Política en Cuba

La salud pública cubana en 1959

Por: José Gabriel Barrenechea

¿Era la salud pública cubana en 1959 de las peores en el mundo? Pretendo responder aquí a esta pregunta. Debo aclarar que me he reducido en mis fuentes solo a las revolucionarias, publicadas en Cuba por instituciones revolucionarias: editoriales, periódicos y revistas, autores revolucionarios. Espero que para cualquiera sea evidente la contundencia de un discurso armado en estas fuentes…

Mortalidad

“Gracias al descubrimiento de Finlay y al esfuerzo metódico y sostenido de todo el pueblo en promover la higiene pública y el control de las enfermedades infectocontagiosas, Cuba llegó a ser rápidamente y aun antes de la Primera Guerra Mundial, no solo el país más saludable de los trópicos sino a ocupar un lugar destacado en el panorama mundial. Por su tasa general de mortalidad en 1914 venía inmediatamente después de las Islas Británicas, Holanda, Alemania, Suiza y los países escandinavos, pero antes que Francia, Italia, Europa Central y España, casi al mismo nivel que EE.UU.”

No espero que haya mucho más que decir tras leer este fragmento de Juan Pérez de la Riva en su ensayo Para saber con cuánta gente contamos. Tal vez solo que la tasa de mortalidad cubana “se encontraba en la vecindad de 8 por mil en los años cincuenta” (La población de Cuba y sus problemas, de la Riva) lo que contrastaba con la media de América Latina para el primer lustro de los sesenta, de 12,2 por mil, o aun con la de las regiones desarrolladas para ese mismo momento, de 9 por mil. 

Número de médicos

Una de las lecturas obligatorias en la escuela primaria de finales de los setenta era aquella en que se nos contaban las vicisitudes de los campesinos de la Sierra Maestra para ser asistidos por un médico. La cruel travesía en una camilla improvisada a través del lomerío hasta la costa. Solo para intentar llamar desde allí la atención de algún barco de cabotaje que los llevara a Santiago de Cuba… Historia en realidad lamentable, pero que analizada de un modo desapasionado nos muestra otras aristas de la realidad de entonces: primero, el hecho de que aun los habitantes de una de las zonas más atrasadas del país sabían lo que era un médico, y más importante aún, sentían su necesidad, conocimiento y necesidad que no tenía la mitad de la humanidad en 1958; segundo, que por entonces todavía teníamos navegación de cabotaje, y muy activa, ya que de lo contrario no se explicaría la fe de los serranos en la posibilidad de ser recogidos por un barco.

En Cuba, lo que nunca le dirán los medios, Salim Lamrani se refiere a este punto del número de médicos en 1959 de esta forma: “…cuando el país contaba solo 6 000 (médicos)”. Con lo que le deja al lector profano, con ese adverbio de modo tan (in)oportuno, una impresión por completo contraria a la que en realidad debería haber tenido si Lamrani a la vez hubiera podido (o querido) agregar que la Suiza de entonces, una nación de población comparable en número a Cuba (un millón de habitantes menos), y con tres veces su PIB per cápita, tenía solo 5 200.

Se miente no solo cuando se altera la verdad, sino también cuando se escamotea parte de ella.

La verdad es que, como lo demuestra la siguiente gráfica tomada del clásico Países Pobres, Países Ricos (L.J. Zimmerman, Editorial Ciencias Sociales, Cuba, 1970; cantidad de médicos por 100 000 habitantes contra PIB per cápita, en dólares), la Cuba de 1956 tenía más médicos en proporción a su población que naciones como Inglaterra o Francia.

Grafica 1

(1.EE.UU.;2.Suiza;3.Australia;4.Bélgica;5.Reino Unido(73);6.Francia(85); 7.Venezuela; 8.Alemania Occidental;9.Israel;10.Argentina; 11. Chile; 12.Cuba (97); 13.Italia; 14. Unión Sudafricana; 15. Colombia; 16. México; 17. Japón; 18.República Dominicana; 20.Perú; 23.Congo Belga; 24. India)

Camas en hospitales

El Anuario Estadístico de Cuba, 1988, declara para 1958 la cantidad de 32 501 camas en 337 hospitales y clínicas, equivalentes, para una población de 7 millones, a 4,64 camas por cada mil habitantes, o 215 habitantes por cada una de ellas. Esta última cifra, por cierto, resulta muy apropiada para compararla con la tabla siguiente, también obtenida del mencionado Anuario

PaísHabitantes por camas en instituciones hospitalarias.
Argentina(1975)176
Costa Rica(1979)297
Cuba(1983)216
Chile(1979)292
Uruguay(1979)247

O sea, que cualquiera de las dos Cuba, la de 1983 y 1958, casi idénticas en cuanto a número de habitantes por cama en hospitales, ocuparían el segundo lugar en cualquier tabla que recogiera este indicador en la América Latina de mediados de los setenta. Lo que de manera evidente resulta todavía más digno de elogio para el año anterior al triunfo de la última revolución cubana: es cierto que para 1983 las camas habían aumentado a más de 48 000, pero lo es también que la población había pasado de poco menos de 7 millones en 1958 a más de 10 millones para entonces.

