Opinión

Varadero no es un municipio

Por: Elaine Roca

Como sabemos, el apuro, la brevedad y el relato son obstáculos que debe despejar o, mejor dicho, realizar y exponer su sentido, el pensamiento profundo y crítico. Sin embargo, seré breve y anecdótica, como acostumbro, porque al sujeto ―que siempre me anima a escribir y a exponerme a un público difícil-, su cotidianidad le impone premura.

Las anécdotas, como los memes, nos permiten reaccionar rápido ante realidades complejas. Pero si la precocidad puede hacernos cometer disparates, no cabe duda que la lentitud también. En el caso de ser mi texto simple opinión personal, parcializada e inútil, solo haría falta dejarme a mi suerte en el inmenso mar oscuro e intransitable de la opinión pública. 

En principio no hay mucho que decir de Varadero: la meca del turismo cubano, eso dice Ecured, Destino de sol y playa en las vallas de publicidad, Lo que aquí se produce es para el pueblo, otra valla de publicidad.

Por estar Matanzas, provincia a la que geográficamente le corresponde, cerca de la capital, tener su propio aeropuerto y ser de fácil acceso en viajes por carretera, Varadero es casi el principal destino turístico del país para nacionales e internacionales; sobre todo para nacionales en los meses de junio, julio y agosto. 

En la infancia de mi bisabuela, principios de los años 30, Varadero era todavía un pequeñísimo pueblo de pescadores. La abundancia de mangle que atraía mosquitos y su condición de península lo hacían un lugar inhóspito. En ciclones, el mar del norte y el del sur se tocaban, echando por tierra las construcciones de madera. Por eso fue que muchos de sus habitantes se corrieron tierra adentro o simplemente se asentaron desde el principio en lo que hoy son los poblados de Santa Marta, Guásimas, Boca de Camarioca, La Conchita y Cárdenas. Aun así, la península de Varadero continuó siendo, junto a la ciudad de Cárdenas, uno de los centros de concurrencia de la vida en la provincia de Matanzas, por lo disfrutable de las aguas, por la navegación, la pesca y porque ofrecía trabajo a la gente local. En 1860 ya existía el Hotel Torres, primer establecimiento de su tipo.

Hotel Torres. Fuente: Ecured

Con el paso del tiempo dejó de ser un pueblo de pescadores para convertirse, primero en una zona de retiro vacacional algunos meses del año y luego, tras el triunfo revolucionario y la nacionalización de la industria turística, en una zona para explotar el turismo de enero a diciembre; internacional, preferentemente, que es el que aporta divisas.

Y desde que la dirección del país contemplara el turismo como renglón fundamental de la economía, Varadero es esencialmente una zona de hoteles, restaurantes especializados, centros nocturnos y bares, tiendas y centros de buceo. La mayor fuerza laboral de la zona está en función del turismo.

Para la época en que mi madre comenzó a trabajar, los años 90, Varadero ofrecía trabajo a buena parte de los matanceros. Ya no solo a las localidades más cercanas mencionadas, sino a los habitantes de la provincia de Matanzas entera, incluyendo zonas rurales. Fue la época, además, donde se expandieron antiguos centrales hasta convertirse en pueblos que siguen en crecimiento. En medio de las condiciones críticas del Período Especial, personas de otras provincias y sus familias se trasladaron a Matanzas con el deseo de prosperar trabajando en Varadero. Los caseríos crecieron y crecen hasta el día de hoy sin carreteras o con escasez de ellas, sin aceras, sin sistema de alcantarillado o alumbrado público y sin planificación física alguna.

Fue la época además de la penalización del dólar y recordada por los habitantes de la zona por las constantes salidas ilegales del país, la persecución de aquellos que traficaban o poseían divisas y el aumento acelerado de la prostitución.

Desde la fecha hasta la actualidad la cantidad de instancias para el turismo internacional se ha multiplicado en la zona. Así observamos cómo parte de la Reserva Ecológica pasó a convertirse en el hotel El Patriarca, cómo la Casa de Cultura pasó a ser una academia de salsa y bailes populares para extranjeros, cómo desaparecieron los carnavales, los festivales acuáticos, de música y las fiestas populares, cómo el Coppelia fue convertido en nada, luego en Ocio Club (parque tecnológico para niños cuya sola entrada costaba 5 antiguos CUC), cómo el acceso a la playa pasada la calle 62 se fue haciendo cada vez más difícil puesto que formaba parte del territorio de los hoteles y solo podían acceder a ellas quienes estaban hospedados, cómo los parques infantiles de esquina fueron desapareciendo, el museo se dejó destruir y no existe un cine ni un teatro.

