Política en Cuba

En medio de la oscuridad

Por : Julio Pernús

Notas sobre dos conversaciones (interrogatorios) con la Seguridad del Estado

Al publicar esto lo hago con miedo, no me da pena admitirlo. Antes de entrar a la policía, he rezado bajito, en silencio y le he pedido a Dios por mí, para que me ayude a no perder la Paz y también por los oficiales que me interrogaron, para que ellos y sus familias también puedan ser parte de la reconciliación tan necesaria en el tejido social de la Nación.

En alguna ocasión, el presidente Miguel Díaz Canel ha dicho que la policía está para conservar la tranquilidad ciudadana, y es parte del pueblo uniformado. Pero en mi caso, que vivo con mi abuela -una persona mayor-, la primera citación me la entregó un oficial delante de ella, que rompió en tristeza inmediatamente pensando lo peor. Mi abuelo fue del Movimiento 26 de Julio durante la lucha clandestina y ella colaboró como su esposa en sus misiones para derrocar a Batista. Por su militancia en el movimiento revolucionario mi abuelo, que fue hasta su muerte presidente de la Asociación de Combatientes de Villa II en Guanabacoa, sufrió varias torturas físicas y psicológicas. Por supuesto, verme a mí en medio de esta situación la retrotrae a esa etapa tan difícil de su vida y la quiebra en silencio la injusticia en mi contra. Quizás, en su mente de 81 años con acceso solamente a la TV nacional, se pregunte si el joven bueno de principios católicos que ella quiere con la vida ahora es un “lumpen”; pero al verme limpiar la casa, fregar, hacer los mandados, contribuir con cuatro trabajos a que su pensión de 1200 pesos nos alcance para tomarnos un vaso de leche en las mañanas por la dieta que no ha recibido, y conversar conmigo de la realidad sin verme nunca pronunciar una palabra de odio en mi análisis, sé que no me juzga tan mal. Una mujer de su gran corazón sabe dónde está el bien.

Para el segundo interrogatorio solo he recibido una llamada por teléfono diciéndome que desean nuevamente conversar conmigo. Me han dado un nombre que al consultar la guía de ETECSA no coincide con el propietario de la línea que me llamó. Este procedimiento de citación viola todo lo establecido por la ley, pero a pesar de ser una total falta de legalidad, no tengo, y lo digo con tristeza, confianza en que al dirigirme alguna institución gubernamental me den algún tipo de amparo y he asistido, con tal de no ver nuevamente destruida el alma revolucionaria de mi abuela, pues para ella es inconcebible que la Revolución moleste a personas decentes y honestas.

En las dos ocasiones me han preguntado en la mejor forma posible, dadas las circunstancias, mi opinión sobre la Revolución y mi modo de pensar sobre el grupo Archipiélago. Lo extraño es que yo no soy miembro de forma directa de ese grupo, pero según “ellos” me muevo alrededor de una red de influencia que sí lo está. Y yo me pregunto, ¿que mi amigo Leonardo Manuel Fernández Otaño sea uno de los moderadores de Archipiélago es un delito? También soy amigo de personas militantes de la Juventud y el Partido Comunista y de jóvenes asociados a colectivos socialistas como Utopía, la Tizza y la Manigua. Con ellos he compartido verdaderos espacios de diálogo, algunos cursamos juntos un doctorado en Filosofía en el Instituto de Filosofía, y de ellos he aprendido que en un espacio tangible como un aula, jóvenes de diferentes ideologías y espiritualidades que buscan lo mejor para la Nación pueden dialogar desde el respeto sin imponer un criterio. En mis escritos siempre he tratado de defender esa posición, en la que ellos y sus ideas no deben ser interrogados por pensar diferente a mí. Alguno de ellos va incluso a la Iglesia y cuando alguien me pregunta sobre cómo un miembro del Partido Comunista puede buscar a Dios, suelo decirles que son las obras quienes hablan de la fe de la persona y que lo esencial puede ser invisible para los ojos.

Por eso me pregunto: ¿para salvar la Revolución ahora es necesario fusilar cualquier amistad que ella considere peligrosa?, ¿borrar los momentos en que ese amigo ha dicho presente para acompañarte cuando la tristeza se ha sentado en tu destino porque una novia te ha dejado o ha muerto algún familiar querido?, ¿alguien que ha revisado cada capítulo de tu tesis y te ha llamado hermano a pesar de no pensar siempre igual? ¿Para salvar la Revolución debes renunciar a tus ideas, tu fe, porque esta te pide luchar por la justicia social del lado de los oprimidos (que es uno de los valores fundantes de la Revolución)?

Lo que más triste me deja de esto es ver cómo un joven de mi edad, miembro de la SE, puede intentar subyugar mis ideales pidiéndome ser comprensivo con una ideología de polarización entre cubanos, algo que es totalmente contradictorio con la Fe y la Revolución al servicio de las que mi abuelo puso su vida hasta el último aliento.