Mortalidad Infantil

Fue el propio Fidel Castro quien en la Plaza de la Revolución, el día 2 de enero de 1967, asentó la cifra que andando el tiempo se convertiría en uno de los principales caballos de batalla del discurso oficial: “Algo similar ha ocurrido, por ejemplo, con los niños que perecen en el primer año de edad; que antes de la revolución eran más de 60 por mil y en la actualidad se ha reducido a 37…” 

Este 60 por mil es la cifra que se suele citar en trabajos sobre la Cuba de la época. Sin embargo, no es la que se nos ofrece en el Anexo Estadístico de un libro tan bien informado como Erradicación de la Pobreza en Cuba (Editorial de Ciencias Sociales, 1987), de José Luis Rodríguez y George Carriazo Moreno, sino la de 32,5 por mil. 

No obstante, por tener una más probable solución de continuidad con la serie que de este indicador publicara el periódico Granma en su edición del 4 de enero de 2010, reproducida a continuación, prefiero admitir como la correcta la cifra de 40 por mil que puede leerse en el cuerpo de obra de Rodríguez y Carriazo (en el cuerpo de la obra mencionan ese 40 por mil, mientras en el citado Anexo el 32,5 por mil).

AñoValor(por mil)
196037,3
196139,0
196241,7
196338,1
196437,8
196537,9
196637,3
196736,4
196838,3
196946,7
197038,7

Ese mismo criterio de continuidad matemática que he invocado para aumentar de 32 a 40, me permite también descartar el afirmado 60 por mil de 1958. Y es que resulta muy poco creíble que entre este último año y 1960 se hubiera logrado dar el salto que permitiera rebajar nada menos que en 23 puntos el referido indicador, como puede colegirse de la tabla de arriba. Sobre todo si recordamos que entre dichos años media uno tan desorganizado como 1959, en el que no solo se efectuaron cambios profundos en muchos hospitales… algunos a la brava, como en el caso de la dirección del Calixto García (Bohemia, febrero-marzo de 1959), sino en que en general el país fue por completo puesto patas arriba. 

Más bien, la persistencia de dicho indicador alrededor del 40 por mil durante toda la década de los sesenta, como nos lo muestra la serie de Granma, nos hace pensar en un escenario más probable: que ese 40 por mil era el valor correcto para el año inmediato anterior a 1959, y que durante la mencionada década de los sesenta el gobierno revolucionario, aun al haberse marchado más de la mitad de los médicos, y con un índice de natalidad que no decrecía, logró la hazaña de mantener dicho indicador en el rango que lo había encontrado a su llegada al poder.

¿Pero, en definitiva, resultaba mucho o poco ese 40 por mil pre-revolucionario, si se contextualiza en el mundo de la época? 

Según el soviético Aaron Boyarski, autor de un enjundioso Curso de Demografía, publicado aquí en los ochenta: “En las colonias, antes de la liberación, la mortalidad infantil alcanzaba elevados porcentajes, y en algunas regiones de América Latina, incluso alcanzaba el 50% (500 por mil)”. Fragmento en el que Boyarski, por cierto, no aclara si se refiere al proceso de descolonización de entre 1945 y 1980, o al emancipador de la América Latina, entre 1810 y 1824. 

Gracias a Mijail Bedni y su ensayo El Mundo Contemporáneo: Estado de Salud de la Población, publicado en Procesos Demográficos (Academia de Ciencias de la URSS, Moscú, 1983), hemos elaborado la siguiente tabla:

PaísMortalidad hasta 1 año de edad por cada 1000 recién nacidos(1972)
Egipto99,6
México60,9
Venezuela51,6
Portugal41,4
Hungría32,2
Italia26,9
EE.UU.19,1
RDA17,6
Suecia10,8

A pesar de que a propósito he optado por no registrar a naciones del África Subsahariana y de Asia, y de los catorce años que median entre estos datos y el 40 por mil de Cuba en 1958, situar este último aquí no hubiese implicado el tener que intercalarlo en la parte superior de la tabla. 

