Opinión

Hace tiempo que no sueño

Por: Miguel Angel Maeda Torres 

Hace tiempo que no sueño. Supongo que los sueños también se agotan. Es un descanso sin pensamiento, vacío. Tan pronto me levanto los pensamientos vienen a mí y me canso. Intento entonces soñar despierto, pero no tengo fuerzas. No tengo energías para creer en nada. Las estrategias para sobrevivir, y el esfuerzo involuntario de recrear imágenes que me perturban, gastan todas mis energías vitales. 

Quisiera no verlas más. Quisiera pensar que son mentira para no sufrir. Sería demasiado fácil, o tal vez no. En realidad negarlo no es sencillo, lo que sería es demasiado cobarde. No puedo dejar de pensarlos, porque comparto el dolor, porque comparto la misma falta de sueños. Dirán que lo que provocó todo fue un águila negra, dirán que fue la oscuridad, dirán que fue el hambre, dirán que fue un virus. Pero yo sé que es la falta de sueños.

El cubano puede soportar lo indescriptible por un sueño, por fe. Pero estos se agotan. Para soñar, para creer, siempre necesitamos del milagro tangible que nos restablezca la fe. No se puede apelar eternamente a un paraíso que se aleja. Y sin sueños, no vale la pena la vida. Sin sueños, sin proyectos en nuestras mentes, no somos más que bestias, que viven para comer y comen para vivir. Y por demás, bestias que comen mal. 

No importa el ruido que haga el coro de siempre, creador de silencios que asumen algunos como reafirmación. A pesar de la violencia sutil o explícita, por un breve instante, el conveniente silencio se rompió. Al grito de desesperación le exigen que sea ordenado, y que debía ser civilizado. Pero la pregunta que se impone es: ¿Qué se hará con ese grito de desesperanza? Se le puede acallar otra vez, pero eso no restablece la fe, no da impulsos para soñar de nuevo. Solo nos vuelve más bestias, y con bestias no se construye un país. 

Mientras espero que la cola termine, solo deseo que llegue la noche de nuevo para dormir, sin sueños, pero con esa sensación de tocar el vacío, la nada, que es donde único encuentro la paz. Y al volver a despertar me siento de nuevo mal, me siento una mierda por tratar de evadir esta realidad, que necesita que la transformen para que TODOS volvamos a soñar.

Estoy en contra del bloqueo, de la intervención militar. Pero también del inmovilismo, del triunfalismo, de la corrupción, de la ineficiencia, de la intolerancia, de la violencia de todo tipo, del nepotismo, y de que todos mis amigos y colegas se marchen a otros lugares, no paradisíacos, pero donde al menos pueden volver a soñar.

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