Economía en Cuba

Una Roma a la que conducen todos los caminos

Por: Miguel Alejandro Hayes

I

Lo general suele no significar casi nada, y los equilibrios generales de la economía no son la excepción. 

Le llamamos general a la totalización de una especificidad en última instancia. En la economía, y políticas económicas, se expresan y reproducen los intereses de grupos y clases, aunque se vendan como generales.

En pocas palabras, los modelos de equilibrios generales no son más que la traducción a un lenguaje técnico de la estructura óptima correspondiente a la dinámica productiva funcional a determinado interés de clase, o grupos económicos específicos.

Por eso, si de economía cubana se trata, la unificación de Tasas de Cambio (TC) no ocurre porque está a punto de colapsar el bolsillo del ciudadano común. Aunque esa situación es una realidad actualmente, no es la primera vez que se produce. Para esta ocasión, dicho punto vulnerable coincide con la incapacidad de expansión del núcleo de la economía cubana, que son las empresas militares.

La incapacidad de convertir en divisas los ingresos subsidiados por TC de dichas empresas, impide la renovación de ciclos productivos. En otras palabras, el subsidio a la rentabilidad que ha representado la multiplicidad cambiaria creó una especie de burbuja especulativa que ya hace su explosión.

Lo anterior consiste en que los ingresos de las empresas que comercializan en CUC (muchas, bajo la lógica de importar para (re)vender) se multiplican por 25, y se subsidian sus costos de importación, además. Ante esos grandes ingresos, no se puede importar cuanto se desee del monto de la ganancia, a veces ni siquiera renovar los mismos montos de importación inicial, por no contar con las divisas para hacer un cambio. Así, parte de la masa de ganancias por TC es, debido a su in-convertibilidad al USD, casi por definición, una burbuja.

Las empresas que importan y luego venden en CUC, al estar limitada la entrada de USD, tienen una determinada cantidad de pesos convertibles que quedan inservibles para reiniciar el proceso de importación- comercialización.

La misma lógica puede repetirse en empresas de otras áreas de la economía, como la productiva o la de servicios, que venden en CUC. Muchas dependen de la importación para sus insumos, maquinaria, tecnología, y generan ingresos en CUC que no siempre son convertibles a dólares.

Estas burbujas, cuando operan en el sector de alimentos y bienes básicos, en un país que depende de la importación para abastecer esos mismos sectores, son altamente peligrosas y con efectos expansivos.

De ahí que la unificación cambiaria responda, cómo mínimo, a un reajuste del funcionamiento económico de empresas para que puedan, al menos, tener la capacidad de reiniciar ciclos económicos (importar, como paso clave), y sanar el daño de la burbuja.

II

Para una primera reflexión sobre la unificación cambiaria, se pueden tomar estos 3 ejes. Si se ofrece la tasa de cambio de 1×24, los efectos serían:

  • Garantizar el cambio histórico reciente de CADECA para no afectar las cuentas en CUC de los ciudadanos y afectar lo menos posible el poder adquisitivo de estos.
  • Una reducción de un 2300 por ciento de la TC de las empresas estatales, como señala el economista Oscar Fernández. Con ello se va buena parte del subsidio a los costos de las empresas (o los ingresos por tasa de cambio), y una restricción a sus importaciones.
  • Por último, como señala el propio Fernández, un beneficio potencial a las importadoras (en su mayoría, empresas militares), debido a su capacidad de operar con dólares.

A primera vista, resalta un aumento de la circulación monetaria del CUP, que como mencioné en otro lugar, puede ser un incentivo al aumento de la producción. Pero en las condiciones institucionales actuales, la iniciativa de inversión en el sector no estatal, en su totalidad, enfrenta altas restricciones legales y burocráticas, es decir, está marcada por fuertes desincentivos. Por su parte, la inversión estatal tiene una lógica que se ajusta más a la inercia administrativa y al favoritismo político, así como a la capacidad de figuras de impulsar proyectos (la Oficina del Historiador es un buen ejemplo), que a necesidades de inversión para fomentar el bien común.

A ello se le suma que, para el sector no estatal, es en los escenarios productivos donde más restricciones hay a la entrada. Es ahí, además, donde menos esfuerzo por invertir hacen las empresas estatales y militares, y sus direcciones y entidades gubernamentales afines. Y en los sectores productivos es donde se encuentra la generación de la oferta de los bienes de primera necesidad (agricultura y ganadería).

