Onírica

Júbilo

Por: Giordan Rodríguez Milanés

Tanto miedo de unos y tanta expectativa de otros por el comunismo y ¡total! si ya pasamos por el comunismo.

Aquella mañana que todos acechamos al mamut. Y con gestos, gritos y chillidos colaboramos para hacer caer al mamut por el acantatilado, y verlo morir para no morir nosotros mismos de inanición.

Aquella tarde en que bajamos donde el mamut yace y cada cuál come hasta saciarse, ya hemos alcanzado el comunismo.

Es tanto el júbilo por el hartazgo que dejamos atrás a quienes no pueden bajar, y una parte de nosotros muere de hambre. 

Esa noche comenzamos a alejarnos del comunismo. Y mas lejos con cada semejante que no aguanta el paso hacia la conquista del fuego, la rueda, la genética, la nanotecnología. Más lejos del comunismo con cada trozo de carne sobrante que acaparamos, aprendemos a salar, a trocar, a vender hasta que olvidamos como cazar porque es más cómodo comprar… 

Más lejos, tan lejos, que un día olvidamos que ya hemos vivido en el comunismo, y recibimos El Manifiesto como a la Santa Biblia y, como no es de buen uso llamarle religión a una esperanza tan libertaría, la denominamos ideología socialista. Y ya a estas alturas estamos tan lejos del comunismo, pero tan lejos, que ni nos damos cuenta que estamos a punto de volver a morir de inanición como aquella mañana en que todos acechamos al mamut. Será esa otra mañana por venir la que nos devuelva al comunismo, y al inicio de un nuevo viaje. 

Todo eso si no nos autoexterminamos antes que las singularidades existen, por algo estamos vivos. 

Le llaman dialéctica espiriforme.

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