y de pronto se pierda el presupuesto”. Los comentarios de los espectadores anuncian una buena expectativa y un buen índice de recepción. 

Conquistar a un público mayoritario no es tarea fácil para un proyecto de televisión, sobre todo en Cuba, donde en la mayoría de las ocasiones cuesta tanto implementarlos, y más aún sostenerlos. Pero esta vez Cubavisión demostró que sí tenía la intención de ir por todos… y en buena medida lo logró. Para ello acudieron a la sinergia con la empresa RTV Comercial, con la cual ya parecen estar asentadas las prácticas para lograr el éxito. Pero hasta aquí solo la primera parte, porque hacer un programa como “El motor de arranque” es una empresa muy seria en sí misma aunque sea cuestión de risa, y más aún, por eso mismo.

Antes, me gustaría reconocer el empeño (ya divulgado) de un colectivo como el de Canal Habana, apostador por tradición al riesgo para ser génesis de otros tantos proyectos nacidos allí y realizados con el esmero y profesionalidad conque ha conquistado a su público, la capital, como se sabe, una zona en la que viven en “equilibrio” multiplicidad de identidades culturales nacionales y foráneas, asentadas o itinerantes, en interacción continua para el crecimiento. Algunos de estos proyectos han sido retomados para el público nacional, pero no han tenido el mismo éxito de consumo que “El motor…” quizás porque no lo lograron despojarse del espíritu habanocentrista de sus orígenes. Aquí me gustaría llamar la atención sobre algo que en mi juicio debería ser la esencia de Cubavisión, y es poner en pantalla producciones de televisión de todo el país de modo que se convierta en plataforma de reforzamiento de la identidad cubana. Ojalá investigaran más cuales son los mejores productos que se realizan en los telecentros, por artistas comprometidos que corren el riesgo, y a estos proyectos dedicarles más apoyo presupuestario y tecnológico que ayude a dar una imagen de crecimiento en la televisión cubana y por ende de país.

El equipo de “El motor…” supo equilibrar energías y logró lo que hace mucho tiempo no se tenía en la Televisión Cubana. Poner un aire de fino humor, choteo en su mejor expresión, y buena música desde la más genuina cubanía ¿no debería ser esa la esencia de una televisora cuyo objetivo se presume sea reforzar los vínculos con la identidad nacional? Pues bien, hay carencia de esa proyección, lo evidencia la programación llena de productos “enlatados” que por otra parte no les permiten a los telecentros, donde el presupuesto y las condiciones técnicas y/o tecnológicas, no son las ideales para sostener una programación con los mejores estándares de calidad. No obstante, el empeño de creadores anota buenos tantos, y más cuando algún producto logra vencer la barrera y a veces hasta superar las estéticas de las producciones del nacional. 

Vuelvo sobre mis pasos y retomo el asunto sobre “El motor…”, hemos podido disfrutar de un buen show televisivo, integrados todos sus elementos en un fin común. Marcada la pauta, esperemos que la Televisión Cubana logré hacer sostenible la producción de espacios cuyas esencias satisfagan las necesidades de una porción de la vida de nuestros conciudadanos y no siga dejando vacíos en su parrilla de interés con  movimientos de horario (con la consiguiente descolocación de la audiencia). 

No quiero ser reiterativo ensalzando nombres, o parcelas de “El motor… “, pero me gustaría hacer algunas recomendaciones: ¿podríamos, terminado el casting de los imitadores naturales, entrenarlos con especialistas que les ayuden a pulir sus habilidades? ¿Se podrían diseñar sketches para que puedan interactuar entre ellos? Cierto que esto llevaría un tiempo mayor de pre producción, pero este segmento dejaría de ser un “ahora tú”. Por otro parte también sería bueno regular las improvisaciones de los profesionales, a veces se notan un tanto reiterativos y maniqueos, como si de repente se hubieran quedado sin recursos para el personaje -excepción de Noelia Bermellón- más cuando están interactuando con los imitadores y a veces parece que los tienen la intención de hacerlos objetos de burla, y sabemos que no es esa la intención, solo que esta interacción pudo ser mejor preparada para que el protagonista del momento -el imitador- no se vea en desventaja. Recordar para ello que siempre menos, es más.

Y finalmente agradecer al colectivo de “El motor de arranque” la buena vibra, la alegría contagiosa, la cubanía. Otra vez gracias, y arrancado el motor, que venga carretera.

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Autor

  • Graduado de Dirección en Radio, Cine Y Televisión en FAMCA, ISA. MSc. Realización Audiovisual. Realizador, guionista y profesor Universitario.

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