Cultura

La mierda en la que vivimos

Por: Daniel Toledo Guillén

Esto no es un análisis objetivo del reguetón, lo odio con todo mi ser y cuando odio completamente no dejo espacio a la duda del desprecio. Es como un ébola que nos provoca hemorragias internas y que, al igual que el virus, tiene el mismo grado de contagio. Destruye poblaciones enteras, las mismas que veneran los cadáveres dejados, y luego otras poblaciones son igualmente infectados.
Cada vez que veo alguna publicidad de algunos de estos artistas -lo cual me provoca ganas de… –, solo veo unos sujetos obsesionados con una estética pseudo-narco-señor de los cielos-capo, y un montón de colorines tan ajustados a sus mismas “canciones”.
El solo hecho de pensar en una canción y ver que estas creaciones reguetoneras son llamadas del mismo modo, me provoca de nuevo las ganas de…
Antes decía: “bueno, quizás bailarlo en las fiestas no está mal, ese es su espacio”. Ahora, me he vuelto más radical y el solo hecho de bailarlo, de permitirle entrar, es como alimentar con migajas a un monstruo encadenado en el sótano, que al primer chance que tenga nos comerá vivos, como ya lo hace.
Por eso mi gran preocupación es que no veo preocupación, a los que les molesta solo dicen: “bueno escucho otra cosa”, claro, como si eso resolviera el problema. Es como luchar contra la enajenación con más enajenación. Es una “música”-las ganas son más fuertes- que parte de la miseria material y espiritual; y tal cual, es una música de miserias, condenada a nunca ser más que eso. Y en el caos de la miseria no hay desarrollo posible. Entonces, es una música del subdesarrollo y el subdesarrollo.
He visto últimamente, algunos un poco más entendidos que defienden el reguetón como una forma válida de “arte”, e incluso, como una forma de protesta contra los males de nuestro continente. Los males de nuestro continente se pueden resumir rápidamente: subdesarrollo (en todos sus niveles, material y espiritual). Y si este producto, el reguetón, proviene del subdesarrollo, vive de él, existe en él y solo alimenta la enajenación (con cuerpos bien dotados, fiestas lujuriosamente irreales, excesos y una imagen delincuencial dorada como el oro), empecemos a condenar esta música donde quiera que se pueda; empecemos a suministrar- con la abundancia de un oleoducto- de cultura. Háganlos a todos entender Nuestra América. solo si la gente comienza a notar que han estado perdiendo su tiempo de vida sudando en el baile y la gozadera, las cosas finalmente empezarán a cambiar. Si no le dirigimos nuestras miradas al tsunami de ignorancia y enajenación que nos inunda, vayamos alistándonos para desaparecer pronto, y con nosotros, el planeta.
La enajenación nos va a llevar al fin de los tiempos.

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6 Comentarios

  • JOSÉ REPISO MOYANO

    LA FALTA DE ÉTICA INDICA QUE UNA SOCIEDAD ESTÁ EN DECADENCIA.
    Pues nadie tiene derecho a mentir (que es irresponsabilidad); o sea, nadie tiene derecho a la irresponsabilidad.

    La VIDA como valor primero. Solo se puede defender la vida defendiendo de verdad (sin trampas) a los VALORES DE LA VIDA.

    Sí, si tú defiendes de verdad a tu hijo significa eso que vas “a por todas” para defender a tu hijo, de corazón y con principios seguros.

    Pues bien, si tú vas a defender los valores éticos de la vida (sin engaños-trampas) significa eso que vas “a por todas” para defenderlos, ¡eso es!, sin consentir que nada ni nadie respete a mentiras (sean las que sean, pequeñas o grandes, con “santo” encubrimiento, oficiales o profesionales).

    ¡Sin mentiras!

    Y lo primero que hay que hacer sin duda, en firme y sin más engaños, es AYUDAR AL QUE DEMUESTRA RAZÓN-BIEN

    (porque ya he dicho miles y miles y miles de veces QUE NO EXISTE BIEN sin el demostrador de razón).

    • Daniel Toledo Guillén

      Muchas gracias por su comentario José. La verdad -aunque relativa muchas veces- sale a la luz desde la convicción de que algo que en su raíz está mal, debe, por tanto, estar mal en su evolución.

  • Diana

    Desprecio la generalidad de las obras hechas dentro del género, pero, no me parece q sea, como género, despreciable. Ahí está el Catalejo de Buena Fé, el clásico “Lo grande que es perdonar” con Gilberto Santa Rosa, y ahora recién Pla-ta-ta de Mon Laferté como dignos (excepcionales) representantes de que se puede hacer, música y arte con el reguetón. El último ejemplo incluso se convirtió en himno de protesta social en Chile.
    Me parece q es un género cuyos exponentes más conocidos lo han rebajado a su más mediocre expresión, aupados por mecanismos de mercado q reproduce el consumo pasivo de cine, literatura….todas las artes tienen su equivalente al reguetón. 😒

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