Entrevista

La originalidad está sobrevalorada: Soy lo que ves

Por: Roberto Chile
 
 

Entrevista realizada por Roberto Chile a Miguel Alejandro Hayes

Conocí a Miguel Alejandro Hayes a través de mi amigo Sender Escobar hace solo unos meses. Después de un primer encuentro en el que dialogamos más de una hora, leí varios artículos suyos y me llamó la atención la diversidad de temas que aborda y la profundidad y libertad con que lo hace. Entonces le propuse esta entrevista para su blog La Trinchera, que él, con cierta reticencia -tal vez por humildad o timidez- aceptó. 

Hemos conversado en más de una ocasión, y siempre, por una razón u otra, hablamos de Marx. Y claro, del aquí y el ahora, de la preocupación de todos por lo que somos y seremos, y también, de esas pequeñas cosas que ayudan a vivir.

Te llamas Miguel Alejandro Hayes, tus amigos más cercanos te dicen Migue, tal vez porque así te llamaban de niño, o no. En fin, ¿cómo y dónde transcurrieron los primeros años de tu vida? ¿Qué queda en ti del niño aquel?

Los primeros años de mi vida pasaron casi en el mismo lugar en que vivo ahora, Marianao. Nací en una casa muy vieja y muy grande, que además tenía un patio de tierra exagerado. Y del niño, creo que queda mucho, porque para mí la niñez no es inmadurez, sino una especie de estado de pureza que luego los adultos lo describen como coherencia, o como ser consecuente. Y los niños dicen las cosas libremente, pocas veces sabiendo el contexto.

No recuerdo ahora mismo a mi madre diciéndome que algo no se decía, y es que tal vez en mi casa no había cosas que no se podían decir, o quizá no decir algo no era importante. La verdad es que nunca he pensado en ese tema, no sé si fue un ambiente controlado, pero creo que de ahí me llegó el hablar siempre libremente. Y eso lo tengo de mi niñez.

Por otro lado, imagínate, mi segundo libro fue El Principito, creo que con 7 años. Otra variable que condiciona que vea la niñez como la necesidad espiritual que es. Vivir sin tener un niño dentro me parece que es transitar en vano por el juego de la vida. Por eso intento salvar a ese niño todo cuanto pueda. Así que sobreviven cosas buenas y malas. 

Me queda el no tener prejuicio contra las manifestaciones directas de afecto a los familiares. Vi la adolescencia de mis amigos llena de asperezas, de cierto complejo de expresar cariño a la familia en público, como si fuera una manera juvenil de expresar autoridad. Hasta el sol de hoy, el beso a mis padres es en todo momento, y el abrazo apretado es una de las cosas que llevo con orgullo de ese niño. Eso es y será, siempre, un regalo de mi madre.

Por otro lado, está… bueno, lleva una anécdota. Yo tuve mi propio Varela en casa, que me enseñó primero a pensar. Recuerdo que estuve muy triste, si mal no recuerdo, lloré sin parar cuando mi padre, en vez de explicarme una tarea, me dio un libro y me dijo lee. No lo entendí, no podía entenderlo. Me sentí solo, aun más cuando vi que mi madre siguió esa actitud. No sería como soy si no hubiese sido por ese día. De aquel niño no me separo, a casi cualquier precio.

Entonces, Chile, yo te digo estas dos cosas porque giran alrededor de los aspectos que para mí son esenciales en la vida y me marcaron desde niño: la familia y el pensamiento, es decir, el amor y la razón. Y estoy casi seguro de que sigo siendo el mismo niño, como diría Marx de los griegos en otro contexto, niño grande.

Dice Carlos Varela en una de sus canciones: “Son los pequeños sueños que también ayudan a vivir”. Te pregunto, ¿cuáles fueron los pequeños sueños de tu adolescencia que te ayudaron a vivir, y cuáles son ahora los grandes sueños que te ayudan a crecer?

Esa canción de Varela me toca de cerca. De ella me llega de cierto mito, cuya confirmación prefiero no hacer, de que Sabina dijo que él fue el que debió escribirla. Sea lo que sea, esa letra y melodía me acompañan hace años, incluso, desde mi adolescencia.