Luego, se está ante la llegada de un aumento de la masa monetaria, sin el respaldo productivo instalado, y sin señales de un esfuerzo para que, en clave de oleada, se genere una expansión interna de inversión de nacionales (privados y no estatales); sobre todo, en la producción de bienes de primera necesidad. Lo que gesta el entorno clásico para procesos inflacionarios, los cuales se reflejan primero, tal y como se hace sentir hoy, en productos básicos como arroz, frijoles, ensaladas, viandas, carne de cerdo, huevos, café.

De seguir el ritmo actual, la importación podría resolver este problema. Pero, un país sin divisas, ¿podría darse el lujo de gastar su divisa en importar productos que bien pudieran ser de facturación nacional?

Así, para los consumidores, el grueso del impacto real de la unificación, que es la disponibilidad de bienes básicos, queda fuera de sus manos. Pasan a depender del estado y de las empresas (estatales, militares y privadas). Y si pudo existir alguna iniciativa privada en la inversión para generar oferta, queda limitada por una respuesta estatal en lo institucional, así como queda en estado pasivo una propia respuesta productiva estatal.

Me gustaría recordar que, aunque muchos apuestan por la vía pymes, los artículos de primera necesidad que más escasean provienen del sector agropecuario, y que la única forma de reducir la escasez en ese sector es con el empleo de grandes producciones. Por lo que recalco que los esfuerzos para evitar un efecto inflacionario, requieren del énfasis en un programa nacional, una Tarea productiva que demande el potencial del sector estatal y no estatal.

III

Las empresas estatales y militares que no logren recuperarse del arranque de los subsidios por TC, pasarán a zona roja y a un posible cierre. Para dicha recuperación, tienen un tiempo prudencial. El método será, dado el reajuste de sus costos (por la pérdida de subsidios), un aumento de precios de venta.

Es para amortiguar ese golpe en la contabilidad empresarial que se mantuvo el 1 por 24 para el cambio de los CUC y el aumento de salarios.

Las empresas estatales, como un todo, quedan un poco mejor paradas que la ciudadanía. Ahora tendrán que pagar sus insumos y todo aquello que demandan importar, si logran disponer de su equivalente multiplicado por 24, en pesos cubanos.

Poseían un subsidio en el que, en dependencia de los USD asignados, los recibían en un monto equivalente al que entregaban en moneda nacional, a razón de 1×1. Ahora, dicho subsidio pasa explícitamente al precio final para el consumidor. Ya no serán las cuentas del estado quienes subsidien la importación de las empresas al cambiar a USD, sino que será el consumidor al pagar un mayor precio de compra.

Claro que los precios de todo el sector estatal no se multiplicarán por 25, pero en los aumentos de precio va la garantía de obtener volúmenes monetarios que garanticen a las empresas poder cambiar a dólares e importar. Entre las empresas que no multiplicarán automáticamente sus precios por 25 hay muchas que son productoras, tales como procesadoras de productos agropecuarios, hacedoras de muebles o herramientas, etc., así como proveedores de servicios tales como la electricidad, reparación de equipos, tanto para estatales como para particulares. Ellas suelen operar en CUP, esencialmente.

Las que logren un saldo favorable, entre el aumento de sus precios y la reducción del 2300 al subsidio de sus costos, serán triunfadoras. Tienen la capacidad de, en apariencia, al menos por ellas mismas, en determinadas reglas de juego, hacer algo para decidir su destino a corto y mediano plazo.

Entre las empresas estatales hay otro grupo que comercializa bienes y servicios en CUC y que tienen un poco más de ventaja. Su precio de venta será multiplicado literalmente por 25. Para estas es más claro que no tienen que existir problemas de ganancias, siempre y cuando logren realizar la venta de sus bienes o servicios.

El hecho de multiplicar automáticamente los precios por 25, pone de nuevo a cuenta del consumidor el antiguo subsidio por TC, además de la garantía para las empresas con estas condiciones de tener la liquidez para poder comprar los dólares para la importación de lo que comercializan.

Este segundo grupo de empresas, en realidad, lo forman, en menor medida, empresas estatales, y en su mayoría, militares. Esta lógica de garantizar la rentabilidad las deja en situación mucho más favorable que al grupo de entidades antes mencionadas. Este último grupo, lo que pierde, al igual que todas, es el subsidio a sus importaciones. Ahora debe pagarlas a 1×24.

