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Dos textos sobre economía cubana

Dos textos sobre economía cubana, uno que habla sobre la necesidad de sindicatos en el contexto actual, y el siguiente que lo interpreta en perspectiva.

¿Sindicatos?*

Por Juan M. Ferrán Oliva

En más de una ocasión escuché al Comandante Ernesto Guevara –Che– afirmar que en el socialismo no eran necesarios los sindicatos. ¿Para qué hace falta esta organización en una sociedad de proletarios?, se preguntaba. Recuerdo una Reunión Bimestral con la participación de todos los administradores de empresas del Ministerio de Industrias, en la que se produjo un suculento debate al respecto. Sus únicos protagonistas fueron el propio Che y alguien de los asistentes que defendía hábilmente la idea contraria. Sería allá por el año 1964.

El período 1959-1965 fue rico en muestras de infantilismo político[1]. En 1963 se concretó una estrategia de desarrollo económico basada en el apoyo recibido de la URSS. Tenía como piedra angular a la producción de azúcar[2].

Che marchó definitivamente de Cuba en abril de 1965. Dos años antes había diseñado el Sistema de Financiamiento Presupuestario, que rompía los moldes de la época y dio origen a una singular polémica[3]. Su mérito no consistió en su viabilidad, quizás discutible, sino en la percepción de que algo andaba mal en el modelo vigente en la URSS. Lo estábamos clonando.

Entre 1965 y 1970 hizo eclosión un aquelarre ideológico. La predisposición hacia las relaciones mercantiles, el idealismo desbordado y la pretensión de quemar etapas, engendraron un esperpéntico[4]modelo de dirección. Durante dicho período se llevaron a cabo obras faraónicas como la Ofensiva Revolucionaria, que nacionalizó de un golpe a 60.000 establecimientos minoristas. El Cordón de La Habana, iniciado en abril de 1967, abarcaba unas 30.000ha y ya en 1971 no se hablaba de él; pretendió, entre otras buenas intenciones, abastecer de leche fresca a los habaneros[5]. La Brigada Invasora de Maquinarias inició oficialmente sus actividades en noviembre de 1967, con el propósito de desbrozar las infestaciones de marabú; constituyó, mundialmente, la más grande unidad de esa índole[6]y no resolvió el problema. El acontecimiento más sonado fue la Zafra de los Diez Millones devenida en obsesión y degenerada en histeria. Distorsionó la débil economía cubana con sabor de objetivo olímpico. Se incumplió. El valor de cada tonelada de aquel azúcar no se conoce. Mucho menos se sabrá el costo de oportunidad que tuvo la economía del país en su ingente intento por materializar tal ilusión productiva. La movilización general de hombres y recursos, como en una guerra, paralizó y desarticuló la economía[7].

Ha pasado mucha agua bajo el puente. La Revolución terminó en 1970. Los cinco años siguientes se dedicaron a desfacer entuertos y diseñar el modelo oficial. El soviético fue el único disponible y se estrenó en 1975. Cesó la Revolución y se inició la evolución. Cuba, ratificada como vitrina, recibió una excepcional ayuda de la URSS.

El crecimiento acelerado de los desbalances comerciales externos, acentuado a partir de 1984, fue el primer síntoma de la crisis que se avecinaba. El Período Especial fue bautizado como tal en agosto de 1990. Obligó a la adopción de modificaciones impensables y de mecanismos ajenos a la centralización, debidamente descafeinados. Para algunos constituyó un retroceso teórico, para otros una oportunidad de superar el dogmatismo. Se iban perfilando los dos grandes grupos de ideas que nutren el debate actual. No es nada nuevo. La propia Unión Soviética vivió la pugna interna entre conservadores y renovadores.

Algunos se rasgaron las vestiduras ante la expansión de las relaciones de mercado y la inversión extranjera. Se intentaba zurcir el maltrecho modelo económico. Los hechos indican que un remiendo no es suficiente.

Las disposiciones adoptadas a partir de 1993 comenzaron a cosechar modestos frutos. En el año 2004 se arriaron velas, con el retorno a las mañas centralizadoras[8]. Al estallar la crisis mundial en 2008, Cuba aún no superaba sus deficiencias. Padecía un déficit fiscal elevado y un desorbitado desequilibrio externo. Su capacidad para crear ahorro propio era insuficiente. A ello se sumaba el arreciado bloqueo de Estados Unidos.