Creo que mi adolescencia me alejó un poco de mi niñez. Yo me siento más cercano a mi niñez ahora, que cuando adolescente. Recuerdo esa etapa con baches, y oscura. Es la etapa de los complejos, de buscar la aceptación, donde se cae en dinámicas que, si bien no son negativas necesariamente, pueden alejarlo a uno de sí mismo. Entonces sí, me distancié, en la estética, en los gustos, en el consumo. Pasé por la inercia de la industria cultural en la que puede caer todo adolescente. Insisto en que no era malo, sino cuestión de compatibilidad. Pero es una etapa de la que no me arrepiento. Forma parte inevitable de ese conócete a ti mismo que todos necesitamos, y gracias a ella ese proceso pudo avanzar. 

Quitándole las sombras existenciales y mundanas, en esa etapa conocí a muchos amigos, a muchos padres. Conocí a Gabo, otro salto en mi vida. También conocí a Che. Digo conocer porque hay personas que uno lee, que termina pensando, sintiendo, que las conoce. Llegan a ser personas con las que siento que estoy hablando, que se les puede hablar, y que le hablan a uno.

Creo que tenía grandes sueños en esa etapa, y ahora los pequeños. Mis pequeños sueños, los que me mantenían, eran esperar cada año a la reunión que hacía toda la familia en el campo (bueno, que ellos no se enteren que dije campo).  Mis pequeños sueños eran la música, escribir poesía. 

Por otro lado, mis sueños grandes no eran una meta, sino estar inmerso en actividades con personas de bien: familia, amigos. Claro, esto lo comprendí después. Era una especie de sueños de tal inmediatez que los soñaba para vivirlos, o mientras los vivía los soñaba, no me hagas caso. 

Siempre está acompañándome mi cuestionamiento a todo y, no sé, porque esa idea no la separo de mis sueños (seguro eran parte de ellos y no lo puedo recordar). Como dice el Gabo, es lo que se recuerda para contarlo. De hecho, Chile, no me creerías si te digo que hay cosas que ahora soy capaz de explicar teóricamente, pero que las tengo en la cabeza desde la adolescencia. Así que en este enredo debe haber un sueño implícito: y debe ser (perdona que no lo clasifique en tu escala de tamaño) que con la lectura a los amigos que te mencionaba antes, vivo queriendo aprender. Tenía muchas inquietudes. Ese pequeño proceso de conocer, ahí está la cuestión. Logré descifrarlo: conocer era parte de los pequeños.

Hoy no sé cuáles son mis grandes sueños, porque se me mezclan con las necesidades espirituales, y la teoría a veces me los destruye o me los deforma. Yo sueño una vida de pequeñas cosas, una cotidianidad en familia, afectiva, y donde el dinero sea un medio, solo un medio, que nunca falte, pero con honradez (lo que incluye que no sea sobrevalorado el trabajo propio). Entonces me di cuenta de que para que eso sea así, no puede ser un hecho aislado. Entonces sueño un mundo donde eso sea para todos, al menos, que esté al alcance de todos. Y es que cada sueño que tengo es parte de ese sueño mayor.

Te apasionan la filosofía y la política, sin embargo, escogiste la Economía ¿por qué optaste por esa carrera? ¿Cuánto le aporta a tu crecimiento intelectual y espiritual?

Chile, esa es una de las preguntas que las personas que me conocen bien, siempre terminan haciéndome. Yo creo que responde a un estereotipo que, en buena medida, es válido. La economía, a nivel mundial, incluso en la academia cubana, es una ciencia tratada con un enfoque matemático, positivista en mayor o menor grado de desarrollo de este.  Es así hace más de 120 años en el mundo, y en Cuba no hemos podido escapar de eso.

Por otro lado, la filosofía en el imaginario se asocia a cuestiones, digamos, en las nubes, existenciales, o de una especie de metalenguaje que, cuando dice algo, no dice nada. También abunda una idea de que aquellos textos que mezclan el lenguaje literario para abordar problemáticas sociales actuales, una especie de psicología social con metáforas literarias, son filosofía.

Entonces, mi manera de acercarme a la economía lo es también de alejarme de la concepción dominante de aquella, y a su vez, de acortar distancias con una noción de filosofía diferente a la que mencioné. Te cuento un poco.