En estas, al tener una mediación con las importaciones, a través empresas importadoras, la parte de sus ingresos dedicados a importar (que es significativo, sobre todo en las redes de comercio minorista), termina por dividirse por 24.

IV

Por último, nos encontramos con las empresas importadoras, de las cuales, las más importantes son militares.

Estas son el último eslabón del múltiplo del 24. Son las que van a operar en y con los dólares. Estas son las que obtendrán x24 la ganancia de tasa de cambio que se le cobró directamente al consumidor, o que debió más o menos lograr reunir otro grupo de empresas para poder importar.

La distinción del ordenamiento parece ser, en primer lugar, la eliminación directa al subsidio para importar (la asignación al 1×1 que pasa a 1×24), para cargarlo al consumidor, ya sea de forma automática y suficiente (multiplicando precios por 24), o aumentando precios en menor cuantía. Para el caso de la tarifa eléctrica, por ejemplo, la diferencia hasta el 1×24, la subsidia el estado. Este es el lado más evidente.

Lo otro relevante, es que el ingreso por TC del 1×24 que se distribuía en aquellas empresas que operaban en CUC (que excluye a las actuales tiendas en MLC), ahora se van a concentrar en manos de las importadoras. Es decir, en esencia, se sigue manteniendo el mismo mecanismo, lo que, a mi juicio, algo más perfeccionado. Se elimina la burbuja y cualquier distorsión producto del grado de independencia que adquirió el CUC.

Si bien la introducción del dólar, y la presencia posterior del CUC como espejo monetario (acompañado de la multiplicidad cambiaria), era un mecanismo para subsidiar el sistema empresarial estatal y militar a través de TC, ahora se hace menos engorroso dicho proceso desde el punto de vista contable, además de que se direcciona hacia grupos de empresas específicos.

Para ello, quedan bien delimitadas las reglas de juego, una Roma a la que conducen todos los caminos. Los ingresos por TC se concentrarán en las importadoras, de las cuales, las que mayor volumen controlan e impacto tienen sobre la vida cotidiana directa, son las militares. El consumidor seguirá pagando ese múltiplo de 25 en los productos y servicios que dependan de la importación, y un número inferior en otras compras que realice (como la tarifa eléctrica, que seguirá subsidiada).

Sin dudas, la unificación se hacía necesaria para el bolsillo ciudadano y para el desarrollo de sectores claves, para mejorar la vida de las mayorías. Sin embargo, su puesta en práctica, hasta el punto en que se llega en esta reflexión, ha sido solo para darle un mayor ordenamiento y organización al mecanismo mediante el cual el estado (a través de las empresas militares, o las empresas militares a través del estado) garantiza una fuente fácil de ingresos por TC. Fuente que responde a concepciones económicas tan primitivas como el mercantilismo precapitalista o el rentismo.

Mientras, por otro lado, la capacidad de dotar de poder adquisitivo para garantizar necesidades básicas de alimentación, es decir, la capacidad de expandir la oferta de los bienes correspondientes, queda fuera de la Tarea, y muchas empresas que no funcionan bajo el facilismo de la comercialización de importaciones, terminan huérfanas en el proceso (incluso, bajo escenarios de cierre).

Algunos actores económicos quedan desarmados (los ciudadanos), otros abandonados a su suerte (empresas que no operaban en CUC). La canal de concentración de divisas e ingresos mediante el cambio ya está más que clara.

Al problema inicial de la incapacidad de operar, producto de la in- convertibilidad, si bien no se le da solución, se le perfeccionan las vías para ello, pasando cada empresa a ser responsable de reunir los montos que amerita para cambiar y poder importar, librando al estado de esa responsabilidad.  Al mismo tiempo que este se garantiza mejor liquidez a través de las tiendas en MLC y las empresas importadoras.  Si una red minorista no reunió los CUP para poder importar más mercancía, entonces simplemente estas se pueden importar y vender en las tiendas en MLC, por solo mencionar un ejemplo. En última instancia, seguirán existiendo un pequeño número de entidades que obtengan ingresos por TC (y márgenes comerciales, quizá), tan solo por la condición de monopolio. Lejos de socializar esos ingresos por el propio sector empresarial, ahora quedan bien delimitados en un pequeño número de entidades.

La verdadera problemática no radica en este monopolio per se, sino en la limitación (por no perder espacios de poder, por dogma, por inercia, u otra cuestión) a la expansión de inversión privada y la conducción gubernamental hacia la producción nacional de alimentos cómo vía a un salto estructural.

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