Cuando se creía que la clase proletaria había tomado el poder fue justa la apreciación de Che, al poner en duda la necesidad del sindicato. La actual situación es totalmente diferente. El Gobierno adopta formas mercantiles. Crece la participación de la empresa capitalista nacional y extranjera. Ambas utilizan fuerza de trabajo asalariada. Igual sucede en la empresa estatal calificada como socialista. La correlación de fuerzas es otra. Hay empleadores y empleados cuyos beneficios no siempre coinciden. Surge la necesidad de una entidad que defienda los intereses obreros. La actual es vertical. Continúa jugando el papel de maquinaria movida por las correas de transmisión del Partido. El sindicato debe ser un ente negociador. Se requiere una organización preocupada y ocupada por los obreros. La hora del teque ya pasó.

[1] El lógico despiste inicial provocó la demolición de 9 pequeños ingenios al calor del rechazo a la tradicional mono producción azucarera.
[2] Durante los primeros 15 años de la Revolución se consideró a la agricultura el sector principal, pivote del desarrollo. Esta rama y sus industrias vinculadas recibieron el 50% de las inversiones. Figueras, Miguel Alejandro. Aspectos Estructurales de la Economía Cubana. Editora de Ciencias Sociales de Cuba. 1984. Pág. 52.
[3] La polémica puede seguirse a través de las desaparecidas revistas Nuestra Industria y Comercio Exterior, que, en los años 1963 y 1964, recogieron todos los artículos publicados al respecto.
[4] Así lo hubiera llamado Valle Inclán. A fines de 1965 fue disuelto el Ministerio de Hacienda y se redujeron las funciones del Banco. El presupuesto de 1967, que fue el último, no llegó a aplicarse: a mediados de ese año se habían eliminado los pagos y cobros entre empresas estatales. En su lugar se establecieron asignaciones monetarias para salarios y las relaciones con el sector privado. Informe Central del Primer Congreso del PCC. Diciembre de 1975. Además, un nuevo sistema contable sustituyó la tradicional partida doble originada en el siglo XV. Se le añadió el apagón estadístico. La euforia desató una política insostenible de gratuidades. En muchos lugares se eliminó el control de entrada y salida de los trabajadores. Salarios y normas se desvincularon, se hipertrofió el pago de horas extra y se suprimieron los impuestos a los campesinos y los intereses a los préstamos bancarios. Fue la apoteosis de los estímulos morales y la reprobación de los incentivos materiales. Se intentaba llegar al comunismo a marchas forzadas. Algunos soñaban con eliminar el dinero.
[5] …la Ciudad de La Habana la vamos a abastecer plenamente de leche, y no solo de leche sino incluso de queso y en buena parte de mantequilla, con unas 80.000 hectáreas de tierra, ¡con ochenta mil! (APLAUSOS), y a un nivel de abastecimiento que sería el doble de lo que se abastecería con ese nivel de productividad de los campesinos en un millón de hectáreas de tierra. Castro Ruz, Fidel. Discurso pronunciado el 6 de enero de 1968 en ocasión de inaugurar un pueblo de 120 casas en el Cordón de La Habana.
[6] Disponía de 500 máquinas de estera y los equipos complementarios. Se hablaba de 1.500 camiones de 10 tm y unos 300 bulldozers. Castro, Fidel. Discurso de inicio de las actividades de la Brigada Invasora de Maquinarias en La Concepción, Bayamo. Oct. 30 de 1967
[7] En fin de cuentas quizás fuera conveniente no alcanzar aquella meta olímpica, pues la URSS y otros países del campo socialista no hubieran asimilado el total. En tal caso, el remanente hubiera abatido los precios del mercado mundial.
[8] Pérez Villanueva, Omar E. Cincuenta Años de la Economía Cubana. Editora Ciencias Sociales. 2010. Pág. 19 y 20.

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*Sine die nº 127

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Interpretando a Ferrán

Por Ricardo Jorge Machado

En pocas cuartillas el autor ha sintetizado la historia del caos. Del llamado caos destructivo, inevitable según algunos científicos sociales. Fuimos muy eficientes en esa tarea. A esta etapa debía seguir la creatividad constructiva en la que estamos ahora, pero se nos ha enredado la pita. El capitalismo tiene 800 años de historia, el socialismo -es decir los intentos- algo así como 100 y la propiedad privada más de 2000 (de ahí la insensatez de identificar propiedad privada con capitalismo). Marx no lo hizo, pero hay mucha gente que no lo lee y no se ha enterado. Ese bache conceptual nos está costando muy caro.

Si sacamos la cuenta, esta nos da que este sistema todavía no ha llegado a la etapa juvenil; es infantil. Por eso hace las tonterías que hace y es lógico y esperable. El capitalismo también hizo la suyas y ahora las está haciendo peores con la ayuda de un cúmbila que se ha echado, al que le dicen COVID.

