Política en Cuba

Introducción al gobierno

Por: Miguel Alejandro Hayes

Hasta ahora, el esquema de socialismo más difundido es el soviético, tanto en los imaginarios como en la puesta en práctica. Se trata de un modelo cuyo centro de gravedad es el gobierno, y en función de eso pone sus esfuerzos.

Del mismo modo que el capitalismo es el Estado regido por el capital (y los demás sujetos y partes de la sociedad contribuyen a fortalecerlo), es paradójico que al Estado donde el sujeto y centro de gravedad es el gobierno, el poder del gobierno, las acciones del gobierno, la conservación del gobierno, se le llame socialismo. Debería llamarse estado gobiernista. Y su resultado, gobiernismo.

El diccionario de la RAE reconoce el término gobiernista como partidario del gobierno, y así lo hacen un sinnúmero de publicaciones referidas al buen uso del idioma. En materia política, solo se ha usado para describir a los sujetos con posiciones (a favor del gobierno).

No hay referencias relevantes de que el término haya sido empleado o extendido para definir algún sistema social dentro de la lógica tradicional de las Formaciones Económico Sociales (FES).

Es una ausencia comprensible si se tiene en cuenta que el gobiernismo como FES solo puede hacerse dominante en naciones donde exista un gobierno poderoso que, sin separación de poderes, controle no solo el aparato político tradicional, sino el económico (siendo el principal actor económico). Es un escenario que, al menos luego de la caída del campo socialista, no abunda mucho.

Existe una distinción entre el gobiernismo como una FES y como una simple postura política. El segundo, es donde una posición respecto al signo del gobierno se da en un contexto de, al menos, una alternancia política, y donde el simbolismo de estado y gobierno están separados.

Por otro lado, en los países gobiernistas, desde el gobierno y desde sus Aparatos Ideológicos del Estado (que, en ellos, buena parte son del gobierno) y sus poderes, la posición respecto al gobierno es asumida de facto como una posición respecto al Estado y a su cosmovisión (ismo), que se resume en que “estar contra el gobierno, es estar contra el Estado, es estar contra todo el orden imperante”. Por si fuera poco, al hablar de gobierno no se habla de una lógica de este, sino de las personas específicas que lo integran.

Los estados gobiernistas se caracterizan por las pocas cuotas de poder real (individual) que otorgan a sus ciudadanos. Y es en esa falta de poder, contradictoriamente, que su defensor centra sus argumentos.

Para el estado gobiernista, el empoderamiento económico (que siempre es político) ciudadano es propiedad privada, lo que asimila como enemigo. Y así lo argumenta ante la más mínima cuota de poder (que a veces es solo el poder de tener una vida digna). Llega al punto de argumentar que esa misma propiedad privada, como un engendro homogéneo, atacará a los ciudadanos. Pero, ¿si los ciudadanos estuvieran armados con las suficientes cuotas de poder legislativo y judicial, al presionar al ejecutivo no podrían ellos mismos limitar cualquier desproporción de la propiedad privada?

El gobiernismo prolonga la privación de poder de cambio, tal como los más terribles de los capitalismos, bananeros o decimonónicos, bajo la promesa de que, al concentrar él el poder, defenderá al ciudadano.

Las economías gobiernistas surgen en sociedades incapaces de acabar de llegar al capitalismo. Se trata de sociedades que no logran funcionar sincronizadamente y a ritmo estable bajo la lógica del capitalismo (capacidad expansiva de los ciclos productivos), y que deciden superarlo. En el intento, se quedan atrapadas repitiendo las mismas fórmulas precapitalistas, rentistas, usureras y en esencia, mercantilistas.

Se trata de sistemas económicos incompletos, insuficientes para sostenerse ellos mismos, por lo que sustentan, desarrollan y acentúan su funcionamiento económico en estado de dependencia con el exterior. Son incapaces de autopropulsarse, porque hacerlo implica dar poder a los ciudadanos. Y a pesar de esas insuficiencias, los principales y primeros frutos de esa interacción con el exterior se hacen para alimentar (rescatar) el poder económico del gobierno.

El gobiernista no es más que el estado de un gobierno gigantesco que realiza prácticas económicas de capitalismo primitivo sin terminar, en sincronía con los intereses y la gobernabilidad que considere el gobierno, y cuyo fin último es preservar las personas del gobierno.

Por más de un siglo el socialismo ha sido confundido con el gobierno. Este, aprovechando la confusión, usa el argumento de la potenciación del medio (el gobierno), y termina convirtiéndose en un fin en sí mismo, con la suplantación de la identidad.

Para ser socialismo, los gobiernismos no deberían poner nada por encima de la sociedad, mucho menos los medios (el gobierno), pues el medio para construir el socialismo es el empoderamiento de la sociedad: de la sociedad directamente, no del gobierno. Para ser socialismo tendría que no ser gobiernismo.

El gobiernismo solo es que, a través de una rebelión reaccionaria, los medios para la construcción del socialismo tomen el poder.

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