Marxismo

¿Cuál globalización?

Por: Miguel Alejandro Hayes
Según Umberco Eco, la inseparabilidad de significado y significante hace que los sinónimos en realidad no existan, o al menos, no sean tales (tan solo es posible la referida escisión en el universo de la abstracción pura). Sin embargo, esas exigencias semióticas (que tienen validez en los acotados universos de lingüistas y científicos del pensamiento) no impiden que la discursividad empírica (en su más común acepción) haga uso de los sinónimos como herramienta capaz de generar imágenes teóricas.

Luego, una vez que se haya conocido el peligro de los paralelismos sígnicos, su uso no debe abandonarse (siempre recordando los límites). De ahí que, ante la necesidad de hacer referencia a la globalización, un primer paso podría ser la metáfora de mundialización.

Pero pensar la globalización como fenómeno es, en buena dialéctica, comprender la ley de la existencia de la totalidad del cual es parte. Por eso, su presencia debe asociarse inevitablemente al capitalismo: la globalización es un fenómeno propio de la conformación de un sistema mundial capitalista [SCM] (sus dimensiones, en clave positivista, incluyen las económicas políticas, culturales, etc). Lo que permite, en un segundo momento, plantearla como la interconexión creciente de las regiones del mundo; de lo que deriva, al menos, en dos cuestiones: 1-) la tendencia contraria (regionalización), 2-) la tendencia “creciente” de dicha globalización.

La regionalización vs. globalización es una más de las antinomias que produce el lenguaje, por ende, uno (de los tantos) dilemas de la razón. Al igual que toda antinomia, esta se disuelve en sus lazos.

Para ilustrarlo, plantéese la globalización, no en su versión determinada donde esta es un conjunto de acciones y procesos específicos (dinámicas de inversiones, cadenas de valor, etc) que no son otra cosa que indentidades abstractas, sino como la relación que está detrás. Desde lo aquí planteado se rechaza la globalización como sus formas específicas, para asociarla al hecho de sus regiones estar determinadas (caracterizadas) por estar en relación con otro lado del SCM.

Si ocurre un encadenamiento, por ejemplo, o por el contrario, la deslocalización, ambos tienen sentido (incluso el construir categorías para designarlos) porque se asume previamente un sistema del cual son parte las regiones del mundo. Solo se puede estar conectado con algo cuando se es parte del mismo sistema que ese algo; del mismo modo solo se puede estar “desconectado” respecto a un algo si, de igual manera, se está en relación con él. En pocas palabras, se puede regionalizar cuando se es parte de un sistema articulado, mientras que la economía de determinado conde de la Inglaterra del siglo XII no se puede regionalizar porque ella no tiene respecto a qué aislarse.

También la globalización es, al mismo tiempo, un proceso de regionalización en la medida que siempre va acompañado de determinada forma de regionalización de la economía, y a su vez toda regionalización implica determinados rasgos de la globalización.

Por lo que, bajo el sistema orgánico que es el capitalismo en su conformación mundial, cada una de las identidades específicas que conforman los contrarios a partir de la globalización, coexisten siempre porque cada uno (la dimensión global o la dimensión regional) lleva implícito al otro, ya que no son más que lecturas en planos diferentes del mismo fenómeno (la mundialización de la dinámica mercantil en negación de sí misma).

Entonces, resulta la globalización como una totalidad en la que se traspasan sus dos determinaciones (los contrarios que la conforman).

Lo que está escondido a los ojos del observador, es la existencia de un universo que funciona como totalidad orgánica, y que cualquier resultado específico es parte de ese todo, es respuesta a causas originadas dentro ese todo. Ese es el mundo de la globalización, aquel donde toda reacción, incluso la indiferencia, tiene que pasar por el sistema de relaciones sociales de escala planetaria.

Por otro lado, la tendencia creciente de dicha globalización en realidad suele ser utilizada como la magnitud creciente de la primera identidad abstracta (la globalización), la cual tiene sentido en determinada temporalidad. La prevalencia de una identidad sobre otra dependerá de las articulaciones que se generen entre los diferentes capitales, de los que resulten dominantes de ahí, y de las necesidades de acumulación de dicho capital.

Por último, es necesario aclarar que hablar de ese proceso fuera de los marcos del capitalismo y su gestación, no solo es regresar a enfoques ahistóricos de la relaciones humanas, sino que carece de sentido debido a que no se puede hablar de tendencias mundiales de la economía en escenarios donde no existían ni un sistema mundial económico entendido como totalidad orgánica, ni menos, economías a menor escala que lo fueran.

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