Parto de la idea del presidente de que se trata de un asunto de gestión del conocimiento. El conocimiento es vida y la falta de él es la muerte. Está probado. Cuando el socialismo irrumpe, desata procesos sociales que se disparan, a alta velocidad, casi incontrolables. A un ritmo mayor que el de las capacidades del sujeto de dirección que carece del acervo cognitivo para controlarlos a todos. Como no es mucho, se invierte en aspectos esenciales : la defensa y la seguridad, Primero lo primero. Por eso estamos todavía aquí.

Lo que nos quedaba del escaso acervo lo invertimos en hacer los mejores bailarines del mundo, boxeadores, músicos, médicos y por supuesto, militares. Todos buenísimos. Modelos de formación –es la clave- con estándares internacionales. Pero se nos olvidó la economía y el complicado tejido de las relaciones de propiedad, especialmente en lo que a la comida se refiere. De eso no sabemos y vacilamos.

No se quiere afrontar riesgos. No nos percatamos de que el mayor riesgo es no querer asumirlos. Recién ahora empezamos a darnos cuenta. No tenemos modelos de formación ni de empresarios ni de funcionarios estatales, que se ¨ forman¨ a la bartola. Le dimos prioridad a la superestructura. Es decir, viramos el marxismo al revés. En eso estamos. Sobrevivimos por ser un pueblo pícaro y de mente rápida como ninguno. Por eso nos quitamos la rodilla de un gigante que teníamos sobre el cuello y no nos dejaba respirar  (para ser actuales). Los vecinos todavía la tienen, porque no se han decidido a quitársela. Ah, se me olvidaba; también por lo que tenemos de la cintura para abajo.

El dilema que vivimos se expresa en la metáfora de la lucha entre un viejo vil y medio loco –armado hasta los dientes- que no puede ni quiere, y entre un niño que puede pero que no sabe. Esto va a durar décadas, así que acomódense. Gracias Ferrán por la síntesis. Su libro premiado CUBA 2025 debiera editarse por miles, pero a cierta burocracia no le gusta y lo ha metido en el congelador. Seguro usted lo tiene informatizado y debiera ponerlo en las redes. Bueno me callo, no quiero aburrir a los lectores con tanta teoría.

9 Comentarios

  • Orlando

    Mí Zafra de los Diez millones. Lo peor no fue pasar hambre, frío, calor. No fue lo peor irse a la cama tiznado de cortar caña quemada por la rotura del motor del agua. Algunos jóvenes se cortaban un tendón de la mano para escapar. Lo peor era que estábamos ahí “voluntarios” por el tiempo que fuera necesario. Yo tenía 16 años, cumplí los 17. Y todavía hoy pienso que el Comandante bien pudo haberme obligado a permanecer cortandi caña en Camagüey hasta hoy que tengo 67 años si le hubiera dado su realisima gana.

  • Orlando

    En lo que se entretienen en Cubadebate. Copio:

    Michael Flor pasó 62 días en un hospital de Seattle luchando contra COVID-19. Recientemente recibió una factura por su estadía por un total de $ 1.12 millones. Flor, de 70 años dice que su corazón casi falló por segunda vez cuando recibió la factura de su odisea de atención médica.

    —-
    Ja ja ja. Y lo va a tener que pagar. A mí el Jackson me mandó una factura por ocho mil dólares en en año 1998 y todavía están esperando un cheque mío por esa suma

  • Orlando

    Los que creen que el Financiamiento Presupuestario del Che es la gran cosa que me lo expliquen porque traté y no pude entender sus galimatias a pesar de mí Lic en Economía de la U de la Habana, de mí MBA de la FIU de Miami , de mi título del Internal Revenue Service de Enrolled Agente y de mis dos certificados en Finanzas de la Florida para escribir pólizas de seguros.

  • Orlando

    Interesante que ese virus se produjo en un país gobernado por un país comunista que no supo controlarlo, y los izquierdistas lo interpreten como prueba de decadencia o crisis del capitalismo.

  • Orlando

    Escribió Frank Delgado.

    Si el Che viviera fuera, fuera,
    un amasijo desprolijo
    que no refrendó nunca aquello que dijo.
    Fuera, fuera un ortodoxo, muera un dinosaurio.
    Fuera condición sine qua non y no te pierdas
    y entre tanta mi fue

  • Orlando

    Capitalismo explotador. Mira que cobrarle más de un millón de dólares por la cura del Covid-19. Y si no paga le quitan la casa y le decomisan su retiro al viejito dejándolo en la calle. Por eso yo vivo y me muero en Cuba donde todo me lo dan de gratis. Donde la base de todo es sólo el limón y dónde para ir a la playa basta con tener un amigo coronel como dijo la niñita antes de que la madre le tapara la boca.

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