Marxismo en Cuba

Marx y la Religión

Fotografía: Yolo

Por: Julio Pernús

No me considero un estudioso de la obra de Marx, aunque como todo universitario cubano, el estudio de su pensamiento me fue exigido para poder aprobar mi plan de graduación.

En los últimos tiempos, sí he podido bregar con varias mentes que han ido encontrando en su obra un modo de vida y de comprender los tiempos antiguos y los que corren por este hermoso globo que nos gusta llamar Tierra. Desde niño he estado muy cerca de la Iglesia católica y la fe es uno de los ejes centrales de mi existencia. Por eso no me atrevería a decir que llego al marxismo sin ningún tipo de prejuicio, porque incluso me estaría mintiendo a mí mismo.
Entonces hago este texto a conciencia de que mis palabras pueden estar sujetas a esos fantasmas de la izquierda y de la derecha, que siempre me han perseguido con balas que apuntan a una dicotomía incurable entre marxismo y religión.

Con la idea que no he comulgado nunca, es con aquella que intenta por todos los medios utilizar la religión para legitimar una estructura de poder.

José Grigulévich un conocido historiador, etnólogo y publicista soviético que ha tratado de identificar los rasgos anti-marxistas y pro-marxistas en el interior de la Iglesia Católica, sobre todo vinculada a los movimientos de liberación en nuestro continente; al final de su libro –La Iglesia católica y el movimiento de liberación en América Latina-, llega a la conclusión de que resulta extremadamente complejo identificar una postura cuasi uniforme dentro del Pueblo de Dios (1), que lo lleve a ser partidario de una sola propuesta con respecto a la utopía marxiana de sociedad.
Con la idea que no he comulgado nunca, es con aquella que intenta por todos los medios utilizar la religión para legitimar una estructura de poder, y eso tristemente ha sido uno de los mecanismos de aproximación de algunas mentes adscritas al marxismo. En uno de los manuales soviéticos que se entregaba a los militantes del Partido Comunista de Cuba (PCC) en las primeras décadas del triunfo revolucionario, cuando yo no había nacido; se hablaba de ir incorporando de a poco a los cristianos a las filas del movimiento para que ellos fueron por sí solos dejando todo eso que los enajenaba de la realidad.
Para varios marxistas pro-soviéticos, “la Iglesia católica constituye un factor ideológico y político de primer orden sobre todo en América Latina y su modo de proceder es de suma importancia para entender los procesos socio-políticos que atraviesa nuestra zona geográfica” (2). Quizás por eso en algunos medios de comunicación se ha llegado a escribir que todas las Iglesias cristianas estuvieron a favor de Jair Bolsonaro, el nuevo presidente brasileño, porque su interés más profundo es que desaparezca la izquierda del poder.

Hoy lo que la Iglesia quiere que desaparezca del poder es el autoritarismo, la corrupción, las dictaduras adornadas con asesinatos encubiertos

Como católico practicante siento que es una definición muy estrecha para hacer un bosquejo certero por una realidad de mayor complejidad. Hoy lo que la Iglesia quiere que desaparezca del poder es el autoritarismo, la corrupción, las dictaduras adornadas con asesinatos encubiertos y eso en los tiempos que corren se puede ver, tanto en los regímenes que se definen como socialistas o aquellos que se hacen instrumentos de una política neoliberal.
Mientras participaba en un debate con algunos jóvenes intelectuales cubanos, uno de ellos afirmó que, dentro de un núcleo importante de la Iglesia católica, pervive un odio irracional a Marx. Sus conclusiones partían de que en el boletín (3) del Instituto P. Félix Varela – Laurea en Humanidades-, se le había realizado una encuesta a los estudiantes, preguntándoles cuáles eran los filósofos más odiados y la respuesta a la misma estaba encabezada por Karl Marx. Por cierto, Hegel ocupaba la cuarta posición, y Federico Engels aparecía en el top cinco. Me llamó la atención que, entre los más amados, los dos primeros eran Aristóteles y Platón, mientras que San Agustín era el cuarto de la controvertida lista. La verdad es que el propio Marx afirmó que él podía llegar a ser el más odiado porque su obra era muy contradictoria en sí misma. Su frase “la religión es el opio de los pueblos” (4) ha sido empleada como bastión de ataque contra las culturas cristianas que fueron colonizadas por el imperio soviético.

Sería bastante sanador poder interpretar el pensamiento marxista más allá de su definición de masas y de la reducción de toda su obra a dos categorías socioeconómicas

