Marxismo en Cuba

Lukács: antimperialismo y socialismo

Por: Mario Valdés Navia

Aún hoy, el pensamiento y la vida de George Lukács (Budapest, 13-4-1885 − ibídem, 4-6-1971), uno de los filósofos marxistas más importantes del siglo XX, es poco conocido y valorado en Cuba. La entronización del marxismo-leninismo soviético (M-L) como dogma prevaleciente hizo que quienes desarrollaron un pensamiento crítico desde dentro del marxismo fueran proscritos, tanto ideológica como teóricamente, del entorno de las aulas y las ciencias sociales y humanísticas durante décadas. La sola mención de su nombre era considerada tabú.

A los estudiosos a la fuerza del llamado materialismo dialéctico e histórico –es decir, todos los que pasamos por las aulas cubanas de nivel medio y superior, desde los años 70 hasta la actualidad− nos fueron presentados los manualistas soviéticos como continuadores brillantes de los clásicos marxistas. Así, meros desarrolladores de los aportes y dictados de los supuestamente infalibles Bujarin y Stalin, como Konstantinov, Kursánov, Rosenthal y Ludin, ocuparon en el parnaso filosófico de la isla el lugar que correspondía a Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, José Mariátegui, Louis Althusser y el mismo Lukács.

Aunque su texto más importante Historia y conciencia de clase (1923) circuló en Cuba en una edición soviética, no era empleado asiduamente en la enseñanza ni en la investigación. Es que sus tesis acerca de la necesidad de una reforma radical del socialismo y su interpretación sui generis de la militancia intelectual como una lucha en dos frentes: contra el “americanismo” [imperialismo yanqui] y el estalinismo, lo convertían en uno de los llamados revisionistas de derecha del marxismo occidental.

La militancia comunista de Lukács fue tan larga como azarosa, a consecuencia de su reiterada heterodoxia. Si bien fue fundador del PC de Hungría con Béla Kun (1918), quien lo nombró Comisario de Instrucción Pública en la República Soviética de Hungría (1919-1920), también es cierto que ideológicamente se aproximó más a la postura de Rosa Luxemburgo que a la de Lenin. Ambos abogaban por una identidad dialéctica peculiar entre la conciencia de las masas y la de la vanguardia intelectual, al tiempo que consideraban necesario llevar a cabo una revolución democrática social, en vez de una revolución proletaria que condujera a una dictadura del proletariado al estilo soviético.

Aunque Lukács se vio obligado a efectuar la autocrítica de esas posiciones y vivir confinado en la URSS durante años, su admiración por la dialéctica de Hegel y la reinterpretación que hizo de su influencia en Marx, en particular en su texto El joven Hegel –uno de los estudiados por el Che en Bolivia−, hicieron su obra sospechosa para los ideólogos estalinistas. Por el contrario, en la primavera revuelta de 1968, sería revisitada y aclamada por los jóvenes de la nueva izquierda, tanto en Hungría como en otros países, quienes solían pasarse de mano en mano ediciones “piratas” de su texto más importante: Historia y conciencia de clase.

De nada serviría que, aún al borde la muerte, el viejo comunista reafirmara su comportamiento político de por vida al afirmar que: “Desde mi punto de vista, aun el peor socialismo es preferible antes que el mejor capitalismo.”[1] Su posición de jamás exiliarse en Occidente lo llevó a verse involucrado en varios procesos de “caza de brujas”, tanto en Hungría como en la URSS, y no bastó para reivindicarlo a los ojos de los ideólogos del M-L europeo ni sus cofrades caribeños.

Ahora que Cuba parece haber superado el monopolio del M-L, al menos en la academia y la letra de la Constitución 2019, es de esperar que Lukács retorne a las aulas universitarias y a las fuentes teóricas de las nuevas investigaciones de estética, historia y filosofía. A casi medio siglo de su muerte, su visión certera de que los enemigos a combatir por los marxistas verdaderos son el imperialismo y el estalinismo resuena aún con vigencia plena. No lo olvidaremos.

Para contactar al autor: mariojuanvaldes@gmail.com

[1] G.Lukács: “Entrevista: En casa con György Lukács” [1968]. En G.Lukács: Testamento político y otros escritos sobre política y filosofía inéditos en castellano, pp.121.

Tomado de La Joven Cuba

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