Siempre he creído en la amistad social como una herramienta para sanar la sociedad y he odiado los extremos. Por eso escribí que el Papa Francisco nunca votaría por Donald Trump y su política de ahorcamiento a Cuba. He denunciado el bloqueo como una política fallida en cuanto foro me han invitado a hablar. Pero, aún así, escribir con respeto y desde el deseo de lograr una Cuba mejor donde quepamos todos los cubanos y tener lectores que compartan mis ideas es, ahora, un motivo posible para interrogatorios constantes que alteren mi estabilidad personal y familiar. ¿Ser comunicador -carrera que estudié en la Universidad de La Habana- en varios medios de la Iglesia y ser seguido como líder de opinión católica me hace ser de facto un posible enemigo del Gran Hermano?

En los últimos discursos se ha planteado que la cara visible de la Revolución eran las instituciones que de alguna forma tienen contacto directo con la población. Yo me pregunto, ¿qué bien le hace a la Revolución el intimidar a personas pacíficas, trabajadoras, solamente por decir sus ideas en libertad? ¿Quién gana en este ejercicio de silenciar la voz a los que no estén totalmente alineados con las doctrinas del Partido Comunista? ¿Qué gana Cuba podando los sueños de permanecer en el país a jóvenes como yo, que intentamos construirnos un futuro diferente con las migajas que nos dio el eterno periodo especial, donde una cola para alcanzar el pollo que no ha llegado a la carnicería no sea mi mayor preocupación?

Mis amigos me habían pedido que no intentara dialogar con los agentes de la Seguridad del Estado, pues en un interrogatorio de ese tipo solo prevalece una opinión. Yo soy también muy testarudo y siento que la única forma pacífica que tenemos los humanos para resolver los conflictos es el diálogo -tal vez he leído mucho al Papa Francisco. Desde que por primera vez entré en la estación de policía, hace una semana, es increíble cómo el ambiente te cose las palabras al cerebro y no salen de igual modo, pues el miedo las secuestra. Hoy, cuando en menos de una semana me vuelven a interrogar en ese -no lugar de miedo- me pregunto, ¿es que no habrá otra vía o instituciones diferentes para escuchar el pensamiento de los jóvenes? ¿No hay cuadros del Partido, delegados, presidentes del CDR, jóvenes intelectuales de la AHS, UNEAC, Oficina de Asuntos Religiosos, funcionarios de la Asamblea Municipal, a los que le puedan pedir acometer estas tareas en un espacio diferente al que forman la Seguridad del Estado y una Estación de Policía donde uno sale “con la impresión de ser empujado del adentro de la Revolución y del país”?

No deseo terminar estas líneas sin agradecer a las dos religiosas Sanchinas que fueron conmigo y esperaron las tres horas del interrogatorio frente a la estación de policía la vez pasada, y al P. Eduardo Llorens que me acompañó esta vez y me enseñó de la regla de discernimiento de no mostrar debilidad en medio de la tormenta. Sin ella me hubiese sido difícil subir este artículo.

He publicado mucho sobre el acompañamiento de la CONCUR, y me atrevería a decir de la Iglesia en Cuba de forma general, luego de los sucesos del 11J, pero solo hasta que uno vive estas experiencias, es que una lágrima de agradecimiento a Dios por su Compañía te salta, materializada en personas concretas. Nadie debería ir solo a un espacio tan difícil. Si algún lector de este texto no tiene con quién ir a un interrogatorio, puede preguntar en la Iglesia más cercana, es lo mínimo que podemos hacer por los demás. Lo siento mucho por la preocupación que este texto causará en mis familiares y amigos, pero un obispo que me ha visto crecer, cuando le comenté de este nuevo interrogatorio, me dijo: “Julio ten fe, el Espíritu actúa – escribe- en la debilidad”. Solo pido a los que lean este texto no se olviden de rezar por mí, por las personas que me interrogaron, por cada persona que es víctima de una injusticia en Cuba, porque como escribió Teilhard de Chardin: “los cristianos debemos recordar, cuando algo nos cause miedo, el conservar en nuestro rostro una dulce sonrisa, señal de que es Dios quien nos dirige”.

PD: Al terminar esta segundo interrogatorio le propuse al oficial, con mucho temor, hacer juntos una oración . Para mi sorpresa, aceptó, y mientras él hacía un silencio respetuoso, pedimos juntos por la paz de Cuba, la Reconciliación entre los cubanos, el fin del Bloqueo y que cada uno de nosotros pudiese encontrar tranquilidad en su hogar al llegar. Terminamos con un Padre Nuestro. Siempre lo he creído, y hoy lo viví : aún en la peor oscuridad, Dios puede traernos la luz.

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