Economía en Cuba

Cuba ¿producir, importar, resolver, producir?

Esta semana en conversación informal afloran preocupaciones sobre la economía en Cuba. Seguimos en cuarentena, desabastecidos, en colas infernales y pensando en un colapso total. ¿Cómo salir a flote? Miguel Alejandro Hayes conversa con Silvia Oliva sobre mitos relacionados con la alimentación en Cuba en tiempos de COVID. ¿Posibles soluciones, opciones lógicas para enfrentar la crisis? ¿Producir, importar, distribuir? Reflexiones necesarias para ciudadanos y decisores, evitando caer en pánico.

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El fetichismo mercantil es un fenómeno que afecta también a la conciencia teórica. Cuando lo hace, domina las elaboraciones y modelaciones de la realidad; proceso en el cual se pierda la dimensión de la totalidad, y se recae en un pensamiento enajenado.
Dicho fetichismo alcanza su máxima expresión ante el dinero, que toma cuerpo teórico –entre otros tantos- con el monetarismo, un enfoque que se enfrasca en el eje de la relación dineraria, tomándola como “centro” de sus explicaciones, y del que derivan puestas en práctica en las que, en el mismo orden en que aparecen los momentos reflexivos, se jerarquizan las lógicas del mundo que habita fuera de las abstracciones: las políticas económicas emplean como punto de partida el dinero -fenómeno este que revive la vieja confusión de lo lógico y lo histórico. Del mismo modo se perfila la línea que se sigue para decidir sobre la economía cubana.
Al parecer, el marxismo y la dialéctica siguen siendo –al igual que en la URSS- palabras bonitas para los discursos políticos y para validar posturas de clase, porque se ignora o desconoce –o mezcla de ambas- y no una herramienta para saber que en un sistema como la economía, la inclusión de una práctica que se acople al ciclo económico termina en un círculo vicioso donde la causa se vuelve efecto de sí misma. Y la política económica aplicada por el gobierno va, no a cualquier variable, sino a la mercancía especial: dinero.

Si se tiene en cuenta que el dinero es el mediador del cambio, por tanto, medida de la economía, puede vérsele además como un reflejo, una imagen, una apariencia que construyen las relaciones económicas de sí mismas. Y si es un reflejo, hay que percatarse de que el dinero entonces no es la esencia del movimiento productivo, y trastocarlos no es equivocación menor.
Por suerte, hay apariencias que contienen una dosis de esencialidad. Por eso el sector financiero puede permitirse construir un reflejo exagerado del resultado productivo a través de una burbuja, lo cual solo es posible en la medida que hay una estructura productiva real sobre la que se puede especular así. En otras palabras, la existencia de una economía fuerte posibilita crear esa apariencia especulativa. Para esos casos –que se cuenta con un respaldo real-, no importa que se emplee una teoría contaminada con fetichismo, sino hallar los recorridos óptimos del dinero, en clave de crematística. (seguir leyendo)

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