Entrevista

Espero seguir siendo una persona muy alegre

Por: Sender Escobar 

Entrevista a David Alvarez

Cantar lo inesperado, como la vida misma, se traduce en armonías inusuales. En su obra desde lo natural y cotidiano, hasta lo más personal, encontramos la Cuba que muchos vivimos. A veces desesperados en  una terminal aguardando por el regreso, o en alguna isla desierta en el medio del mar de las cavilaciones por cualquier situación emergente, pero sin renunciar jamás a una sonrisa. Contagiarse con la alegría de quien te advierte, igual que El Guayabero, que hay que tener cuidao  con el perro porque muerde callao, es mucho más que una alerta de originalidad musical.  

Tu música representa parte de la idiosincrasia cubana que aplica constantemente el doble sentido a frases, contextos o idea chistes de situaciones apremiantes e incómodas. ¿Cuánto de ti reflejas en las canciones que interpretas?

Ante todo, creo que heredé ese sentido del humor de mi natal Manzanillo, un pueblo alegre y propenso a la fiesta, con una gran cantera de soneros y guaracheros. También el haberme rodeado en mi juventud de grandes amigos actores y humoristas, con lo cual asumo que hay bastante de mí en todo lo que hago a través de la música.

Defender géneros musicales no tan consumidos por la juventud, pero aun así mantener la popularidad, pienso que también es una cuestión de idear nuevas expresiones sin perder la identidad. Obviamente los jóvenes no somos el único público, pero somos parte de quienes reciben, muchas veces por azar televisivo o radial, tu trabajo. ¿Cómo te proyectas en este sentido?    

En un momento, hasta hace 10 años quizás, toda mi obra se centró en la música popular bailable y eso implicaba intentar correr detrás de lo actual, de las nuevas vertientes y tipos de música que gustan a la juventud. Con el tiempo descubrí que una parte importante de lo que siempre he querido hacer se estaba perdiendo, lo que me llevó a abandonar tan presuntuoso y difícil objetivo y concentrarme en aportar más desde la poética y la elaboración de la música. Admiro enormemente a aquellos que son capaces de mantener el paso que impone la juventud, y de eso tenemos exponentes más que reconocidos y admirados por el público cubano. Por supuesto, siempre desearé que lo que haga llegue a la mayor cantidad de público y a toda aquella juventud que mi música sea capaz de sumar.

Un amigo manzanillero me pide preguntarte lo siguiente: ¿Cuánto aportó a tu formación Las Tres Juanas de la Escuela Elemental de Música de Manzanillo y esa propia institución?

Para empezar, cuando estudié tuve el privilegio de hacerlo bajo la tutoría de uno de los mejores claustros de maestros que en aquel momento tenían las escuelas de arte en Cuba.  Prueba de eso es que en la actualidad conserva esa calidad, con aquellos amigos y amigas que hoy conforman el nuevo team de maestros en la Navarro Luna, que tuvimos el privilegio de ser sus alumnos. Esas tres Juanas crearon una base en nosotros tan completa que allanó nuestro camino para alcanzar muchas de las metas que alguna vez nos propusimos. Fueron y serán nuestras amigas, maestras y madres.

Recientemente he podido escucharte cantando La Trabazón de Pedro Luis Ferrer, músico de una obra relevante en la historia cultural cubana. ¿Cómo llegas a trabajar con Pedro Luis? ¿Cuánto influyó e influye en tu oficio? 