A mí me llevó a estudiar Economía la idea de aprender economía política. Chocar con el debate conocido como Gran Debate y mi falta de conocimiento para tener un criterio, me llevó a leer el Capital, y ante el deseo de más, a querer estudiar Economía. Pero desgraciadamente, un único semestre dedicado a la economía política del Capital no me satisfizo. Tuve que seguir buscando. Eso me llevó a la filosofía, y en algún momento, al encuentro con María del Pilar Díaz Castañón y su dominio de la Filosofía y de la Economía Clásica. Entonces empecé a ver la Filosofía como lo que es: la ciencia del pensamiento, de la lógica. Eso terminó por hacer un puente hacia la economía (economía política), y me acercó a aquello, te acuerdas, el origen de todo: comprender el Capital, y tener cómo valorar el Gran Debate. Hoy la ciencia económica es un deber social para mí; la filosofía, una pasión imprescindible para, entre otras cosas, pensar la Economía.

José Martí, Karl Marx, Che Guevara, García Márquez, ¿héroes? ¿paradigmas? ¿Qué luces te enciende cada uno de ellos?

La verdad, héroes y paradigmas son palabras a las que les temo muchas veces. Nos han hecho daño en la forma de pensar nuestra historia, y hablo de la humanidad, incluso, de nuestras formas de pensarnos como sociedad. Yo los veo como padres (espirituales). Padres, porque no era un molde que cogía, sino que ellos, en determinado momento, me han dado un consejo y me han hecho compañía. Los veo como personas que dan con sus ideas, acciones y consejos. Y eso es algo que se lo atribuyo a los padres, en un sentido espiritual, no biológico.

Mi Martí es Pepe. Pero lo resumo en aprender siempre de la realidad, sobre todo, a sacarle experiencia a las buenas experiencias, y a tener un compromiso con el tiempo que se vive. Pienso que todo lo que hizo Martí, todo, derivaba de ahí. Lo puedo resumir más: es amor.

Y poesía…

Che es el tipo debilucho, asmático, medio bajito de estatura, que le temía a la oscuridad, que se le viene el mundo abajo ante la pérdida de un ser querido, pero que es el que va delante siempre, el que a la vez es el tipo duro. Recuerdo siempre que Masetti, cuando llegó a la Sierra y lo vio, se echó a reír. Trabajar y combinarlo siempre con la lectura, el estudio permanente. El Che estaba estudiando a Hegel en Bolivia. ¡A Hegel, en una selva! ¡Qué clase de ser humano puede hacer eso! Y el Che siempre me dice: se puede hacer más de lo que parece.

Gabo es compañía. Ese abuelo que te cuenta historias y te presenta a otras personas que también pasan a ser importantes. Me presentó a Cortázar, por ejemplo. Por él supe de Bolívar, que es una figura muy enigmática y mítica para mí. El General en su Laberinto es un libro especial, en el que descubrí un Bolívar con el cual me identifico mucho. Me llevó a Macondo, y entre el linaje, aprendí de los errores repetidos; me habló de Patriarcas, presidentes, pederastas, prostitutas, de Miguel Litín, todo un universo para un adolescente.

Marx, compadre, la verdad, Marx es el ejemplo de honestidad intelectual. Podría desviar la entrevista y terminaríamos con un vino hablando de Marx, pero es eso, Marx es ya el que me enseña la honestidad intelectual. El que me habló de ella, por primera vez, de manera seria. Un hombre que estudia otro idioma para responder una carta, merece respeto. Un hombre que sabe decir no sé, es inmenso.

La era digital, que es la era de tu generación, devino profunda revolución tecnológica que ha transformado los hábitos, el lenguaje, la vida de los seres humanos. ¿Cómo te involucras en ella? 

Mi relación es caótica. Como sabes, llevo dos blogs y un podcast. Pero yo soy malo con la tecnología, entonces paso mucho trabajo para todo lo que hago. 

Por otro lado, está el tema del tiempo, las redes sociales, los debates, son experiencias tan convulsas, marcadas por las carencias de la vida “real”, que no pocas veces, hacen a las redes incómodas, es decir, expresión de incomodidad.

Pero lo positivo es que se conoce gente, se hacen redes de colaboración que valen la pena. Eso vale más.

Y por el otro lado, permite hacer un ejercicio de publicaciones independientes, sin compromiso de tipo alguno. Y eso es algo que, al menos yo, agradezco mucho. 

Le agrego el acceso a la información, que es de las mejores cosas de las nuevas tecnologías.

Lideras el blog La Trinchera, los encuentros Trinchera Abierta y el podcast El Solar, ¿cuál es la propuesta de estos espacios de comunicación que lideras? ¿Cómo los asumes?