Preguntémonos, para finalizar, si es verdad que la obra de la Revolución, al menos en cuanto a este indicador específico, no ha tenido comparación posible.

En su más arriba citado discurso del 2 de enero de 1967, versión taquigráfica de Bohemia, Fidel Castro continúa: “Otros países de los que estaban más próximos a nosotros (en 1958) eran: Costa Rica, con 77,6; Argentina tiene 61; Chile tiene 111 por mil- es decir, una cifra tres veces mayor que la de Cuba” (¿tres veces mayor que el 60 por mil?, ¿es que acaso Fidel Castro en la plenitud de sus 39 años ha cometido un error aritmético?, ¿o es que sin darse cuenta ha calculado en base a la cifra de 40 por mil?). A su vez, basándonos en la ya referida edición de Granma correspondiente al 4 de enero de 2010, podemos reunir en una tabla los datos correspondientes a cada uno de los países mencionados por Fidel Castro 50 años después:

PaísTasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos (2008).Número de veces que disminuyó la mortalidad infantil en relación con los datos ofrecidos por Fidel Castro en su discurso de 2 de enero de 1967
Argentina154
Costa Rica107,7
Chile715,9
Cuba4,88,33

Aclaro que arriba he empleado para Cuba el 40 por mil para 1958, pero aun si aceptáramos el tan llevado y traído 60 por mil, el mayor milagro sanitario de nuestra región en cuanto a la disminución de la mortalidad infantil seguiría en manos de Chile: si en base a esa cifra Cuba la disminuyó en 12,5, Chile, al pasar de 111 por mil a 7 por mil, lo hizo como hemos visto en un poco más: 15,86.

Esperanza de vida al nacer

En su ya citado ensayo Mijail Bedni nos informa: “En los años 50, la duración potencial de la vida de las personas al nacer constituía en el mundo 53 años (término medio), con la particularidad de que en los países económicamente desarrollados era de 70 años, y en los países en desarrollo, 50.”

Para Cuba, según Erradicación…, en 1950 era de 62,5 años, y en el periodo 1955-60, a pesar de la guerra civil que según el discurso oficial arrancó 20 000 vidas en una población de poco menos de 7 millones, solo bajó hasta 61,8 años. Lo que implicaría necesariamente que, o la cifra de víctimas citada ha resultado exagerada, o paralelamente a los estragos de la guerra civil la esperanza de vida ha mejorado tanto que ha sido capaz de casi subsanar la sangría que representó el esfuerzo anti-batistiano.  

Pero con todo y lo dicho, al referirse a esa cifra de 62,5 años, solo un poco menor al 66 de Francia o el 65,4 de Italia, algunos como el autor del texto en cuestión, le adjudican el adjetivo de “espantosa”. Selección lingüística que demuestra más que nada o que se vive con la mentalidad de primitivo a la que se refería Ortega y Gassett, o que quien así adjetiva solo pretende manipular nuestras cuerdas con el fin de conseguir de sus lectores un apoyo político incondicional.

Algo más puede demostrarse utilizando este índice. De hecho, ninguno como él para situar realmente en su contexto los logros sanitarios del gobierno revolucionario: para ello utilizaremos la siguiente tabla (elaborada gracias a diversas fuentes en los ensayos de Población y Nuevo Orden Económico InternacionalEditorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1988; y a la Enciclopedia Encarta 2009, de amplio uso por entonces en las escuelas cubanas):

PaísEsperanza…(1960-65)Esperanza(2008)Aumento
México59,275,816,6
Guatemala48,270,021,8
Costa Rica6377,415,4
Brasil55,972,516,6
Argentina66,076,510,5
Chile57,677,219,6
Venezuela58,973,514,6
Bolivia43,466,523,1
Nicaragua47,971,223,1
Cuba65,177,312,5

Poco más que decir: en este apartado no hemos sido ni con mucho quienes más han avanzado en Latinoamérica. Solo los argentinos han mejorado menos que nosotros en este índice.

Gastroenteritis

No he querido terminar sin al menos analizar el comportamiento comparado entre Cuba y algunos países del área en el caso de alguna enfermedad en particular. Para ello he escogido una de las que por su prevalencia en una población definían por entonces el grado de subdesarrollo de la misma: la gastroenteritis.