La historia es larga: participé de niño en muchos festivales de la trova pioneril que se hacían en el Campamento Internacional de Varadero, Tarará y Playas del Este. En la mayoría de las ocasiones los jurados de dichos festivales estaban compuestos por reconocidas maestras, como lo son Digna Guerra y Beatriz Corona. Tuve la suerte, en aquellos momentos, de ganar varios premios que ellas tuvieron a bien como jurados otorgarme. Al llegar a La Habana con solo 17 años, a la primera persona que fui a ver para que me encaminara en la capital fue a Beatriz Corona, quien a su vez me llevó a ver a Digna Guerra con la esperanza de que pudiese trabajar en el Coro Nacional. Cuando la maestra se acordó de mí, me dijo que tenía un amigo que estaba necesitando a alguien como yo; y ahí conocí a Pedro. Yo no sé si por pena, porque llegué bien desmejoradito de Oriente, pero inmediatamente me aceptó. Nació y creció entonces una gran amistad que dura hasta nuestros días. Siempre admiré a Pedro desde niño y me puedo atrever a decir que es la más fuerte influencia que tengo musicalmente, la cual alimento con mucho orgullo.

Canciones como Pegao al piso  poseen también lecturas sociales, haciendo reflexionar con humor sobre muchas vicisitudes diarias o circunstanciales del cubano. ¿Te consideras un cronista musical de la realidad nacional?

Me gustaría llegar a serlo, pero más desde la realidad posible que desde aquella que a veces asumimos como cierta e inalterable.

Un sello distintivo  en tu imagen es el pañuelo en la cabeza. ¿Lo utilizas como una especie de talismán o es simplemente una forma identificativa para cuando sales al escenario?

En algún momento dejó de ser relevante, de que si no me pongo un pañuelo antes de salir al escenario el público me lo exige, y no será la primera ni la última, que al salir sin él, alguien del público me ha buscado uno, y al final al termino con mi pañuelo quiera o no.

Las canciones de Ñico Saquito y el Guayabero no pierden vigencia en la memoria popular, pero traerlas al presente en nuevas voces y géneros pudiera ser, aparte de un merecido homenaje, un acercamiento al público que no conoce a fondo la trascendencia de la picaresca musical cubana. ¿Has pensado alguna vez hacer algún disco homenaje en colectivo o individual?

Se han realizado muchos homenajes a estos grandes de nuestra música tradicional, no niego la posibilidad de un trabajo así en el futuro, pero en mi caso siempre lo hago incluyendo algunos de estos temas trascendentales en cada uno de mis discos.

En la actualidad tu voz se ha vuelto escuchar en horario estelar por la retransmisión de la novela La cara oculta de la luna. ¿Quién te sugirió la interpretación de esta hermosa canción? ¿Cómo la aprecias pasados dieciséis años de salida al aire?

Es maravilloso, porque es un tema que jamás he cantado en vivo y me recuerda el privilegio de haber podido trabajar con esa músico maravillosa que fue Lucía Huergo. Da mucho placer ver que la gente lo recuerda y disfruta después de tanto tiempo.

¿Quiénes consideras tus principales influencias para hacer del humor ingenioso un complemento artístico? 

Mi paso como director musical del Grupo de comediantes ONONDIVEPA me formó como actor y me ayudó a enfrentar al público desde el humor. Aprendí de los mejores lo que mi capacidad me permitió. Con Pedro Luis Ferrer me nutrí de ese humor exquisito que caracteriza su obra. La verdad es que soy, y espero seguir siendo, una persona muy alegre, admiradora del buen humor.

Muchos artistas han visto interrumpido el necesario intercambio con el público por esta realidad pandémica que nos ha afectado a todos. ¿Qué has realizado para insertarte en este nuevo y cambiante mundo, cuando lo digital es una herramienta fundamental como medio de difusión?

Ha sido un año bien difícil y especialmente triste, ya que las ganas de tocar con público son insustituibles por ninguna forma nueva de hacer llegar nuestro trabajo. Pero ha sido un tiempo que he podido dedicar a la creación de nuevos discos y nueva música. Hemos grabado dos conciertos en vivo y tenemos dos producciones nominadas en el Cuba Disco. Creo que los músicos y los realizadores de audiovisuales, así como los creadores de contenido digital, han demostrado tener un infinito caudal de obra nueva, de buen arte y un evidente compromiso por aportar desde la cultura, cuando los momentos difíciles lo precisan.

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