Lo llamativo del asunto, es que cuando uno indaga sobre la realidad del estudiantado en ese centro, la mayoría no es de confesión católica, por lo que, al parecer, el odio “irracional” va más allá del escueto público cristiano, diría yo. En este punto es importante comprender que el marxismo bebe con bastante asiduidad de la religión secularizada. Sus defensores dentro del mundo católico han llegado a plantear que tiene raíces cristianas, a lo que se podría argüir, en base a la propia genealogía de Marx, que se trataría de raíces judeo-cristianas. Sería bastante sanador poder interpretar el pensamiento marxista más allá de su definición de masas y de la reducción de toda su obra a dos categorías socioeconómicas, burguesía y proletariado.
Ernst Bloch, uno de los filósofos marxistas que más se preocupó por interpretar la religión, hablando de Marx esgrimió en una de sus tesis que: “…Para él hay un principio utópico en el ser humano – algo trascendental- que es lo que ha hecho al ser humano llenar ese espacio ontológico; entonces, esa búsqueda constante es lo que lo ha llevado a crear la religión. Por eso los pueblos primitivos tienen una percepción del mundo que ya es socialmente recibida: el ser humano vive según las categorías que su entorno le imprime. Para Marx, la lucha de clases favoreció el surgimiento de las religiones tal como las conocemos en la contemporaneidad” (5).
No quiero ser reduccionista, pero creo que un fenómeno tan complejo como la religión no debe ser conceptualizado solo partiendo desde la visión de las luchas de clases. Si el marxismo lo mira con esa lupa me parece que no logrará nunca interpelar esa realidad en todas sus dimensiones. En los últimos tiempos, el profesor Baggio, una de las mentes de mayor lucidez que ha ido a lo profundo de las raíces marxistas desde el cristianismo, ha esbozado la importancia de recuperar el concepto de fraternidad en pos de poder esgrimir una postura dialógica contra las fratricidas luchas de clases.

Algunos teólogos emplearon elementos del marxismo para solventar la siempre llevada y traída Teología de la Liberación.

Todo esta intríngulis, sin menospreciar la obra de Bloch, que es un filósofo sumamente interesante, cayó preso por no querer ir a la Guerra en Rusia, vivió en el exilio desde donde llegó a convertirse en un gran profesor universitario y ser miembro de una cátedra de teología en la RFA. Además, intentó comprender y utilizar algunos elementos autóctonos de la religión para legitimar las bases del marxismo. Esto último puede tener cierto paralelismo histórico, con el hecho de que algunos teólogos emplearon elementos del marxismo para solventar la siempre llevada y traída Teología de la Liberación (6).
Cuando uno intenta validar la religión y el marxismo como dos corrientes antagónicas, me parece justo y necesario definir qué interpretación del marxismo se utiliza en el debate. Para varios cientistas sociales, el problema fundamental pasa por la comprensión estalinista del marxismo-leninismo. Según los alentadores de esta dicotomía, la religión era un enemigo cómodo, porque en todos los países donde triunfaba una revolución socialista, los movimientos religiosos eran los primeros que se le oponían; el caso de Cuba no fue la excepción.

Para Miguel Alejandro Hayes, uno de los jóvenes cubanos que más tiempo dedica a comprender el pensamiento marxista, Marx no tenía “ese gran problema que se le ha ido achacando con la religión; cuando dijo que -la religión era el opio de los pueblos- hablamos de un Marx muy joven sin una gran solidez de pensamiento, donde se mezclan también los criterios correspondientes a coyunturas políticas con concepciones teóricas” (7).

Se puede encontrar hoy en los auto-declarados marxistas, una caricatura de Marx

Hoy vemos generalizarse el acercamiento de muchas personas de ideología marxista a la Iglesia católica. El Papa Francisco ha dejado como mensaje al pueblo de Cuba que se debe practicar la Amistad Social como parte de su modo de hacer cotidiano. Hace poco días oí decir que en la actualidad lo típico es encontrar en las mentes de las personas declaradas marxistas, una “caricatura de Marx, incluso se puede asegurar que ser ateo es como estar a la moda” (8).
Conclusiones
Lo cierto es que andamos en tiempos de crisis de los paradigmas originales, y existen bastantes lagunas en cuanto a la formación académica de las personas adscritas a cualquier ideología, también dentro de la religión. En otras palabras, hay muchas personas que se dicen marxistas sin haber leído apenas a Marx y otros que van a la Iglesia católica por estar en un ambiente social distinto. En mis casi 30 años he fomentado siempre las variantes que nos hagan partícipes de un verdadero diálogo. Nunca me ha parecido correcto censurar de forma definitiva a una persona solo porque no vea la vida desde mi prisma cristiano. Tengo varios amigos marxistas, incluso hay algunos que también se confiesan católicos.
Con todo, -y esto es un pensamiento que voy elaborando paulatinamente-, siento que no se puede ser católico consecuente y marxista a la vez. Para el marxismo lo material es el culmen, lo perfecto, mientras que las personas seguidoras de Cristo sabemos de la existencia de algo intangible en la interioridad humana. No sé si todos los marxianos estén de acuerdo con esto, pero yo a Marx no lo juzgó solamente por su obra teórica, de la cual aún me queda mucho por leer, sino también por todos esos movimientos políticos que él incentivó de forma razonada, muchos de ellos desde una plataforma totalmente antirreligiosa. Si somos consecuentes con su persona, sabremos que él no desaprobó en ningún momento este tipo de prácticas y eso es algo que desde el pensamiento cristiano siempre será visto con signos de interrogación.
He conocido personas que han hecho su propia elucubración del marxismo para fundar en él una variante que no los aparte de Dios; aunque quizás no lo comprenda del todo, lo respeto. Sobre estás temáticas se debe seguir profundizando con el propósito de iluminar la búsqueda del bien común. Mi abuelo me enseñó a valorar a las personas por su hacer cotidiano y a trabajar codo con codo con todo aquel que busque la felicidad del prójimo, y eso trasciende el hecho del diferendo entre Marxismo y Religión.