La propuesta se ha ido redefiniendo en la marcha. La Trinchera creo que ya tiene una línea hecha. El Solar está cogiéndolas por el camino.

Me gusta pensar que La Trinchera es el intento de construir un espacio abierto. Cualquier punto de vista es válido, siempre que se exponga con cierta seriedad y responsabilidad por parte del autor. Actualmente LT es un pequeño espacio para dar voz a pequeños discursos, si de hegemonía comunicacional se trata. Aunque confío en el talento y las capacidades intelectuales y creativas de cada uno de los colaboradores del blog, la mayoría mantenemos eso que se le pudiera llamar perfil bajo (insisto, eso a pesar de la buena preparación y talento de la mayoría). Yo me pongo más contento cuando recibo textos de personas que no son famosas o tienen un nombre hecho, que cuando son más mediáticos. También cuando alguien que nunca ha publicado nada, envía un texto. Entonces, ahora esa es la propuesta en LT, ofrecer pequeños discursos, en lo académico, en lo intelectual, en lo artístico.

El Solar es un podcast un poco alocado. Lo único fijo es que sale cada semana. Creo que responde a un primer impulso creativo de generar dinámicas que resultan de necesidades de decir. Por eso se hacen entrevistas, conversaciones, hablo solo, monólogos, se habla de poesía, en fin, siempre se está experimentando.

Intento llevar ambos a la vez, sin que uno se trague al otro, y con las diferencias de roles. Mi rol en La Trinchera es más el del guardián del orden, del tono de voz, del desvío de los temas importantes (si es que hay temas más importantes que otros); en el Solar me suelto para crear, improvisar (aunque a veces tenga los mismos temas que en La Trinchera). 

Y Trinchera Abierta era la lógica que arrastré de mi paso por la FEU de hacer debates abiertos. Ahora quería incorporar algunas cuestiones. Mi cercanía a determinada manera de abordar la Filosofía y la Economía Política, y el estar en contacto con amigos que también defienden miradas, digamos, heterodoxas, empujaron a hacer Trinchera Abierta. Así, una vez al mes, nos reunimos para socializar y polemizar sobre Filosofía, cultura, sociedad.

¿Cuánto pueden influir las redes sociales en los destinos del país? 

Creo que una vez escribí un texto diciendo lo que pensaba en ese momento. La virtualidad de las redes es relativa, lo único que es virtual es su virtualidad. Ellas son muy reales cuando pueden influir directamente sobre el estado de ánimo de una persona, o su opinión, o sus expectativas. Esto, a partir de los cómo y los qué del mensaje que emiten, de cómo se reciba, y el alcance de este. Las redes sociales actúan directamente sobre el sentido común, y este es determinado en el cómo interactuamos con los demás, es decir, cómo hacemos sociedad. De ahí que sean una mediación más generada por el hombre, por tanto, causa y efecto a la vez. Las redes son expresión de cómo pensamos, nos sentimos, y la vez, actúan en sentido inverso, reforzando y causando también lo que le corresponde a lo que en ellas se expresa. Entonces, considero que verlas por sí solas, sea, en cierta medida, un error. Las redes sociales pueden ser buenas y favorables al mejoramiento humano cuando son expresión de una sociedad con condiciones para mejorar, ellas pueden inducir, acelerar o su inverso, pero la verdadera capacidad no está en ellas.

¿A qué Cuba aspiras?

La Cuba a la que es aspiro no lleva muchos elementos, pero puedo resumirla de manera muy simple: una Cuba con todos y para el bien de todos. No podría aspirar a una Cuba mejor que esa porque ya Pepe lo dijo todo. En términos de aspiración, ese es el mejor proyecto de país jamás pensado por un cubano para Cuba. Y eso no quiere decir una Cuba con espacio para el fascismo, que eso son cosas que se prohíben en muchas constituciones. No hablo de una utopía, sino de un espacio legal inclusivo (donde lo incluido no atente al bien común, como el fascismo) que sea un escenario que facilite construir y sostener la justicia social.

Después de este intercambio, que podría ser más extenso aún, te hago una última pregunta que pudiera haber sido la primera: ¿Quién es Miguel Alejandro Hayes?

Chile, una amiga me hace un chiste cada vez que digo esta frase, pero siempre respondo lo mismo. La originalidad está sobrevalorada: soy lo que ves.

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