En su discurso del 8 de enero de 1969, en el acto de inauguración de un policlínico rural, Fidel Castro revela (transcripción de Bohemia): “Defunciones por gastroenteritis en Cuba: en 1958, 2784; en 1968, 1346. Es decir, ha habido una reducción de 2784 a 1346 de 1958 a 1968. La gastroenteritis, por ejemplo, defunciones. Por cada 100 mil habitantes murieron en Colombia 105,4; en Costa Rica, 136,8; en Chile, 68,4; en Ecuador, 120,4; en El Salvador, 60,3; en Guatemala, 229; en Venezuela, 47,8; en la República Dominicana, 98, 5; en Perú, 81,3; en Nicaragua, 87,7; en México, 112,2; en Cuba 28,1.”

“Es decir, la cifra más baja de todos los países mencionados.”

Y con mayor razón podía haberlo dicho con un cálculo más riguroso, porque con casi 8 millones en 1968, la cifra más correcta para Cuba ese año era la de 16,8 por cada cien mil habitantes (una vez más, un problema de aritmética). Quizás no se tuvo en cuenta que, si la misma operación se repitiera para el valor de 1958, con 7 millones, obtendríamos un 39,8. Cifra que aún seguiría estando muy lejos en el primer lugar, pero en una serie armada con los valores de diversos países latinoamericanos para diez años después, para 1968.

O sea, en 1958 Cuba tenía un índice mejor que el de los países citados en 1968.

Por cierto, y para que no queden dudas en cuanto a estos cálculos, según Erradicación… en 1958 la cifra era de 41,2 fallecidos por gastroenteritis por cada cien mil cubanos.

Realidad de la salud pública cubana en 1959

Aunque es innegable que durante el periodo revolucionario la atención a la salud pública recibió un considerable empuje, no puede admitirse, sin embargo, que la Cuba de antes de 1959 fuera el escenario de las espantosas condiciones sanitarias. De hecho, lo cierto es que la Cuba de 1959 ya exhibía algunas de las singularidades de país no totalmente tercermundista, que en el presente el discurso oficial propagandiza como el resultado de su gestión, y solo de ella. Por ejemplo, hoy se intenta presentar nuestra baja natalidad como una muestra de los avances obtenidos a partir de 1959, cuando con solo observar la tabla de abajo se aprecia de inmediato que este no es un logro tan reciente:

Tasa Bruta de Natalidad, 1950-1955 (tomada de Población y Desarrollo en América Latina. Algunas Ideas sobre el desarrollo capitalista del Áreade José Lima Otero, Rolando García Quiñones y Eugenio Espinosa, publicado en la Cuba de los ochenta):

Total Mundial36,3
Regiones más Desarrolladas22,7
Regiones menos Desarrolladas42,9
América Latina42,4
Cuba29,7

Si se desiste del empeño tergiversador de querer comparar nuestro pasado con algún pretendido futuro de éxito, para en su lugar referirlo a su contexto contemporáneo, en que naciones como la RDA tenía una mortalidad infantil de 38,8 por cada mil nacidos vivos, saltará a la vista que, si bien no éramos de los mejores ejemplos de la época, nos ubicábamos no obstante a solo unos pocos pasos detrás de esos ejemplos, siempre por encima de la media mundial. 

Y ello gracias a una tradición de cuidados médicos y preocupación sanitaria que había surgido en paralelo a nuestra nacionalidad. Así, en tan temprana época como la cuarta década del siglo XIX, cuando ni el 2% de la población mundial podía pretender acceder a los cuidados de un médico rural, ya un escritor de costumbres, José María de Cárdenas y Rodríguez, “Jeremías de Docaransa”, lo sitúa como uno de los tipos habituales de nuestra sociedad, al punto de dedicarle uno de sus Artículos Satíricos

Cuando muchos ejércitos todavía carecían de un cuerpo médico independiente, ya nuestro precario Ejercito Libertador lo tenía, y de excelente calidad. Muy superior al español en el que por cierto militaban hasta futuros premios Nobel, como don Santiago Ramón y Cajal. No debe dejarse de lado el hecho de que fue el nuestro el primer país, en todo el globo terráqueo, con un ministerio dedicado a los menesteres de la salud humana, bajo el gobierno del Mayor General José Miguel Gómez.

Y es que un país que nunca representó por su población más que dos milésimas del total mundial, no da por simple “generación espontánea” médicos de la talla de Tomás Romay, Carlos Juan Finlay, Raimundo de Castro y Alló, Pedro Castillo, Gonzalo Aróstegui del Castro, Domingo Gómez Gimeránez, Ángel Arturo Aballí, Israel Castellanos, Pedro Kourí, Lorenzo Comas, Nicolás Puentes Duany, Ricardo Núñez Portuondo, Eusebio Hernández, Joaquín Albarrán, Juan Guiteras… Todos graduados ya antes de 1959.

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