Política en Cuba

Una mirada desde la fe a lo que está sucediendo en Cuba

Por: Julio Pernús

En realidad no sé si este tipo de artículo se ajusta a lo que el lector de un medio como La Trinchera espera leer, pero en mis pensamientos traía dos o tres palabras sobre la realidad reciente de Cuba que me parecían oportunas compartir en estos momentos tan duros en la Isla.

El tiempo es uno de los tesoros de mayor valor en el mundo actual y se está agotando la posibilidad de aprovecharlo para revertir la desesperada situación social que vive el país. Por el rumbo que están tomando las acciones -las protestas del domingo son un ejemplo- dentro de poco no podremos salir de forma pacífica del ecosistema totalizador donde estamos viviendo.

En los días sucesivos al estallido social del pasado domingo varios jóvenes católicos como Leonardo Manuel Fernández Otaño (liberado) y Neifer Rigau (aún detenida) fueron apresados sin saber en algunos casos sobre su futuro. Lo que les ha sucedido a ellos forma parte de una ola represiva acentuada en los últimos tiempos contra la sociedad civil del país que disiente del poder.

Todas las generaciones deberían poseer el derecho a rehacer su propia historia con nuevos métodos, fuentes, paradigmas teóricos y con la visión de su época. Pero en Cuba ese derecho parece quedar otorgado solo a esos que actúan dentro de la línea invisible acotada como dentro de la revolución, definición de Fidel en unas palabras a los intelectuales hace sesenta años, donde se trazó la línea definitoria de la política cultural y social de la Nación.

Mientras escribo estas líneas, aún permanece preso Rafael Cruz, joven seminarista de Matanzas que se unió al pueblo en su justo reclamo para mejorar su agonía existencial. Aún no se sabe bien cuál será la acusación sobre él, pero su caso solo es un botón de muestra de varias detenciones arbitrarias que se vienen dando desde el pasado domingo contra los manifestantes del estallido social.

Puede que algunos lectores se pregunten por qué la Iglesia en Cuba, configurada históricamente en la voz de sus obispos, no se ha pronunciado de forma más enérgica contra estas arbitrariedades. Nuestra conferencia ha publicado un pronunciamiento acorde a su estilo pastoral que ha intentado siempre no cerrar cualquier canal de negociación futura con el gobierno, pues es reconocido que nuestros obispos son de los pocos actores de la sociedad civil con la credibilidad suficiente para la urgente construcción de un reconciliado tejido social.

Pero, sin dudas, está surgiendo una nueva eclesiología nacional visibilizada, sobre todo, en la república digital que significa Internet, materializada en diversos actores laicales que unen sus voces proféticas al grito de los oprimidos en la nación. Ellos acompañaron al pueblo el domingo, rezaron por ellos y junto a los más pobres expusieron su libertad en busca del bien común.

Cuando la desesperanza al escribir estas ideas me embistió en la cabeza, yo quise huir para que otro escribiera una narrativa diferente de nuestra realidad, pues también tengo miedo, pero cuando una historia se hace necesidad, no hay más opción que hacerla texto.

Como esperanza inmediata, tenemos varios candidatos vacúnales que se abren paso dentro de la peor ola de la pandemia en el país. No le pido a ningún lector que compre solo los pensamientos que aparecen en estas palabras, pero les ruego no cerrar los ojos desde la iglesia ante el lío armado el domingo por unos jóvenes que tratan de tejer, con los pocos retazos políticos que les ha dejado la vida, una utopía democrática.

La iglesia y el 11 de Julio. La iglesia y el 11 de Julio.

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