El pulmón de Varadero. Fuente: Lookuot

Recientemente la casi totalidad de tiendas, incluso y sobre todo las de alimentos, electrodomésticos y aseo, pasaron a vender en MLC. El último centro comercial que mantiene sus ventas en pesos cubanos espera su feliz apertura a la MLC en fecha tan significativa como el 26 de julio.

Pese a que a la península entran solo 3 ómnibus pequeños de transporte público hasta las 7pm y no recorren todo el territorio de Varadero ni todos los poblados cercanos, los ómnibus para transporte de trabajadores viajan desde un extremo de la ciudad de Matanzas o Cárdenas hasta la misma punta de Varadero y trabajan las 24 horas del día.

En 2010, con la nueva distribución político administrativa, Varadero pasó a ser atendido directamente por el Consejo de Ministros, teniendo en consideración lo importante que es la península para el desarrollo económico de la Isla. Varadero ya no forma parte de la provincia de Matanzas, está allí, la mayoría de los matanceros trabajaban allí, pero Varadero ya no es un municipio, es un territorio especial.

Mi bisabuela acongojada fue a la reunión junto con los vecinos de la zona para exigir como mínimo, explicaciones, pero el buen señor, temblando ante un auditórium enfadado, sacó un papel oficial del bolsillo de su guayabera y dijo que él no había sido citado a esa reunión para hablar sobre la nueva reestructuración.

Año 2021: COVID. Imposible explotar el turismo como se espera. Y una masa gigante de trabajadores interruptos. Pero apenas los ciudadanos rusos comenzaron a vacunarse con la Sputnik, los varaderenses de Cárdenas vieron transitar por sus calles sin protección a aquellos visitantes. Pobladores preocupados llamaron su atención y estos intentaban tranquilizarlos señalando sus brazos y pronunciando: Sputnik. Los matanceros aun no habían comenzado la primera dosis de Abdala, ni siquiera los trabajadores del turismo que fueron de los primeros en recibir el candidato vacunal, junto al personal de la salud.

Apenas se fue acercando el verano, las páginas de agencias turísticas lanzaron ofertas, en pesos cubanos, para disfrutar de vacaciones en los hoteles de Varadero. Las colas para reservar fueron extensas. Pocos lugares son más dados a la transmisión del virus como un hotel. Familias y familias fueron a disfrutar. Todos los días trabajadores del turismo iban y venían, y van y vienen, de sus casas, habitadas por niños y ancianos, al hotel, su centro laboral.

Todavía no superan los 14 días muchos de los trabajadores del turismo que se han vacunado con las tres dosis de Abdala. El presidente pide, por favor, que los matanceros respeten las medidas de distanciamiento. Pero es difícil en un hotel. No solo para quien está disfrutando de sus vacaciones sino y sobre todo para los trabajadores que salen y entran cada día.

Siendo el turismo uno de los principales renglones de la economía, junto a las remesas, que permiten además las compras en el lujoso y costoso balneario, difícilmente pueda detenerse la actividad que provoca casos y casos en tan apremiante situación.

Es una cruel encrucijada. Matanzas, además, como el resto del país, se enfrenta a una crisis intensa de alimentos, productos de aseo, combustible y medicamentos; el personal de la salud y las instalaciones no parecen dar abasto. Los casos de infestados y muertos van en aumento.

La divisa que ha ingresado durante tantos y tantos años Varadero y sus trabajadores al país y, sobre todo, a la provincia de Matanzas, parece que de ninguna forma es ni de cerca suficiente para atravesar semejante situación con mayores glorias y orgullos y menos muertes y dolor. 

Que nos sirva esta amarga experiencia para recordar que Varadero no es, ni puede ser, solo un destino de sol y playa.

Autor

  • Graduada de Filosofía y Ciencias de la Religión. Trabaja en Instituto de Filosofía de Cuba. En La Trinchera no escribe de teoría.

Puede comentar acá

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto:
Ir a la barra de herramientas