Política en Cuba

La Iglesia del silencio

Por: Julio Pernús 

Mínimos sobre el papel de los obispos en la Iglesia cubana actual 

“Los obispos cubanos son cómplices del sistema y con su silencio están protegiendo las migajas de ‘privilegios’ que han acumulado en los últimos años”. La frase con la que inicia el texto se ha podido leer algunas veces en Facebook, la red social con mayor participación de cubanos de la Isla y la diáspora según las estadísticas de Google. Uno de los puntos neurálgicos de su contenido es que ha sido escrita por fieles católicos en un clamor desesperado ―apunto yo― por escuchar la voz profética de sus pastores. Lo más duro no es que etiqueten a la Conferencia Episcopal Cubana de procomunista en redes, sino que esa conversación socio-religiosa está bajando del espacio virtual y haciéndose carne en el pueblo. 

La “Iglesia del Silencio” es un término que la historiografía religiosa cubana recoge para describir la etapa de mayor confrontación entre el gobierno revolucionario, ya declarado filosóficamente comunista, en el poder y el ambiente católico del país durante la década del 60 del siglo xx. En esa etapa, los obispos deciden acallar su voz de denuncia en conjunto (como protesta muda) y solo reaccionan de modo personal ante la cruda realidad de imposición ateísta que de forma sovietizada se estaba institucionalizando en la nación. 

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Han pasado más de sesenta años de aquellos lamentables sucesos y, aunque el término del “silencio” puede ser debatible, pocos contradicen la dureza que representaba ser religioso en aquel contexto donde, por solo citar un ejemplo, la fe podía llevar a pasar una temporada de castigo en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), versión cubana de los gulags estalinistas. En este año 2021 la situación social del país es comparable a la etapa conocida en la Isla como el periodo especial (década del 90 tras la caída de la URSS), momento donde el PIB bajó a niveles insospechados y la precariedad se apoderó de cada familia. El pueblo cubano sufre hoy crisis multidimensionales que muerden con fuerza su vida, todo esto agravado por el “regalo” donado por Trump con el recrudecimiento del bloqueo americano. La Iglesia no es indiferente a este contexto, está insertada en él. 

La Conferencia Episcopal Cubana no ha estado en silencio: se puede leer el Mensaje de Navidad de los obispos, donde se expone la situación angustiosa de Cuba y se insta al gobierno a mejorarla. Pero los pastores están siendo linchados mediáticamente por una matriz de opinión radicalizada, en un ambiente político caricaturizado como una partida de ajedrez donde los únicos movimientos válidos para estos actores son las jugadas de ataque, y los obispos no desean protagonizar esa partida.

Parafraseando al escritor cubano Eliseo Alberto Diego, me atrevería a decir que todo lo que los obispos tocan de corazón con sus mensajes lo trasforman en esperanza para los cubanos. Mientras en Cuba se vislumbra el nacimiento de un nuevo modelo eclesial, donde los laicos no deben esperar que desde la Conferencia Episcopal digan lo que se debe y se puede impulsar desde la base, se hace urgente hoy construir como Iglesia una cultura del ejemplo, donde se arriesguen privilegios en pos de los descartados dentro de la sociedad. Solo si laicos y consagrados impulsan ese modo de proceder sinodal, venciendo el clericalismo latente, se tendrá la capacidad de destrozar el algoritmo de la exclusión y de los entes en el poder que impiden la formación de consensos y dibujan una Iglesia del Silencio. 

papel de los obispos en la Iglesia cubana actual

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