Notas

(1) Expresión utilizada en el contexto del Concilio Vaticano II para describir al laicado.

(2) Grigulévich José; La Iglesia Católica y el movimiento de liberación en América Latina; páginas- 4-5; Editorial Progreso; impreso en la URSS en 1984.

(3) El Boletín se llama la Escalera, nota del autor tomada durante el debate sobre Marx y la Religión, organizado por el espacio Trinchera Abierta.

(4) La comparación de la religión con el opio no es original de Marx y ya había aparecido, por ejemplo, en escritos de Immanuel Kant, Herder, Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Moses Hess y Heinrich Heine, quien en 1840 en su ensayo sobre Ludwig Börne ya la empleaba. Aunque la de Marx ha sido la de mayor trascendencia histórica.

(5) Nota del autor acerca de ideas emitidas en el debate acontecido en el espacio Trinchera Abierta sobre Marx y la Religión.

(6) La teología de la liberación es una corriente teológica cristiana integrada por varias vertientes católicas y protestantes, nacida en América Latina tras la aparición de las Comunidades Eclesiales de Base, el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín (Colombia, 1968), que se caracteriza por considerar que el Evangelio exige la opción preferencial por los pobres y por recurrir a las ciencias humanas y sociales, incluyendo el marxismo, para definir las formas en que debe realizarse aquella opción. Los primeros en definir esta corriente teológica fueron el educador y expastor presbiteriano brasileño Rubem Alves y el sacerdote católico peruano Gustavo Gutiérrez Merino.

(7) Conferencia impartida por Miguel Alejandro Hayes a miembros del CEHILA, filial Cuba, en Centro Habana.

(8) Frase de Yassel A. Padrón Kunakbaeva, uno de los redactores asiduos de la joven Cuba, que busca hacer un análisis desde el marxismo de la realidad cubana.

2 Comentarios

  • ismael Zuaznabar

    El autor confiesa no saber anda del marxismo y además de mar y su texto se encabeza con el titulo de Marx y la religión y no dice nada de lo que el planteo al respecto y además su cita es diversionista cuando plantea
    La verdad es que el propio Marx afirmó que él podía llegar a ser el más odiado porque su obra era muy contradictoria en sí misma. Su frase “la religión es el opio de los pueblos” (4) ha sido empleada como bastión de ataque contra las culturas cristianas que fueron colonizadas por el imperio soviético.
    Y luego aclara cita 4
    (4) La comparación de la religión con el opio no es original de Marx y ya había aparecido, por ejemplo, en escritos de Immanuel Kant, Herder, Ludwig Feuerbach, Bruno Bauer, Moses Hess y Heinrich Heine, quien en 1840 en su ensayo sobre Ludwig Börne ya la empleaba. Aunque la de Marx ha sido la de mayor trascendencia histórica.

    En primer lugar nunca dice dónde Marx dijo eso y lo cita incompleto y eso no es serio sino formas de decir medias verdad des y todo lo demás de los ex soviéticos, folletos cubanos etc, no se le pueden achacar a Marx.
    Hay que ser serios en los análisis y los francos tiradores no llegan nunca a arreglar lo que critican y se quedan sin ideas que según alguien valen más que las de piedras
    Si creo que toda forma de religión es una manera de apagar los espíritus de lucha de los pueblos y eso de vive sin protestar y acederas al paraíso estoy esperando a que alguien venga y me cuente lo bueno de vivir ahí, sin pecados, sin injusticia y en plena igualdad.
    El autor habla de imperios y dictaduras y se olvida del imperio de la iglesia católica no muy democrática en su selecta selección de su liderazgo, que es un imperio de cada papa y solo termina, generalmente con su muerte, sin contar las riquezas que históricamente se han llevado desde la época colonial y hoy disfrutan de los placeres que tanto critican en sus fieles, grandes banqueros y dictadores también
    Serio bueno se empiece por criticar a un de la menores democracias del mundo la iglesia que el autor confiesa profesar

    • Hayes Martinez

      Buen día Ismael. Gracias por comentar. Esperemos que nuestro amigo Julio le responda algunos de sus comentarios.
      En lo que él lo hace, yo le hago algunos.
      Creo que debería, como mínimo, repensar su lectura. El autor, no usa la frase en cuestión de Marx, como punta de lanza. Al contrario, cuestiona hasta cierto punto, que sea usada como punta de lanza.
      Para mí es importante la visión de un cristiano, en la que prefiere ver los puntos en común, la disposición a la colaboración, que no la exclusión.
      Creo que sus criterios, ya son de cierto modo atrasados( más bien asociados a la visión estalinista de la religión). La religión ha sido factor de unidad nacional en muchas regiones, y parte de la cultura humana.
      De todos modos, lo más importante no es en lo que se cree, sino cómo se cree en eso.
      Ya usted me dirá.

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