Economía Política

El valor

Por: Miguel Alejandro Hayes

El valor es una de las categorías más importantes del sistema teórico de El Capital; es el eje central de toda su crítica a la economía política. Su papel en dicha obra, sumado a la forma en que está expuesto, a las teorías precedentes y a las que le siguen, así como sus numerosas interpretaciones posteriores, lo convierten en una oscura metafísica. Prueba de ello es que entre economistas y filósofos existan todo tipo de teorías del valor.

El consenso dice que el valor es el tiempo de trabajo socialmente necesario (Marx, 2002,48,) que la sociedad va a reconocer como racional. El tiempo de trabajo socialmente necesario es el requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad y con el grado social medio de destreza e intensidad de trabajo.

Ese grado social medio de destreza es un problema. Una de las interpretaciones deriva de la edición cubana de El Capital (Marx, 7,1962) en la que se mutila el siguiente fragmento: …en cuanto, en la producción de una mercancía, sólo utiliza el tiempo de trabajo promedialmente necesario, o tiempo de trabajo socialmente necesario (Marx, 2002, 48). De ahí que se entienda como los gastos de diferentes productores ordenados bajo criterio de eficiencia, los de las condiciones medias (los del medio). Llevado a términos estadísticos, hay quien ha entendido el valor como una mediana: un valor central de un grupo de datos ordenados.

Para otro enfoque, la destreza media son condiciones medias de producción, es decir, las condiciones promedio para producir una mercancía, que es otra variante (sobre todo, si no se tiene la mutilación antes mencionada). Estas condiciones son aquellas de mayor oferta en una rama. Luego, la sociedad va a reconocer como el gasto de trabajo racional (como valor), la cuantía de trabajo que predomina del trabajo promedio. El valor de referencia de los consumidores (expresado en un precio) es el que señala cuál es el valor. Esa es la ubicación del trabajo reconocido como racional.

Pero hay que detenerse en lo de socialmente necesario. Esto señala que la determinación del valor viene dada por el reconocimiento social, la aprobación social, por la precepción y la decisión de la sociedad. En cambio, los individuos no recopilan los gastos de trabajo de cada productor, ni hallan su frecuencia absoluta y relativa, ni se lanzan a calcular un promedio o mediana para determinar el valor. En ningún tiempo histórico en una sociedad, en el acto de cambio, los individuos se han sentado a medir y calcular tales magnitudes.

El propio Marx condicionó esas interpretaciones al definir al trabajo como sustancia del valor, y sugerir que este se mide en tiempo de trabajo. No es fácil escapar de la tentación de darle una connotación física a tal idea, para convertir al valor en unidad cuantificable, equivalente a buscarle un principio filosófico (un trabajo que se cuantifique en tiempo).

Esto es algo que el propio Marx desmiente: En contradicción directa con la objetividad sensorialmente grosera del cuerpo de las mercancías, ni un solo átomo de sustancia natural forma parte de su objetividad en cuanto valores. No, no es de trabajo como unidad cuantificable de lo que se habla.

El valor no es una magnitud física (tiempo, masa, energía). Aquella aritmética que opera con horas ha perdido su tiempo. Ejemplificando, Marx dice …en la expresión del valor del lienzo, simboliza una propiedad supranatural de ambas cosas: su valor, algo que es puramente social. (Marx, 2002,70).

La idea aquí cuestionada pudiera pensarse como una teoría de costos de producción sociales, que utiliza como unidad de medida el tiempo. Interpretación condicionada también, según aprecio, desde el propio subtítulo de El proceso de producción del capital, donde el lector común asume la producción en un sentido estricto y diferente al expuesto por el propio autor de El Capital.

Asimismo, Marx empieza estudiando la mercancía en la circulación, y es desde esta, enfocado en el cambio en su versión más simple, que da una primera aproximación.  Las condiciones específicas y técnicas en que se da la producción, y físicamente el cuerpo de la mercancía, no aparecen en el modelo. Luego, tales condiciones específicas de producción de una mercancía carecen de sentido, al explicar el valor como fundamento.

Como son diferentes los productos del trabajo, van a tener diferente reconocimiento. Del mismo modo, se reconocen de manera diferenciada los trabajos que las originaron. Con ayuda de la abstracción, se puede apreciar que, al cambiar determinadas cantidades de productos, se cambia también el trabajo que las creó, es decir, determinada “cantidad” de trabajo. Al comprar algo, en cierta medida, se está comprando la cantidad determinada de horas que su productor estuvo laborándolo. Reconocer el trabajo (resultado) de alguien, es reconocerle el tiempo que estuvo trabajando, indirectamente. Lo cual es muy diferente a hablar de un reconocimiento directo de combinación matemática de horas. El autor de El Capital, al referirse a las mercancías, plantea:  Su objetividad en cuanto valores, por tanto, es de naturaleza puramente social (Marx, 2002,58). Es la sociedad la que dice qué valor tiene una mercancía.

Al hablar de valor, no se hace referencia a otra cosa que al trabajo reconocido expresado en una relación (que históricamente se da en el dinero). Así, el valor de una mercancía se expresa en cuánto la misma es reconocida por la sociedad. Tal reconocimiento está dado por todas aquellas mercancías por las que puede ser cambiada y su proporción: cuánto resultado del trabajo (cosas útiles) se puede obtener por el resultado del que se ofrece. Esta idea es expresada por Marx: Las mercancías, pues, en absoluto se enfrentan entre sí como mercancías, sino solamente como productos o valores de uso. (Marx, 2002,105).

Este reconocimiento se expresa como determinada cuantía o proporción: La proporción cuantitativa de su intercambio es, en un principio, completamente fortuita (Marx, 2002, 107), que, arrastrada por la inercia de todo grupo humano: La costumbre las fija como magnitudes de valor. (Marx, 2002,108). Costumbres que son la estabilidad alcanzada de lo resultante de procesos de forcejeo y negociación (violenta o no).

 

Nota al lector:

Este artículo es parte de una serie de artículos que se comenzaron a publicar en el portal Rebelión hace 3 años. Ahora se los ofrecemos a nuestros lectores con ediciones revisadas.

 

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